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Dietrich + Sternberg

Programa 1: Morocco (1930)

SÁBADO 07 OCT / 17:30h   
FILMOTECA DE CANTABRIA 

Morocco

*La proyección irá precedida de una presentación por Santos Díaz

MOROCCO

Marruecos (título original: Morocco) es una película estadounidense de 1930 dirigida por Josef von Sternberg y con Gary Cooper, Marlene Dietrich y Adolphe Menjou en los papeles principales. Se narra la relación triangular entre Cooper, un legionario francés Dietrich, una artista mundana y Menjou, su protector e incondicional admirador, en plena guerra contra los marroquíes.

En 1992, la película fue considerada «cultural, histórica y estéticamente significativa» por la Biblioteca del Congreso de Estados Unidos y seleccionada para su preservación en el National Film Registry.

Comentario

El director Josef von Sternberg (1894-1969), preparó el guión de la película basándose en la obra Amy Jolly de Benno Vigny. El rol ambiguo de Marlene Dietrich se acentúa cuando ella aparece vestida con un frac durante su actuación, besa descaradamente a una mujer y acaba arrojando una flor a Gary Cooper, quien en una actitud sumisa y de femenina coquetería se la coloca en la oreja .

Entre sus notables contribuciones al cine y creador de un estilo muy personal, Sternberg fue el primer director de alcanzar el pleno dominio y control sobre lo que era esencialmente un nuevo medio: el sonido en las películas. Uno de sus elementos claves era su comprensión del valor del silencio en sí. Quizás por ese motivo, Marruecos contiene escenas largas sostenidas solo por su impresionante belleza visual y escenografía.

Desde las primeras espectaculares tomas de la Legión Extranjera desfilando hasta las escenas finales de Marlene, descalza acompañando al grupo de mujeres que siguen a los legionarios, la película es un impresionante despliegue de imaginación estilística. Este estilo se basa en el movimiento de cámara, efectos delicados de luz y sombra, decoración expresionista, y el buen hacer del reparto: Dietrich, Gary Cooper y Adolphe Menjou, todos con movimientos sutiles de los órganos: ojos, bocas, manos, etc. Por otra parte, la propia naturaleza exótica de los escenarios de la película libera el romanticismo y la exuberancia de Sternberg reforzada por el fabuloso diseño de vestuario de Travis Banton.

Diversas localizaciones en California: las dunas Guadalupe-Nipomo, el condado de Imperial, Palmdale, y los Estudios Paramount sirvieron para recrear Marruecos.

Con este ensueño romántico, Marlene Dietrich hizo su debut triunfal ante el público estadounidense y reveló la personalidad fascinante y despreocupada que definiría su colaboración en Hollywood con el director Josef von Sternberg. Ambientada en el otro extremo del mundo pero rodada en las afueras de Los Ángeles, Marruecos navega por un laberinto de melancolía y deseo mientras la cantante de cabaret Amy Jolly (Dietrich), huyendo de su vida anterior, lleva su actuación a las costas del norte de África, donde se entretiene con las propuestas de un acaudalado hombre de mundo mientras se siente cada vez más atraída por un fornido legionario con su propio pasado sombrío (Gary Cooper). Impulsada por la ardiente química entre sus dos estrellas y filmada con una luz deslumbrante y unas sombras seductoras, Marruecos, que fue nominada al Oscar, es una exploración paralizante de pasiones elementales.

With this romantic reverie, Marlene Dietrich made her triumphant debut before American audiences and unveiled the enthralling, insouciant persona that would define her Hollywood collaboration with director Josef von Sternberg. Set on the far side of the world but shot outside Los Angeles, Morocco navigates a labyrinth of melancholy and desire as the cabaret singer Amy Jolly (Dietrich), fleeing her former life, takes her act to the shores of North Africa, where she entertains the overtures of a wealthy man of the world while finding herself increasingly drawn to a strapping legionnaire with a shadowy past of his own (Gary Cooper). Fueled by the smoldering chemistry between its two stars, and shot in dazzling light and seductive shadow, the Oscar-nominated Morocco is a transfixing exploration of elemental passions.

MOROCCO

Segunda de las siete películas de Marlene dirigidas por Sternberg, pero la que los americanos vieron en primer lugar, antes de El ángel azul. Es la obra maestra absoluta del autor, y casi podría hacer olvidar que Sternberg ha estado siempre un poco sobrevalorado si se considera el conjunto de su obra y el lugar que se le ha concedido -con mucha generosidad- en las historias del cine. El punto fuerte de la película es su laconismo extremo, aristocrático y fascinante. No es que el ritmo del relato sea especialmente vivo, o el guion pobre en peripecias, sino que el autor no habla más que de lo que le interesa de manera más profunda y más esencial de sí mismo. Nada podría desviarlo de su propósito, que versa sobre esa atracción fulgurante que impulsa a un ser hacia otro. Amor loco, pasión, erotismo, qué más da cómo lo llamemos, pero Sternberg, cuando lo entrevistaban, detestaba que se empleara la palabra erotismo en relación con sus películas. Esta relación de amor, de pasión o de erotismo constituye el destino de los personajes y por nada del mundo querrían escapar a él. Aman sus cadenas tanto como su amor mismo. El laconismo de la película hace que Sternberg, barroco por naturaleza y gusto, se convierta aquí en el más estricto de los clásicos. Morocco representa por otra parte la quintaesencia del cine hollywoodiense de antes de la guerra. Las estrellas, es decir, los dioses, consienten en interpretar durante una hora los tormentos y emociones de los mortales. Lo hacen con una elegancia y una despreocupación desengañada, pero también con una intensidad que da la impresión al público -a los mortales- de que es su verdadera vida la que se representa en la pantalla, pero enriquecida con un esplendor, una riqueza de ecos, que la hacen propiamente legendaria y mitológica. Hollywood en esta época rechaza el realismo (como trivial), el color local (como aún más trivial) y prefiere instalar sus historias en el dominio del sueño y en una suerte de realidad transcendente más verdadera que la verdad misma. Así Sternberg se negó obstinadamente a ir a rodar a Marruecos. Notemos en fin que estamos en 1930, que los personajes de las películas hablan desde hace poco tiempo y que, en Morocco, gracias a los diálogos soberbios de Jules Furthman, no dicen más que las cosas más simples y esenciales. Uno de los momentos más bellos del cine es la corta declaración que Adolphe Menjou dirige a los invitados a su comida de anuncio de compromiso cuando Dietrich (su prometida) lo deja para ir a buscar a Cooper y él decide acompañarla en esa busca: “You see, I love her. I’ll do anything to make her happy” (Ya veis, la amo. Haría cualquier cosa para hacerla feliz).

Jacques Lourcelles, Dictionnaire du cinéma. Éditions Robert Laffont, 1992
Traducción de texto: Javier Oliva