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MANIFIESTO UNDERGROUND SOBRE LA CENSURA

Jonas Mekas

Las obras de arte están por encima de la obscenidad y la pornografía —o, más correctamente, por encima de lo que la policía entiende por obscenidad y pornografía. El arte existe en un plano espiritual, estético y moral más elevado. El nuevo realizador americano no cree en las restricciones legales impuestas sobre las obras de arte; no cree en las licencias ni en ninguna forma de censura. Pueden necesitarse licencias para portar armas o perros, pero no para las obras de arte. De igual modo nos negamos a esconder nuestro trabajo en restringidas sociedades cinematográficas, en clubs privados o agrupaciones. Nuestro arte es para todos. Debe estar abierto accesible a todos aquellos que quieran verlo.

Las leyes vigentes están empujando al arte hacia el underground.

Nos negamos a aceptar la autoridad de la policía en lo que se refiere a juzgar lo que es arte y lo que no es arte; lo que es obscenidad y lo que no es obscenidad en el arte. Sobre lo este tema preferimos confiar en D.H. Lawrence o Henry Miller antes que en la policía o en cualquier oficial cívico. Ninguna entidad legal puede hacer las veces de crítico de arte.

Hollywood ha creado en la mente del público la imagen de que el cine es sólo un entretenimiento o un negocio. Lo nosotros decimos es que el cine también es arte. Y los significado y los valores del arte no se deciden en un tribunal o en una prisión.

El arte está relacionado con el espíritu del hombre, con su subconsciente, con sus necesidades estéticas y con todo el pasado y el futuro de su alma. Como cualquier otro arte, como la pintura, la música o la poesía, nuestro arte no requiere de permisos ni censuras. No hay nadie entre nosotros que pueda juzgarlo. Tenemos no solamente el derecho constitucional, sino que, aún más importante, el derecho moral de comunicar nuestra obra a los demás.

Considerar que Flaming Creatures es obscena a causa de unas pocas imágenes extraídas fueras de contexto, y hacer de ello un caso criminal, sin intentar comprender la obra en su totalidad o el verdadero significado de dichos detalles, es ciertamente una forma limitada, cándida y poco inteligente de encarar las cosas.

El detective de la oficina del fiscal de distrito que nos arreo la semana pasada con una copia de Flaming Creatures nos dijo que no estaba interesado en la película como obra de arte; también admitió que no era competente para juzgarla. Dijo que lo hacía estrictamente por "deber": sólo buscaba escenas "objetables" de acuerdo a su interpretación de la ley. Lo que es válido en cuanto al deber de un oda se refiere. ¿Pero qué diablos tiene esto que ver con la verdad o la justicia? El significado y la esencia de un detalle en una obra de arte sólo pueden ser comprendidos en relación al contexto de la obra en su totalidad.

Es nuestro deber como artistas y como seres humanos enseñar a la gente el mejor trabajo de nuestros contemporáneos. Es nuestro deber llamarles la atención sobre la ilegalidad y la ridiculez de las leyes que tratan con las licencias la obscenidad.y la y ocbcenidad. El deber del artista es ignorar las leyes equivocadas y luchar contra ellas en todo momento de su vida. El deber del artista es ignorar las leyes equivocadas y luchar contra ellas en todo momento  de su vida. El deber del ciudadano y del artista es no dejar que la policía abuse de los derechos de la gente, ni de los derechos constitucionales, ni de los tácitos derecho morales.

Decimos que los tribunales, al tomar estas decisiones en sus manos, están abusando de la básica libertad de expresión del hombre tal como se describe en la constitución, y que ha sido conquistado por éste durante los miles de años de su evolución espiritual.

Todas las obras de arte, todas las expresiones del espíritu del hombre deben ser permitidas, deben ser accesibles a los demás.

¿Quién —cuando nuestros mejores artistas, nuestros mejores críticos difieren sobre arte (y yo soy ciertamente más competente en lo que a esto se refiere que cualquier policía o cualquier tribunal)—, quién de entre todos ustedes se atreve a posar como juez de nuestro arte, hasta el extremo de arrastrarlo a las cortes criminales? ¿En qué tiempos vivimos, que las obras de arte son identificadas como un crimen? ¡Qué maravillosa locura!

Marzo de 1964

JonasMekas