
John Cassavetes por él mismo

LOS COMIENZOS
Mi padre llegó a América a la edad de once años. Había nacido en el Pireo, en Grecia, y la primera vez que oyó hablar de América, fue cuando un misionero pasaba por allí diciendo que en ese país existía la fraternidad y que, para quien quisiera trabajar y aprender, el pueblo americano abriría los brazos y el corazón. Mis padres permitieron a sus dos hijos convertirse en individuos. Mi familia era un lugar loco y maravilloso, con un montón de amigos y vecinos que venían a visitarnos, que hablaban fuerte y comían mucho, y donde no se permitía a nadie hacer callar a los niños o cortarles la palabra. Cuando había dinero, íbamos al cine. Cuando faltaba, nos quedábamos sentados a la mesa y se contaban historias...
Creo que he tenido siempre por guía, en primer lugar el inmenso amor que mi madre tenía por la gente, y luego, el increíble encanto intelectual que tenía mi padre. Sublime. Cuando era pequeño, era como todos, quería escaparme todo lo posible y librarme de su influencia y partir, no importa dónde. ¡Pero ellos tenían un coraje inmenso frente a la existencia y eran tan positivos, con tal clase de amor, con tanta lealtad hacia sus amigos y su familia!
En el instituto no me interesaba nada. No quería hacer estudios superiores, porque en los años cincuenta eso servía sólo para obtener un diploma, esos papeles que nos permiten hallar una ocupación al término de los estudios. Permanecí un año en el Mohawk College, en el norte del Estado de Nueva York, y luego en Champlain, otra universidad neoyorkina. No me quise quedar allí. Los cursos tenían lugar en grandes salas de más de doscientas butacas; los profesores gritaban ante los micrófonos, y no me aportaba nada. No me gustaba el ambiente de la universidad, y entonces lo dejé.
Hice un viaje “a dedo” a Florida durante unas semanas, y al volver a casa, caí donde unos amigos, unos tipos muy divertidos: “Eh, John, acabamos de inscribimos en la Academia Americana de Arte Dramático, para convertimos en actores, ¡te das cuenta! Ven con nosotros, ¡está atiborrado de chicas!”. Fui a casa y pedí unos dólares a mis padres para inscribirme en la American Academy. Mi padre—que estaba decepcionado por mi abandono de los estudios— respondió: “al menos es algo, que se convierta en algo”... Hasta ese momento, todo lo que había hecho en la vida, era jugar al baloncesto y salir con chicas.
Subía a escena y gritaba: había dos o tres profesores a los que les encantaba tal cosa: para ellos era dar prueba de mucho entusiasmo. Tal ha sido, durante mucho tiempo, mi única idea sobre actuación, demostrar mucha emoción. Más alto gritaba, mejor me sentía. Por último, descubrí que había algo mejor. Durante un año seguí los cursos de la Academia, y luego salí de gira durante dos años... El miedo es una motivación que hace trabajar muy duro... Pero, como actor, no se consigue la libertad de funcionar como uno quisiera; sé que jamás pude conseguir los diálogos que hubiera querido cuando era dirigido por otro director que no fuera yo. Fue necesario dirigirme a mí mismo para descubrir todo aquello de que era capaz para alcanzar lo máximo, aquello que a la gente le gusta o no le gusta.
Creo que cuando se es joven se debería permanecer en todo aquel lugar donde uno se siente a disgusto y afirmarse allí; porque un día necesitará hacerle frente. Hacedlo mientras seáis jóvenes y no lo lamentaréis.
SOMETER LOS PERSONAJES AL RELATO
La gran diferencia entre Shadows y otras películas es que Shadows emana de los personajes, mientras que en otras películas son los personajes los que emanan del argumento...
Hice Shadows porque como actor no tenía la posibilidad de expresar cualidades propiamente humanas, era necesario siempre expresarlas remitiéndose a las cosas o al relato.
Desde el comienzo tuve como preocupación principal los problemas que los individuos verdaderos tienen que enfrentar, más que la estructura dramática o la sumisión de los personajes al relato... Creo que la mejor contribución de Shadows al cine reside en el hecho de que el público va al cine para ver gente: es con ellos que simpatiza, no con el virtuosismo técnico.
Shadows es una película tremenda porque va mucho más lejos que muchos otros films. Es un film sobre los jóvenes, y sobre los jóvenes se pueden decir cosas más extremas que sobre los viejos, puesto que los jóvenes mismos tienen necesidad de expresarse de una forma extrema; corren continuamente el riesgo de perderse, es decir, de morir. A los jóvenes les gustan o detestan las cosas o las personas sin contemplaciones; no se expresan más que en términos de absoluto. En Faces por el contrario, no ha sido fácil hablar de hombres y de mujeres maduros, que cambian de un minuto a otro en función de su estado de ánimo, de sus recuerdos, de su salud, de lo que les ocurrió diez años atrás, o de lo que les ocurrirá dentro de diez años, cuando mueran. No habría sido capaz de terminar si todos aquellos que han participado en la película no hubieran descubierto algo absolutamente fundamental: ser artista no reside más que en el deseo, la loca voluntad de expresarse completa, absolutamente. El único talento que se me podría admitir, es el de dejarlos expresarse como ellos quieren y no como yo quisiera. Creo que lo que hay de más increíble en el cine, no es la película misma, sino las condiciones de trabajo. No tanto el trabajo que se hace, como los encuentros, las personas con que uno se aboca a la tarea —uno se divierte y sufre con ellos— y es lo que hace que la película sea importante a tus ojos. Shadows será siempre mi película preferida —simplemente porque es el primero y porque todo el mundo era joven, y porque se trataba de algo imposible, y que uno era tan ignorante, y que hemos sobrevivido a todo y a nosotros mismos durante tres años. Cuando hago una película... me intereso más por la gente con la que trabajo que por la puesta en escena. Nunca hubiéramos terminado Faces si todo el mundo hubiera comenzado por interesarse por los problemas de puesta en escena antes que por los problemas humanos. Las películas no son importantes para mí. La gente lo es mucho más. Quienes trabajan conmigo, y yo también, nos hallamos abocados a la búsqueda de una especie de verdad personal, la revelación de aquello que somos verdaderamente, pero sin pretensiones... Es preciso consagrase a lo que se filma, a los personajes que uno ha elegido. Hacer películas es, en efecto el placer en estado puro... Es necesario divertirse y estar despejado... Que te guste tu trabajo y hacerlo en compañía de gente formidable. Esto es lo que me mantiene vivo. No estar sino con aque- llos con quienes uno se siente bien. No aquellos que están de acuerdo contigo, sino aquellos con quienes te hallas a gusto. Sencillamente, es preciso que te guste tu trabajo. Es como cuando uno dice: “Cuando tenga dinero seré feliz” o “cuando tenga ese coche, las cosas van a cambiar”. Nada cambia. Las únicas ocasiones en las que cambian es cuando uno se divierte. Si uno puede trabajar con aquellos que le gustan, divertirse y no hablar más que de lo que se hace. No hablar más que de la película, y aún todavía de la película, y llegar hasta el fondo, y reír, denigrarla, en suma tratarla como a una persona. Porque en el fondo, este vínculo va a durar, ¿cuánto?... dos o tres meses, un año quizá... y luego se lo deja, ¡y se terminó!
LO QUE SIGNIFICA LA INDEPENDENCIA
He prometido que nunca me vería mezclado en una película que no me interesara. Lo único que he aprendido en los Grandes Estudios, es que no se puede satisfacerlos y disfrutar uno al mismo tiempo. No realizaré jamás una película comercial. No se puede hacer pasar a la gente para que se interese en cualquier cosa. Es malsano, insalubre. Si puedo haré películas con no profesionales, gente que pueda permitirse soñar con una recompensa importante diferente a la monetaria, gente con un deseo frenético de participar en un juego creativo sin saber exactamente de qué se trata. Lo que exijo a un equipo es que brinden tanto amor a la película, a la historia, a los actores y tanta inventiva y audacia como les sea humanamente posible. Es lo que he logrado con Shadows y con Faces; gente que no tenía ninguna experiencia técnica se ha abocado, cámara en mano, a ocuparse de los muebles, a participar en las discusiones sobre la escena, en suma a funcionar como un verdadero equipo de cine para la película.
Es este tipo de espíritu el que falta en el cine comercial donde los supervisores quieren controlar la marcha pensando en la próxima inversión, y aceptan la vida marchita que la sociedad organizada les ha reservado... La mitad de los problemas que los cineastas deben afron- tar es que se ven forzados no solamente a adaptarse a los actores, sino también a los técnicos, a la oficina de producción, y a los problemas financieros; en resumen, nunca les queda el tiempo preciso para dedicarlo a los problemas más importantes: a saber, ¿qué es aquello que ellos quieren decir a todo precio?
SE CREA SIEMPRE UN COMPROMISO CUANDO SE TRABAJA EN UN FILM COMERCIAL
Y este compromiso no recae realmente sobre la calidad de la película o la manera de realizarla, sobre la técnica que uno desea, o incluso sobre el contenido; el verdadero compromiso tiene por resultado que uno comienza a desconfiar de sus pensamientos más íntimos. Y si éstos no se vuelcan en la pantalla, no sólo se desprecia al público, sino también al equipo con que se trabaja. Y creo que es por eso por lo que tantos de los que trabajan en ésto son desdichados. Se dicen: “Bueno, voy a llenarme los bolsillos, luego volveré y haré mi película un poco más tarde”. La verdad, seguramente, es que no la harán nunca. Estos pensamientos íntimos forman cada vez menos parte de ellos mismos, y una vez perdidos, no queda ya nada. No digo que lo hagan adrede. Sencillamente, la mayoría no se percata de esta pérdida. Me he encontrado en una situación de la que pude tomar conciencia y de la que he despertado por accidente, por puro accidente, porque no llegaba a adaptarme a lo que fuera en el interior del sistema. No siento mucho respeto por aquellos que intentan hacerse ilusiones. Sin embargo, he sufrido a veces las mismas tentaciones: ser querido, sentirme seguro, ser parte de la sociedad. No tengo ningún deseo de formar parte del sistema, pero ¿cómo hablar de una sociedad de la que no se forma parte? ¿Es que uno se sentiría por encima de ella, tan puro y bueno, que no llegaría a comprender la vida de gente de la que se ignora todo? No creo que sea malsano querer, a veces, formar parte de la sociedad.
A menudo he cedido, he tomado compromisos, preferiría que se me quiera y no tener que litigar. Pero, con seguridad, uno se decepciona más tarde. Dices que no te gusta la película, o que no quieres al director, pero eso no tiene nada que ver. El problema es que no se ha tenido el coraje de expresar lo que uno sabía que debía expresar en el momento preciso.
EL CINE ES SIEMPRE UN MISTERIO, NO UNA ESCAPATORIA
Yo no he decidido ser independiente, pero me gusta ser mi propio jefe. No siento mucho respeto por aquellos que reclaman la libertad sin quererla verdaderamente... Es difícil explicar lo que la “independencia” significa, pero para quienes la disfrutan, el cine es siempre un misterio, no una escapatoria... He conocido muchos cineastas que debutaron con enorme talento, y que luego perdieron los pedales. No digo que se hayan vendido, sino que, de un modo u otro, si se pretende enfrentar al sistema, uno perderá... Ya sea uno arquitecto o pintor, no puedes combatirlo. En mi opinión, si lo haces, es que quieres formar parte de él. Es por ello que es muy importante hacer aquello que se desea, estar lo bastante implicado en el propio trabajo como para consagrarse a él exclusivamente, cualquiera sea el tiempo que ello exija. Es preciso tener una idea exacta de lo que es la puesta en escena de una película, si no, no le sirve a nadie, y menos a uno mismo. Sostengo que la educación artística no puede proceder sino del trabajo con otras personas que, en cierto sentido, están todas ligadas entre sí por la tarea que quieren realizar, por aquello que en lo que quieren convertirse.
MORIR POR LA PELÍCULA
Se tiene cierto deseo de hacer una película; cuando se comienza a ponerlo en forma uno no se traza ningún límite y está verdaderamente dispuesto a morir por la película que prepara. Esto parece completamente loco. Morir por tu país ya no es algo formidable, pero en el cine, cuando no se tienen opciones, es preciso que la película se haga a cualquier precio. Con una actitud así, tomando las cosas de este modo, un hombre puede atravesar la vida empleando lo mejor de sí mismo, y hacer verdaderamente algo de su vida. Todo lo que es preciso saber, para hacer una película, es que no hay que tener miedo de nada ni de nadie... De todas formas, siempre he pensado que es mejor trabajar en el arte que en una fábrica. Los cineastas contemporáneos tienen que encontrar nuevas áreas de conflicto, nuevos tipos de problemas. Los conflictos tradicionales: ricos contra pobres, el bien contra el mal, no reflejan más las mentalidades de hoy. Hemos llegado a una situación compleja en la cual tenemos, en general, lo que queremos: buenos ingresos, una mujer, un techo, el reconocimiento social. El problema puede entonces enunciarse de la siguiente forma: “¿Dónde está el problema?” Las películas tienen que ir más allá del melodrama para explorar esta fuente eterna de problemas y de conflictos menores que forman el tejido de la vida... En Corrientes de amor, por ejemplo, no hay melodrama... simplemente una sinceridad siempre desubicada. Personalmente, jamás he visto a nadie salir de no sé dónde y hacer explotar la cabeza del primer recién llegado. ¿Por qué iba a filmar cosas semejantes? Pero sí he conocido a mucha gente que se destruía en pequeños conflictos. He conocido tipos que de pronto se retiraban de la vida. He visto gente ocultarse detrás de ideas políticas, o debajo de la droga, detrás de la revolución sexual, el fascismo, la hipocresía, y yo mismo he elaborado muchos trucos por el estilo. Puedo pues comprenderlos. Dejo a un individuo expresar una idea individual, un pensamiento o una emoción. Tomo enseguida a otra persona, y la dejo expresar a su vez una idea o una emoción. Eso crea un conflicto. Todo conflicto que nace de una confrontación por el estilo proviene de dos personas que no experimentan lo mismo a propósito de la misma emoción.
Soy un moralista en la medida en que creo que lo esencial de la moral consiste en reconocer la libertad de los otros; ser uno mismo y no juzgar a aquellos que son diferentes de uno. El cine, en mi parecer, es una encuesta sobre lo que ocurre en la cabeza de la gente. Prohíbo por completo juzgar a los personajes de mis películas. Por otra parte, es un imperativo que los personajes no se analicen ni analicen a los otros durante el rodaje. Me cuido muy bien de arrastrar al espectador de la punta de su nariz; prohíbo, en mi obra, imponer una visión moral estereotipada. La cámara busca captar las metamorfosis minúsculas y sutiles del comportamiento humano que hacen de nosotros lo que somos. Prohíbo, como también se lo prohíbo a mis personajes, el abrigo confortable de la psicología, que ésta sirva en términos de motivación o de análisis de los personajes... Es el público quien debe juzgar. Creo en el valor de los deseos secretos. Y creo que estos deseos secretos, ya sean feos o hermosos, nos dicen algo; por lo demás no es lo único que cuenta, ¡por Dios! Y quiero poner esos deseos secretos en la pantalla, para que todos podamos verlos, y pensar, sentir una emoción o maravillamos.
Cuando trabajo en un film, me prohíbo toda opinión: por otro la- do, carezco de ellas. No quiero registrar más que lo que se dice, lo que se hace, interviniendo lo menos posible, o en todo caso, tratando de no filmar nunca desde el interior, si es que puedo expresarme así.
DECIR LA VERDAD COMO LA VERÍA CUALQUIER OTRO
Decir la verdad como se la ve, eso no es necesariamente la verdad. Para mí, decir la verdad como la vería cualquier otro, es mucho más importante, enriquecedor. Es por ello que encuentro geniales ciertos documentales. El de Lionel Rogosin, por ejemplo: En el Bowery. Este tipo es seguramente el más grande documentalista de todos los tiempos. Me encanta también Shirley Clarke. Shirley y Rogosin se interesan verdaderamente en sus personajes, desean realmente descubrir aquello que piensan y que sienten. Hay muchos hipócritas en el cine, pero eso no me importa. Pero nadie es tampoco voluntariamente malo, como en las películas. Yo me intereso en la manera en que las personas se perjudican a sí mismas, pero no la manera en como lo hacen a los demás. En mis películas se quita a los personajes ciertas ilusiones. Se quiebran sus defensas, se los conduce a un cierto grado de revelación, aún ínfimo. Yo no diría que mis películas son de diversión. Más bien tratarían de interrogantes que se plantean todo el tiempo al público: ¿qué siente Ud.?, ¿qué sabe Ud., de verdad? ¿Es usted consciente de ello? ¿Puede asumirlo? Una buena película te planteará cuestiones que nunca antes habías pensado. O si no, si ya habías pensado en ello, te planteará las cosas de un modo como nunca lo habías hecho.
El cine es una encuesta sobre nuestra vida, sobre aquellos que somos. Sobre las responsabilidades que tenemos —si es que las tenemos. Sobre aquello que buscamos: ¿qué problemas tiene usted que yo también podría tener? ¿Sobre qué aspectos de nuestra existencia podríamos saber más?... Yo me valdría de lo que fuera para resolver un problema —llegaría hasta a consagrarle un film.
Trato de hallar una manera positiva de hacer existir el mundo como una familia —constituir una familia, no a partir de nosotros los que nos hallamos detrás de la cámara, ni a partir de los actores, sino a partir de los personajes. Un mundo tal en el que puedan rodar en ciertas calles, o en su casa, y que aprendan a entrar en él. Pero desde el momento en que ya no sepan cómo entrar allí, algo anda mal... Tú, en cierto modo, ya sea que estés borracho, o en ayunas, o no importa cómo, terminas siempre por hallar el camino a casa. Pero puede suceder que uno se ve desviado de su camino. Y cuando no llegas a encontrar el camino a casa, considero que eso vale la pena ser rodado. Porque eso es lo apasionante. La comedia, en mi opinión, es más apasionante que el drama “serio”. Tiene más vida. Más posibilidades. Es sano reírse de alguien. ¿Sabes por qué la gente no se atreve a reírse de los demás? Porque se ha colocado en una posición muy alta y fuerte como para poder hacerlo. No se quieren lo bastante para perder el tiempo en reír, porque cuando se ríen de alguien, saben que se verán obligados a comprenderle. Será preciso pasar un rato con él. Tendrán que comenzar a quererlo. La simple verdad es que nadie puede permitirse reírse de nadie. Es por ello que esos torpes psicólogos nos dicen: “¡No os riáis de él!” ¡Cuando dos adversarios se enfrentan, allí no hay nada que hacer, amigo! ¡Nada de risas! La humanidad ha encontrado por fin el mínimo común denominador. El dinero. Es la más infame, la más baja, la más estúpida de las pequeñas excursiones a la soledad que jamás he visto. Hace siete u ocho años, allá por los sesenta, los jóvenes americanos comenzaron a rebelarse contra eso. Y luego, curiosamente, se ha vuelto a todo aquello y se ha comercializado y utilizado la revuelta como medio de hacer dinero. El mercado de los jóvenes. Los periodistas me han preguntado: “¿Hacia dónde se inclina, hacia el mercado de los jóvenes?” ¡Pero veamos! ¿Por qué no? Se hacen films para los jóvenes porque son los únicos en tener emociones todavía. Es necesario formar parte de la juventud y hacer películas para mantenerse joven. Pero yo no pienso en los jóvenes como un mercado. Pienso que la juventud es la vida. Y la vida son los hombres y las mujeres. La vida no es, digamos, la política. Los políticos no son más que malos actores que se adhieren al poder. Luego del estreno de Minnie, ayer tarde, un tipo me ha preguntado por qué no había hecho un film antibélico. ¿Qué era lo que quería probar haciendo una película sobre personas que se casan, son felices, se aman y todo lo demás? Pero, ¿por qué carajo querría yo hacer un film sobre la guerra? ¿A favor o en contra? Prefiero ocuparme de los sentimientos, del corazón. No tengo más que decir, y jamás haría una película que trate de otra cosa que no sean los hombres y las mujeres. Quiero mostrar en la pantalla la forma en que la gente convive, su manera de querer amarse, de no querer el dinero; ¡eso es todo! Quiero mostrar los riesgos que corren por todo ello.
LA TÉCNICA EN LUGAR DE LOS SENTIMIENTOS
La gente que hace cine en la actualidad se interesa mucho en lo mecánico —la técnica en lugar de los sentimientos. Para mí, la realización no significa, a lo sumo, más que el 8% de la película. La calidad técnica de una película no tiene mucho que ver con su calidad a secas... Es necesario ir más allá de la obsesión técnica y de los ángulos de cámara. Eso es una pérdida de tiempo... Observad lo que hay de más comercial —la publicidad televisiva. Tiene una fotografía magnífica.
¿Por qué perder el tiempo en éso? Éso no tiene nada que ver con la vida. Hoy en día se lo toma como un valor en sí. La fotografía refinada forma parte de nuestra cultura. Lo más horrible que hay en el mundo es poner en escena una película, decidir dónde se ubicará la cámara, analizar los movimientos e instalar la iluminación. Es preciso que el sonido sea bueno y la imagen nítida. Pero esta exigencia profesional nada tiene que ver, para mí con el contenido.
Fue Al Ruban quien fotografió Faces; había contratado a un muy buen operador de cámara. Pero ambos habían comprendido que la belleza de la fotografía no era de una importancia decisiva... El problema era: ¿para qué trabajamos? La respuesta evidente a esta cuestión, era que trabajábamos por aquello. Nuestra preocupación no era embellecer las cosas y los muros. ¡Qué diferencia hay si el fondo es blanco, gris o negro! Estoy seguro que todo el mundo hace caso omiso de ello. Lo que cuenta, es lo que uno piensa, lo que uno siente. Eso es todo el drama... nosotros somos esclavos de los actores. Nuestro papel es el de registrar lo que hacen. Yo ignoro qué es el estilo... El estilo es tener suerte. El estilo es una intención que pega bien con el tema... El principio rector no puede consistir en exhibir un estilo... Es un accidente. Desde luego, es un accidente que no excluye la reflexión. Un accidente es verse buscando dónde hacer transcurrir una fiesta, y encontrarlo. Se sabe de qué se trata y se lo busca hasta encontrarlo. Pero si no lo buscas, ¡eso sí es malo! Dices: “¡No hay tiempo de hacer esto, es necesario hacer aquello! Es la posición correcta, si no lo haces, ¡te perjudicará!” Y aquellos que buscan son justamente los antiprofesionales, los artistas. Yo estoy con ellos, con todos los que más quieren hacer un film con sentimiento, porque el sentimiento es lo más difícil de captar.
LAS REGLAS DE LA SOCIEDAD
La gente actúa según las reglas de la sociedad. Cualquiera sea la sociedad en la cual uno vive, uno debe seguir sus reglas. Trátese de un muchacho o de una chica, de una mujer o de una abuela: ninguna diferencia: allí están las reglas de la sociedad. Nosotros vivimos en una especie de Estado Nazi del que no nos percatamos bajo el pretexto de que somos todos americanos. Pero lo veo. Veo los grupos de hombres, los grupos de mujeres y la república de las naciones, y el hecho de que se está obligado a pertenecer a un grupo o a una comunidad. Veo un país magnífico que es muy capaz de experimentar emociones. Para mí este es el país de Frank Capra y será siempre el país de Capra. De ese modo es como he sido formado. He sido educado creyendo que estaban los ricos y los pobres, los sindicatos y Roosevelt y toda esa gente; nunca me he planteado la cuestión de saber si era el sistema el que no marchaba, yo me atenía a la rapacidad individual y al miedo en los individuos. El miedo de perder posiciones, de ser un individuo, es la que ha podrido tanto a este país. La moral y la religión son formas de estructura. El cuestionamiento también es una forma de estructura. Hay pues una línea... Cuando uno se aparta de esta línea, se oye un pequeño bip. Y uno no sabe por qué, vuelve a ingresar en la fila, pero si no lo hace, habría un bip. Entonces antes de tener que soportar que se os llame al orden, la mayoría vuelve a filas, los que no lo hacen oyen perpetuamente ese bip. Tiene que ser por eso por lo que algunos se drogan. Para abrir, en su espíritu, un lugar donde no haya más bip.
UNA VIDA DESARTICULADA
A comienzos de nuestro matrimonio, hicimos un trato: Gena me combatiría hasta el fin y yo también la combatiría hasta el fin, y este trato siempre se ha respetado. Hemos llevado juntos una vida magnífica, desarticulada, emocionante e indisciplinada. No veo verdaderamente a nadie a quien preferiría maltratar que amar, aparte de mi mujer. Litigamos, nos castigamos y nos matamos todos los días, Gena y yo. Pero esto no es más que superficial, porque ambos comprendemos que, de no hacerlo, lo nuestro se termina. Amo a Gena, porque a ella le encantan algunas de las cosas que a mí me encantan, y porque detesto algunas de las cosas que a ella le encantan. Seguimos aprendiendo a convivir, de modo que yo pueda pisotearla cortésmente, y que ella pueda devolverme la gentileza, y también porque hacemos mucho alboroto, los chicos lo entienden tan bien que nos hemos convertido en una especie de equipo, un grupo feliz donde todo el mundo se divierte. Creo que cuando dos personas no están de acuerdo, han de ir tan lejos como puedan, y eso es lo que hacemos nosotros, Gena y yo.
EL CINE UNDERGROUND
No pertenezco a ninguna tendencia. Nunca formé parte de ninguna escuela, y podría trabajar dondequiera que sea. Las etiquetas vienen después. Si tus películas no tienen ninguna posibilidad de difusión, si tampoco te importa mucho el dinero, te queda el exhibirlas en los cineclubes: se las califica entonces de cine underground. No hay más que individuos. Poco importan los apelativos. Dos películas hechas por dos personas distintas, no se parecerán jamás. Cuando ruedas una película, no formas parte de un movimiento. Quieres hacer una película, tú película, personal e individual, y lo haces con la ayuda de tus amigos. Yo amo mis películas. Poseen todo lo que encuentro en mis hijos. Todo lo que existe en mi familia. Todo lo que hay en mí. Son toda mi vida, mis amigos. Sí, las amo. Y son películas honradas. Que sean buenas o malas, esa es otra historia. Son al menos películas que cuentan lo que yo sé. Si no entiendes nada, pueden volverse fastidiosas, es posible que no te gusten. Pero expresan lo que soy. Seguro que no puedes compararlas con esas películas políticas tan hábiles; por otro lado, detesto las películas políticas; y tampoco las comparo con las pretensiones de las películas artísticas, que también detesto. Son películas normales, directas, sobre cosas que no conocemos. Pero pienso que esas son, más que nada, las cuestiones que la gente no deja de plantearse todo el tiempo.
DIEZ AÑOS EN LA SALA DE MONTAJE
Considero al cine como un arte. Pues nada podría obligarme a trabajar cuatro años en un garaje si no fuera por una obra de arte; un medio de expresión. Y tres años la vez siguiente. Un día, hice cuentas: había pasado diez años en la sala de montaje. Y no lo había hecho para volverme rico, ni célebre y ver mi nombre en los periódicos. Es una manera de expresión. Es necesario admitirlo, bien o mal, soy un artista, y todos mis amigos lo son, quiéranlo o no. Se ven obligados a negarse, en un sistema dictatorial que considera que la palabra arte es una palabra mayor. El artista es verdaderamente una figura mágica: todos quisiéramos ser artistas, tener el coraje de serlo: no tenemos la fuerza, la constancia de ser obsesivos. Hoy, la idea misma de una película se resume en una especie de paquete que contiene toda una vida de emociones e ideas: una cápsula de dos horas, dos horas durante las cuales ciertas imágenes atraviesan la pantalla: y durante esas dos horas lo único que queda por esperar es que el público se olvide de todo y que ese trozo de celuloide cambie la vida. Es, desde luego, una apuesta loca, de una pretensión absurda, y sin embargo, es la esperanza de todo cineasta digno de ese nombre. Ser artista se reduce únicamente a ser un monstruo. Ya no te interesas en la vida, sino simplemente en “otra” vida. Se puede fracasar en el cine porque se carece de talento; o porque no se tiene suficiente humildad; o porque te falta ferocidad. En cuanto a mí, soy un gángster. Si deseo una cosa, la tomo. Debo tener probablemente una filosofía de pobre; es posible que yo sea capaz hasta de robar las monedas que se han puesto sobre los ojos de un muerto. Con la madurez, he tenido más éxito porque me he apartado totalmente de toda ambición personal. A mi edad eso ya no sirve para nada. Pero, pasar buenos momentos, eso es útil. Lo mismo que pasar épocas malas, eso también sirve. De lo que tengo suma necesidad es de hacer algo imborrable. Algo concreto. Si pudiera retomar mi vida artística desde cero no creo que tuviera la misma suerte. Puedo considerar realmente que no he echado a perder mi vida.
ADVERTENCIA A LOS JÓVENES DIRECTORES
Di aquello que eres. No lo que quisieras ser. Tampoco lo que debieras ser. Con lo que eres es suficiente.
UNA MUJER BAJO INFLUENCIA
Con Gena, antes de hacer Una mujer bajo influencia, hemos discutido sobre la dificultad de amar y sobre la ausencia total de interés, el aspecto terriblemente nulo que tendría una historia de amor en 1971. Al escribir el guión, yo no quería que esta historia de amor se dirigiese fácilmente. Este film trata de los problemas muy serios que se plantean a un hombre y a una mujer que se encuentran alienados cada uno en su relación con el otro por influencia del entorno, que ignoran todo de sus problemas, y que están, sin embargo, muy enamorados. Creo verdaderamente que todas las mujeres están locas. Se han vuelto locas a fuerza de actuar en un papel que no logran asumir. Los hombres están locos también, desde luego. La sociedad no les deja nada en común a los hombres y a las mujeres. Es el tema del film... Que muestra verdaderamente, más que ningún otro film que yo haya visto nunca, las verdaderas diferencias entre hombres y mujeres. Todo lo que atañe a nuestras vidas está determinado por la influencia que un sexo adquiere sobre el otro. Seguramente, nos hallamos en plena decadencia y en plena confusión política, pero esto es mucho menos interesante, es más mental, depende más de las informaciones de que se disponga. Las relaciones entre los hombres y las mujeres están fijadas en nuestros instintos, en nuestros cerebros, de forma permanente. El problema principal de Mabel es que ella carece de yo. Ella hace todo lo necesario para complacer a quien sea, pero no a sí misma... Hasta la última escena del film ella se encuentra verdaderamente bajo la influencia de Nick y de su familia. Bajo la influencia de su suegra, del amor por su madre que no la ama, pero que la adora, si usted entiende lo que quiero decir. Bajo la influencia de un padre que la ha desheredado por su casamiento y porque él la ha ofrecido a su yerno... Cuando Nick desea que ella se meta en la cama, ella se dirige al lecho. Cuando él desea que ella se sienta incómoda, ella se pone incómoda. Si él pretende que ella se disculpe, ella se disculpará. Nick trabaja en la construcción, es un tipo que trabaja con sus manos. Es un tipo muy normal, cree en la familia, en el hogar. Su madre tiene verdaderamente una inmensa influencia sobre él. Sus parientes también. Es muy conservador, y de pronto se casa con una chica. Hace frente al único pequeño riesgo de su vida. Ella es un poco extraña. Algo alocada. Lo quiere apasionadamente. Eso le resulta algo molesto. Él tiene dificultad en mostrar sus emociones. No quiere que los demás lo adviertan. No tiene ningún deseo de esta proximidad, de esta relación con el mundo exterior. Necesita distancia también en su vida pública, pero lo único que lo puede hacer descarrilar es esta mujer. He aquí a un hombre que tiene una mujer extraordinaria, que no quiere compartir con nadie, porque ella le enciende la imaginación. Ella representa todo para él, física, espiritual, mentalmente. Pero ella siente vergüenza porque no llega a adaptarse. No podría seducirlo si ella fuera como las demás. No es más que actuando con las otras, entablando una especie de competencia con las otras, que Mabel puede sentirse libre. Estoy seguro que podríamos haber hecho un film exitoso si hubiera descrito la vida de Mabel de un modo mucho más duro: si el film hubiera adoptado posiciones que el espectador hubiera podido tomar. Pero, en este caso, debería mirarme en un espejo y decir: “De acuerdo, se ha logrado crear un nuevo horror”. Nunca conocí a nadie que llevara una vida tan horrible que no pudiera sonreír nunca, que no tuviera tiempo para ser amorosa, para abrir los ojos, para pensar en los pequeños detalles de la existencia. Todo el tiempo sucede algo maravilloso, incluso al nivel de la tragedia, incluso en prisión o en un asilo. Siempre hay una especie de continuidad de la vida, si no la vida sería efectivamente invivible.
NO EXISTE EL “BUEN ACTOR”
No hay un “buen actor”. Lo que existe, en cambio, es una continuación de la vida. La manera en que actúas en la vida es la manera en que actuarás en la pantalla. No creo que haya un misterio del arte dramático: sólo se trata de la expresión, ser capaz de conversar... He hecho muchas películas, como usted sabe. Pero, por lo que respecta al trabajo con los actores, eso es todo de lo que me siento capaz. Cuando un actor trabaja para mí, ya sabe que seré muy atento y que le permitiré actuar en su mejor estilo. Y los errores que cometes en la vida se convierten en el mejor capital de la película. Si puedo convencer a alguien de no lavarse por completo, de no convertirse en alguien que no es, y de no ser alguien distinto del que es en una circunstancia dada... para mí, es a eso a lo que se resume el papel del actor. No creo que sea algo tan difícil. No hay nada peor que las réplicas que van contra nuestra personalidad, que resulta imposible decirlas. O cuando el personaje es inconsistente. O una situación que se vuelve imposible, donde todo el mundo se pone tan agresivo que te cortan todo deseo de actuar. Nosotros somos todos locos. ¡Y creo verdaderamente en lo que digo! El problema sería que no se está nunca lo suficientemente chiflado durante el rodaje. Eso es lo que cojea en ese mundo. Sobre la pantalla todo el mundo es perfecto. Aquí, un imbécil perfecto, allí uno que está perfectamente bien. ¡Eso es una mierda! Trato de estimular a los actores a no mostrarse mejor de lo que son.
Detesto a las “estrellas”, si eso significa que un actor me declare: “Rueda esta escena. Ofrécemela. Y date maña para que sea buena. Veo que tú conmueves al público, y que lo haces reír. Y una vez que lo has atrapado, no lo sueltas, no se te escapa”. Por ejemplo, en Husbands, no permití a ningún actor robar una escena, apropiarse del público para que este sólo lo mirara a él. No he permitido a nadie atrapar al público y llevarlo adonde fuera. Nadie tiene derecho a apropiarse de los espectadores y metérselos en el bolsillo: proceder de ese modo equivale a despreciarlos.
LAS PELÍCULAS ARTÍSTICAS
Cuando me dicen de una película que es una película artística, no quiero ir a verla. En general eso significa que la fotografía es bella y que se han empleado ciertas técnicas, o que se habla de la soledad, una habitación vacía con muy buena iluminación. Y se ve a un tipo que atraviesa la habitación con una música de fondo extraña. No se siente brotar gran cosa de lo más profundo de los seres, o de sus frustraciones... yo dejo las imágenes bellas a Fellini, Bergman y Truffaut. Los admiro, desde luego, pero siento ganas de vomitar cuando un cineasta me dice: “Hoy he logrado un plano magnífico”. Eso no tiene ninguna importancia. Lo que cuenta para mí es que un tipo inculto, como lo soy yo también, pueda ver una película mía y comprender que se ha hecho para él. Me subleva que la gente me diga: “Usted hace películas intelectuales”. No soy un intelectual, mi película preferida es Ángeles con caras sucias. Recuerdo haberla visto cuando era niño: lloré. Era un gran película, muy enigmática. Cagney era condenado a la silla eléctrica y no se sabía si era un cobarde o un héroe. Tener una filosofía es saber amar, saber qué hacer con su amor, y conocer la importancia de las amistades y de la permanencia. Todas las películas que hemos hecho han sido, en cierta medida, la búsqueda de una especie de filosofía al uso de los personajes de la película. Es por eso que tengo verdadera necesidad de que los personajes analicen el amor, lo discutan, lo asesinen, lo destruyan, se hagan daño, lleven una guerra a fondo, en esta polémica de palabras y esta polémica de películas que es la vida. El resto, me importa un bledo.
¡Todo lo que me interesa es el amor! La falta de amor. El fin del amor. Y el dolor que causa la pérdida de las cosas que nos elevan y de las que tenemos realmente necesidad. Corrientes de amor es aún otra película sobre el mismo tema, sobre la búsqueda del Grial.