La experiencia Diagonale
Programa 1: Les belles manières (1978)
VIERNES 14 NOV / 20:00h
FILMOTECA DE CANTABRIA

La historia relatada en «Les Belles Manières» no es un hecho aislado, ni pretende erigirse en fábula ejemplar. Respeta la autonomía y el color particular de cada personaje, al tiempo que rehúye tanto los encantos de lo anecdótico como las trampas de lo naturalista. La única línea sobre la que desarrollé la intriga obedece a un sentimiento que se fue imponiendo a medida que avanzaba el relato. Ese sentimiento puede resumirse en unas cuantas preguntas: ¿cómo son las relaciones que un régimen liberal mantiene con quienes están sometidos a él? ¿Acaso tienen una naturaleza ambigua?
He representado el poder liberal en la figura de una mujer hermosa, encarnada aquí por Hélène Surgère. Su poder reside en la seducción, y no en sus posibilidades represivas, que han quedado invisibles tras la imagen de un encanto constantemente en acción. No sé si esta estrategia del poder es consciente desde el principio. Al no reducirla a un postulado, observo mejor sus diversas manifestaciones: se trata de un poder abierto, no dogmático, que evoluciona con el movimiento general de las costumbres que agitan el aire que respiramos.
Deseo que estas observaciones no se tomen como un manual de uso ni como una advertencia. Es fuera, al margen de estas palabras, donde comienza la película. No busco convencer, sino inquietar. Frente a la modernidad intimidante de una forma fragmentada, prefiero una puesta en escena de contornos simples, que nunca pierda de vista las palabras de Cocteau: «Se cierran los ojos de los muertos con dulzura; con la misma dulzura hay que abrir los ojos de los vivos.»
Jean-Claude GUIGUET
