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Éstas son obras de hombres subterráneos, de hombres que taladran, que socavan y que roen. Quien tenga los ojos acostumbrados a estas actividades subterráneas podrá ver con qué delicada inflexibilidad van avanzando lentamente los autores, sin que parezca afectarles el inconveniente que supone estar largo tiempo privado de aire y de luz. Hasta se podría pensar que les satisface este oscuro trabajo suyo. Cualquiera diría que les guía una determinada fe, que un cierto consuelo les compensa de su dura labor. Pero ¿no será que quieren rodearse de una densa oscuridad que sea suya y nada más que suya, que tratan de adueñarse de cosas incomprensibles, ocultas y enigmáticas, con la conciencia de que de ello surgirá su mañana, su propia redención, su propia aurora? Por supuesto que volverán a la superficie; no les preguntéis qué es lo que buscan allá abajo; ellos mismos os lo dirán cuando vuelvan a ser hombres como ese Trofonio, ese sujeto de aspecto subterráneo. Y es que quienes, como él, han vivido a solas mucho tiempo llevando una existencia de topo, no pueden permanecer en silencio.

(A partir del prefacio a la 2ª ed. de Aurora, 1886. Friedrich Nietzsche)