Cineinfinito #304: Buñuel en México · I

CINEINFINITO / CINE CLUB SANTANDER 
Martes 11 de Abril de 2023, 19:30h. Fundación Caja Cantabria
Calle Tantín, 25
39001 Santander

Programa:

– Él (1953), 35mm, b&n, sonora, 92 min.

*Presentación a cargo de José Luis Torrelavega

Formato de proyección: DCP (copia restaurada)


BUÑUEL MEXICANO

La condescendencia con que se tratan, por lo general, las películas de Buñuel realizadas en México y anteriores a Nazarín (1958) me parece del todo injustificada. La incomprensión que saludó a Ensayo de un Crimen (1955) se trocó en indiferencia con Él (1953) y en simple desprecio hacia Abismos de Pasión (1954), El Gran Calavera (1949) y La Hija del Engaño (1951). Tan sólo Los Olvidados (1950), por abordar un tema “social” con aparente “realismo”, y por el prestigio de que venía precedida, ha sido tratada con un cierto respeto. No se han estrenado ni Gran Casino (1947), Una Mujer sin Amor (1951), Subida al Cielo (1951), El Bruto (1952), La Ilusión viaja en Tranvía (1953), El Río y la Muerte (1954), que no conozco, ni Susana (1950), que pasa por ser “la peor película de Buñuel” —así se anunció en París— y que personalmente considero una de sus obras maestras. Robinsón Crusoe (1952) se estrenó cortada, hacia 1955, y a nadie se le ha ocurrido reponerla. De hecho, es muy improbable que nadie ose acometer tan poco prometedora empresa, ni la no menos arriesgada de importar las aún inéditas en España, a la vista de los pobres resultados que han debido dar todas las ya exhibidas pertenecientes a la etapa “comercial” de Buñuel en México. Hecho particularmente deplorable, a mi modo de ver, por cuanto —a pesar de la falta de libertad, o tal vez precisamente por ello— las que he visto revelan a un Buñuel astuto e ingenioso. Tanto El Gran Calavera como Susana, lo mismo Él que Ensayo de un Crimen —y estoy citando cuatro de las seis películas de Buñuel que más admiro— son películas que subvierten, solapadas y socarronamente, las convenciones rutinarias del cine pseudo-popular mexicano, sea melodrama o drama psicológico el género al que teóricamente pertenezcan, en manos de Buñuel se convierten todas en alucinantes e inquietantes comedias, gracias al empleo, en grandes dosis, de las tres características buñuelianas que considero más personales y atractivas, más ejemplares y profundas: un humor no siempre “negro”, lúcido e irónico, que logra invertir, corrosiva y disimuladamente, el sentido explícito del argumento; una hábil estructuración del relato, basada en la elipsis y, por consiguiente, en el encadenado sorprendente e intencionadamente significativo; una precisa, sencilla aparentemente pero muy expresiva y elaborada planificación, casi invisible, que pone de manifiesto, sin recurrir al énfasis —dejando ver, sin señalar, pero guiando la mirada—, la naturaleza grotesca y perturbada de los personajes. No sé si por autocensura prudente o por imposición de los productores, Buñuel renuncia a su caja de truenos expresionista y extremada, al simbolismo y al surrealismo explícito en los que recae, un tanto caprichosamente, cuando no tiene que rendir cuentas a nadie (al parecer ni a sí mismo, como atestigua el cariz autocomplacientemente juguetón de Le Fantôme de la liberté, 1974), o cuando se cree obligado o es incitado a “dar la campanada” (en sus películas más prestigiosas: Los Olvidados, Nazarín, Viridiana). Incluso en obras tan admirables como El Ángel Exterminador, La Voie lactée, Le Charme discret de la bourgeoisie, coherente y profundamente surrealistas, echo de menos el rigor ejemplar, la soltura clásica y la implacable objetividad afectiva hacia sus personajes que evidencian El Gran Calavera, Susana, Él y Ensayo de un Crimen y, en los últimos tiempos, The Young One (1960) y Tristana (1970).

La facilidad y simplicidad aparentes de estas seis películas de Buñuel son tan grandes que nadie parece prestar atención al hecho de que El Gran Calavera, Él, Ensayo de un Crimen y Tristana tienen una estructura mucho más compleja y misteriosa, aunque resulte perfectamente diáfana y legible, que las más aparatosamente oníricas e insólitas (El Ángel Exterminador, La Voie lactée o El discreto encanto de la burguesía, menos ricas y rigurosas, aunque también muy divertidas). Y eso que parece que, por fin, se empieza a admitir que Buñuel, aun siendo un gran cineasta —como Bergman—, no por ello es un fabricante de “admirables productos culturales” que hay que ver en un respetuoso silencio acomplejado, sino que es el autor de películas divertidísimas. Claro que las más divertidas son las modestas producciones “de serie” mexicanas, que se han estrenado tarde y en desorden y a las que nadie ha prestado atención, ni siquiera ahora, a su paso por la Filmoteca.

Miguel Marías
Dirigido por… nº 45, junio-julio 1977


Él (1953)

Él es una película mexicana de 1953 dirigida por Luis Buñuel. El guion se escribió tomando como base la novela del mismo nombre de la escritora canaria Mercedes Pinto.

Buñuel ya estaba en México cuando rodó esta película, en sólo tres semanas, en 1952. «Quizá es la película donde más he puesto yo, hay algo de mí en el protagonista», son las palabras textuales de Buñuel sobre la película, que calificó como su favorita. Bien sabido es que Buñuel era un hombre muy celoso; incluso Jeanne Rucar, su mujer, lo asegura en su biografía Memorias de una mujer sin piano. La película, basada en una novela de Mercedes Pinto, quien tuvo como esposo a un hombre machista, cuenta la historia de un psicótico paranoide, obsesivo, temeroso de perder a su mujer. A Buñuel, cuando leyó la novela, le fascinó el personaje de Francisco. Según sus propias palabras, «lo estudió como a un insecto». Jacques Lacan, psicoanalista y amigo de Buñuel, expuso Él a sus alumnos como claro ejemplo de la paranoia.

En esta película, Buñuel demuestra sus obsesiones más evidentes como son la religión, escenas de campanarios e iglesias, o su gusto por la entomología, cuando Francisco compara a las personas con gusanos y exclama: «Me gustaría ser Dios para aplastarlos». Y sobre todo, la obra desprende un gran fetichismo, como los planos de los zapatos de Gloria (Delia Garcés), son más que evidentes. Otra obsesión de Buñuel es, por ejemplo, la escena en la cual Francisco entra en el dormitorio de Gloria con una cuerda, una aguja, hilo y una hoja de afeitar, lo que pretende Francisco es coserle la vagina para comprobar que le es fiel. En la película Buñuel no olvida su legado surrealista y es el propio delirio de Francisco (sobre todo en la última escena) el surrealismo de la película.

También el protagonista tiene una estrecha amistad con el criado, hay que recordar que cuando el criado juguetea con la nueva criada, a quien despide es a ella y no a él. A Arturo de Córdova no le gustaba la idea de ir al cuarto del criado cuando éste estaba en calzoncillos, pensaba que el personaje parecería homosexual.

En la película, Buñuel hace numerosos movimientos de cámara en espacios muy cerrados: la casa, el compartimento del tren, la iglesia, el monasterio, dando una sensación agobiante. Los escenarios, hechos por Edward Fitzgerald se rodaron todos en un estudio, exceptuando algunas escenas que se filmaron en exteriores.

Cuando se estrenó la película, fue un fracaso total; el público se reía. “Si duró tres semanas en la sala, se debió al nombre de Arturo de Córdova, que ocupaba mucho cartel” según las palabras del propio Buñuel. A pesar del fracaso que tuvo en su momento, la película Él es considerada como una de las obras maestras de Luis Buñuel.