John Alton: Painting with Light

Hollow Triumph (1948)

JUEVES 02 DIC / 17:00h
CINE LOS ANGELES - SANTANDER

Director: Steve Sekely (y Paul Henreid, no acreditado)
Fotografía: John Alton (B&N, 35mm, 1:1,37)
Guión: Daniel Fuchs. Novela: Murray Forbes
Dirección artística: Edward L. Ilou, Frank Durlauf
Montaje: Fred Allen
Música: Sol Kaplan
Reparto: Paul Henreid, Joan Bennett, Eduard Franz, Leslie Brooks, John Qualen, Mabel Paige, Herbert Rudley, Charles Arnt
Productora: Bryan Foy Productions (EE.UU.)
Distribuidora: Eagle-Lion Films
Duración: 83 min.
Formato de proyección: DCP

Hollow Triumph

Redondeó este año extraordinario Hollow Triumph, luego retitulada como The Scar. El guion de Daniel Fuchs se basaba en un antiguo estudiante de medicina de los bajos fondos que comete asesinatos y asume la identidad de un psiquiatra para quitarse de encima sus deudas de juego, y el director original era Steve Sekely, un compatriota al que Alton había conocido en Europa años atrás y que hizo algunas películas de interés efímero. Pero en algún momento en medio del rodaje, nadie pensaba que los resultados fueran a estar a la altura de las expectativas, así que, como explicó en sus memorias Paul Henreid, el productor-estrella asumió la dirección. En cualquier caso, Alton añadió imágenes prototípicas para el canon noir, incluyendo una escena en una habitación de hotel entre Henreid y su hermano, hábilmente contrastada, y una persecución a pie a través del centro de Los Angeles que termina en el desaparecido tranvía Angel’s Flight, uno de los iconos del paisaje urbano de la ficción hard-boiled.

Todd McCarthyA través de un objetivo, oscuramente: la vida y las películas de John Alton

John Alton. Painting With Light

“El blanco y el negro son colores”, decía John Alton, y ningún otro director de fotografía en la historia del cine ha explorado con mayor profundidad el valor de estos colores, o la esencia del violento contraste entre ellos, como John Alton. “Veo más en la oscuridad que en el color”, afirmó, “puedo ver en la oscuridad”. Su extraordinario talento reside en el modo en que consiguió que el público pudiera hacer lo mismo.

Al mismo tiempo, Alton mostró una extraordinaria capacidad ‒deliberada o no‒ para envolver su carrera en misterio. Fue la Greta Garbo de los operadores de Hollywood, un austrohúngaro casi tan ilustre en su campo como la gran sueca lo fue en el suyo y, a medida que pasaban los años, se fue haciendo quizás más misterioso y esquivo. Después de que abandonara abruptamente la industria en 1960 cuando tenía 59 años, se rumoreó que había dejado el cine para pintar, y que estaba viviendo en Suiza, Patagonia e incluso en Hollywood. Él rechazó todas las peticiones de entrevistas y las invitaciones a festivales de cine. Se trasmitió la imagen de un feroz purista del arte que no toleraba intrusiones en su privacidad o en la santidad de su visión.

En realidad, Alton es sin duda un purista artístico, pero su ferocidad se limita a la firmeza con que expresa sus ideales y opiniones. Incluso a los 92 años seguía siendo un centroeuropeo encantador y bon vivant, como demostró desde que, en 1993, volvió a aparecer ante el público en festivales de cine y proyecciones especiales. Este proceso de volver a entrar en conexión con los cinéfilos prosigue hoy con la reimpresión, que tanto se ha hecho esperar, de su libro clásico de 1949 Painting With Light (Pintar con luz) , el primer libro sobre el arte de la fotografía de cine escrito por uno de los principales operadores de Hollywood. (…)

Durante muchos años, Alton fue una de las obsesiones privadas de un puñado de entusiastas del cine y críticos; los que conocían su nombre y podían citar unas pocas de sus películas pertenecían a una especie de sociedad secreta, un círculo sombrío en el centro de la ya exclusiva camarilla de especialistas en el film noir. Sin embargo, con el paso del tiempo, películas como T-Men, Raw Deal, He Walked by Night, Border Incident y The Big Combo fueron alcanzando una repercusión más amplia, y su impresionante estilo empezó a influir en cineastas contemporáneos. El reconocimiento empezó con el culto en torno a Anthony Mann y Joseph H. Lewis, pero al final quedó claro que las restantes películas de estos directores no eran como estas; que la esencia, y el máximo ejemplo, del estilo del film noir fueron creados, y esto tiene una cierta lógica, por un fotógrafo, y no por un director.

El film noir ha sido objeto de mucho estudio académico, en un intento de definirlo, describir sus parámetros, y explicarlo sociológica, histórica y artísticamente. Pero no importa a quién se atribuya haber dado el tono al noir ­‒los escritores hard-boiled como Chandler, Cain y Hammett; directores de mentalidad expresionista, principalmente emigrantes germánicos, como Lang, Wilder, Siodmak y Preminger; ejecutivos centrados en el negocio y productores que buscaban materiales duros y de actualidad que pudieran filmarse de forma barata; o los políticos de la posguerra, la era del terror rojo que contribuyó a generar un clima cultural paranoico‒, no hay duda de que John Alton impulsó al film noir hasta sus más fascinantes extremos visuales. En el periodo decisivo del noir, aproximadamente 1946-1951, no había negros más negros, sombras más largas, contrastes más fuertes o enfoques con mayor profundidad de campo que los de Alton. Al fabricar el mundo nocturno habitado por los personajes desesperados del noir, Alton mantuvo siempre una calidad constante y llena de imaginación para forjar su firma, iluminando escenas con simples lámparas, rayos de luz oblicuos y fragmentados, estanques de luz, todo ello rodeado por intensas tinieblas en las que podía supurar y multiplicarse la fuente de todo temor. Las películas de Alton están llenas paradójicamente de asesinatos violentos y carecen en cierto sentido de acción en movimiento, en gran medida porque su estilo de esculpir la luz requería una coreografía de planos diferente, y más estática, de lo que prescribía la norma. Con mucha frecuencia, el objeto más brillante del encuadre está situado a la máxima distancia posible de la cámara, para dirigir la atención del espectador; con frecuencia, la luz apenas consigue alcanzar el ala de un sombrero, el borde de una pistola, el humo de un cigarro. Los rostros de los actores, que normalmente son objeto de la mayor atención por parte de cualquier operador, resultaban a menudo invisibles o envueltos en las sombras, con personajes como los de T-Men o, quizá de forma más memorable, The Big Combo, que representan sus destinos silueteados contra un fondo ardientemente vacío, imperturbable. De pocos estilos fotográficos, si es que hay alguno más, se puede decir que expresan una filosofía, una visión del mundo; el de Alton representa el más puro equivalente visual del existencialismo fatalista que se haya visto nunca en el cine.

Todd McCarthyA través de un objetivo, oscuramente: la vida y las películas de John Alton
(introducción a John Alton: Paintint With Light).

Traducción de textos: Javier Oliva