Cineinfinito #16: David Brooks

CINEINFINITO / Cine Club Filmoteca de Cantabria
Sábado 6 de Mayo de 2017, 17:45h, Filmoteca de Cantabria
Calle Bonifaz, 6
39003 Santander

Programa:

Winter (1966) 16mm/ sound / colour / 16:05
The Wind is Driving Him Toward the Open Sea (1968) 16mm/ sound / colour / 52:00

Formato de proyección: HD/2k (Nuevo transfer digital realizado en primicia para esta sesión)

Agradecimiento especial a MM Serra y a Filmmakers Coop. 


20 de marzo de 1969 POR QUÉ ESTOY ESCRIBIENDO ESTE ARTÍCULO

El establecimiento de la Cinemateca de Cooperativa de Realizadores en la Galería de Arte Moderno –nuestro nuevo exilio– me ha obligado a saltarme algunos artículos. Ahora no sé por dónde empezar. La muerte inesperada de David Brooks nos devolvió por un momento a la realidad. Dejamos de correr, nos detuvimos a pensar en nuestro propio destino, en nuestro propio trabajo. Primero Maya Deren, luego Ron Rice y ahora David Brooks; todas ellas muertes jóvenes, sin sentido, todas parte de la historia, ahora, en la que debemos continuar. Empecé a escribir este artículo y encontré que no tenía mucho sentido. Quería dejar de escribirlo. Pero luego pensé: miles de artículos en miles de periódicos son utilizados para promover la estupidez y la vulgaridad del mal cine. Mientras que yo tenga la oportunidad, en este pequeño espacio, de llamar la atención de la gente sobre ciertas creaciones del hombre que están intentando alcanzar la luz, debo hacer uso de él. De manera que aquí estoy otra vez, delante de la máquina, escribiendo con un toque de dramatismo, pensando: es algo casi maligno que nuestros críticos cinematográficos, bajo su actual forma de proceder, se ocupen solamente del cine comercial. Se llaman a sí mismos críticos de cine, pero no son otra cosa que esclavos del dinero. Qué malignidad la de nuestros editores, la de nuestra presa cotidiana y la de nuestras revistas semanales, al llevar a la atención del público y brindar espacio (porque la crítica es esencialmente eso) solamente a aquellas películas que han estado en cartelera por una larga temporada, sin que importe qué tal malas o estúpidas sena, e ignorar, mantener al margen de la atención pública todos los bellos trabajos que sólo pueden permitirse una función en la Cinemateca o en el Museo de Arte Moderno. Un gran número de bajo presupuesto se estrenan en Nueva York cada semana, muchas más que las de alto presupuesto, y nadie lo sabe. ¿Es pedir mucho de la prensa que informe al público sobre “todas” las películas que se estrenan en Nueva York? Estos estrenos no son un secreto, la prensa los conoce. ¿Reseñaron la prensa y los críticos de cine la serie de películas holandesas que se exhibieron en el Museo de arte Moderno? ¿O la serie de películas canadienses? Reseñaron todas las estúpidas películas comerciales que se estrenaron esa semana, pero guardaron silencio sobre las películas interesantes. Y se atreven a llamarse a sí mismos críticos de cine, la Asociación Nacional de Críticos Cinematográficos o nombres parecidos. Acuso a todos nuestros críticos de cine, acuso a Time, Newsweek, Variety, The New York Times y Post, y a todos nuestros periódicos y revistas (incluyendo a la mayor parte de la prensa underground) de cometer un imperdonable crimen cultural al reseñar solamente películas comerciales, solamente películas que permanecen largo tiempo en cartelera, al ignorar acontecimientos cinematográficos únicos. Y no lo hago porque me interese saber lo que sus galimatías dirán sobre Brakhage o Baillie o el underground de Chicago; lo hago porque estoy luchando por espacios espacio y por una igualdad de derechos para la creación estética del hombre. Estas películas deberían ser comentadas, deberían ser expuestas a la atención del público, el público debe saber que existen. El público tiene derecho a saber que tiene una elección. El sistema actual es maligno. Es maligno todo aquello que impide que el hombre pueda elegir, saber que existe una mayor variedad de experiencia cinematográficas. Nuestros críticos de cine restringen las sensibilidades de la humanidad.

Opino que es un desprecio cultural, estético y humano, y también un crimen por parte de nuestra prensa el hecho de que nadie sepa que durante las tres últimas semanas Tom Tom, the Piper’s Son (1969) de Ken Jacobs fue exhibida. The Horseman, The Woman, and The Moth (1968) y Lovemaking (1968), de Brakhage, fueron exigidas; Quixote (1965), de Bruce Baillie, The Great Blondino (1967), de Robert Nelson, también. Nuestra prensa no tenía excusa ni derecho de ignorarlo, de ocultar a la gente estos sublimes, magníficos trabajos, cuando dedicaron todo su espacio a las vulgaridades cinematográficas que se han estrenado durante las últimas tres semanas. Tres, cuatro obras cinematográficas de gran belleza pasaron inadvertidas, ¡y se llaman a sí mismos la prensa, la notica! O los editores nombran críticos (tienen que nombrar gente que esté calificada para ello) que cubran “todos” los estrenos cinematográficos de Neva York –ya sean películas de larga permanencia en cartel o exhibiciones únicas–, o cierra sus periódicos y se van a su casa. O quizá sea ya tiempo para nuestra revolución cultural. Las demostraciones, las huelgas, los estudiantes, el público debería tomar por asalto el edificio del Time-Life, el edificio del New York Time y exigir una completa modificación de la prensa cultural, de sus procedimientos y de sus personal. Porque lo que digo con respecto al cine es, en realidad, aplicable a todas las artes: a las música, al ballet y al teatro. Todavía me hierve la sangre cuando pienso en los abominables artículos que Barnes escribió en el Time sobre la serie Dance 69, en lo que hizo con ella. ¿Qué san este hombre sobre el ballet moderno? ¿Cómo permiten esto periódicos que hombre enmohecidos escriban sobre arte moderno?

Me indigna ver que artistas como Maya Deren, Ron Rice y ahora David Brooks crean, trabajan y consumen su vida, mueren jóvenes intentando crear más belleza en este mundo y hacer que la vida del ser humano sea más soportable, mientras que todos nuestros medios de comunicación e información conspiran para ocultarlo, para mantenerlo alejado del conocimiento y del alma de la humanidad. Sí, sí, nuestra prensa es maligna y estúpida. –Jonas Mekas. Diario de Cine. El nacimiento de nuevo cine norteamericano. (pág. 396- 398)


Winter (1966)

Lugares: Nantucket, Kazakhstan, Grant’s Nepal, Colorado, Mt. Kearsange, Iowa, 7th Street. Puerta noche dorada árboles fuego goteo lluvia azul caballo río nieve aves verde bosque montaña oscuro habitación niebla coche árboles ventana patos volando. Armonías: Raga Palas Kafi, Grant’s, Slug’s, Bo Diddley, Jimmy Reed, Raga Rageshri, el viento, Chuck Berry, Marvin Gaye, the Beatles, Piatniksky Chorus. –DB

Locales: Nantucket, Kazakhstan, Grant’s Nepal, Colorado, Mt. Kearsange, Iowa, 7th Street. Door golden night room trees fire drip rain blue horse river snow birds green mountain forest dark room mist car trees window ducks are flying. Overtones: Raga Palas Kafi, Grant’s, Slug’s, Bo Diddley, Jimmy Reed, Raga Rageshri, the wind, Chuck Berry, Marvin Gaye, the Beatles, Piatniksky Chorus. –DB


The Wind Is Driving Him Towards the Open Sea (1968)

No vista desde hace décadas, esta obra de David Brooks fechada en 1968, lírico intento de comprender tanto las pequeñas bellezas del mundo como las grandes decepciones, es una creación a la vez expansiva, estimulante y melancólica. Yendo de la ciudad (Nueva York) al campo (Nueva Inglaterra), el autor muestra a gente tumbada sobre la hierba o hablando de filosofía durante una rojiza puesta de sol, mientras la cámara hace panorámicas o zooms como poseída por un exceso de energía encaminada a encontrar respuestas. El diálogo sobre un artista alcohólico sugiere una nota de fracaso, lo que hace que todo lo visto parezca más precioso y fugaz. Brooks murió en un accidente de coche cuando tenía 24 años, un año después de filmar esta película. –Fred Camper

Unseen for decades, David Brooks’s sprawling, lyrical 1968 attempt to come to terms with the world’s small beauties and large disappointments is at once exhilarating and melancholy. Shifting between the city (New York) and the countryside (New England), he shows people making out in the grass or talking philosophy during an overly red sunset, his camera shaking, panning, and zooming as if possessed by too much energy for its desperate quest to end. Dialogue about an alcoholic artist injects a note of failure, making the sights we see seem more precious and fleeting. Brooks died in a one-car crash when he was 24, the year after this film was made. –Fred Camper

3 de diciembre: El Museo de Arte Moderno, como parte de sus series mensuales de los martes, presentó la nueva película de David Brooks, The Wind id Driving Him Toward the Open Sea (1968). La película es tan poética como su título. Encuentro que es una de las películas no-narrativas más interesantes que han aparecido este año. Lo que es interesante, al menos para mí, es que David Brooks logra reunir en él una serie de técnicas diferentes que hasta ahora sólo habían sido utilizadas en el cine poético no- narrativo, técnicas como las del fotograma único, el movimiento de cámaras libre e impresionista, la falta casi total de argumento, etcétera. Otra cosa que me gusta en The Wind es la fascinante melancolía que lo rodea. Es una narración de ambientes, de reflexiones, de cosas perdidas, como las hojas en otoño –no hay tragedia, en realidad, sino sólo una atmósfera de melancolía, de tristeza; de amigos, maneras de vivir, culturas desaparecidas, de épocas que vienen y se van; estas son sólo algunas de las notas que pulsa la película. ¿Romanticismo? Quizás. –Jonas Mekas

Decembre 3: Museum of Modern Art, as part of their monthly Tuesday Series, presented David Brooks’ new film, The Wind id Driving Him Toward the Open Sea. The film is as petic as its title. I find it one of the most interesting narrative films that have come out this year. What’s interesting about it, at least to me, is that David Brooks manages to fuse in it a number of different techniques which till now have been used only in nonarrative, poetic films –techniques such as single frame, free, impressionistic camera movement, almost total plotlessness, etc. The other thing that I like about The Wind is a fascinating melancholy that surrounds it. It’s a narrative of moods, of reflection, of things lost, gone, like autumn leaves –no tragedy, really, only a mood of melancholy, of sadness– of friends, of ways of life, of cultures gone, of ages coming and going these are just some of the notes that the film strikes. Romanticism? Perhaps. –Jonas Mekas