Cineinfinito #18: Edward Owens

CINEINFINITO / Cine Club Filmoteca de Cantabria
Jueves 27 de Julio de 2017, 16:30h, Filmoteca de Cantabria
Calle Bonifaz, 6
39003 Santander

cineinfinito

Programa:

Private Imaginings and Narrative Facts (1966) 16mm /color / 9 min
Remembrance: A Portrait Study (1967) 16mm / color / 6 mins
Tomorrow’s Promise (1967) 16mm / color / 45 min

Formato de proyección: 2K (Nuevo transfer digital realizado en primicia para esta sesión)

(Agradecimiento especial a Filmmaker’s Coop NY)


“Hay que dejar de lado resueltamente el hecho de que el artista tiene dieciocho años, el hecho de que es negro; ambas cosas no son extraordinarias en sí mismas; lo que siempre es extraordinario es tener un don.” –Charles Boultenhouse

A mediados de los años sesenta, Edward Owens era un adolescente afroamericano que asistía al Art Institute de Chicago cuando Gregory Markopoulos llegó para crear el programa de cine de la escuela. Owens, que estudiaba entonces pintura y escultura, ya llevaba haciendo películas de 8 mm desde hacía algunos años; impresionado por la madurez de su trabajo, Markopoulos le animó a mudarse a Nueva York. Owens llegó a Manhattan en 1966 con Markopoulos, que rápidamente lo introdujo en el mundo de la cultura de las clases marginales de la ciudad, presentándolo a figuras como Andy Warhol, Gerard Malanga, Marie Menken, Gregory Battcock y el cineasta poeta Charles Boultenhouse. Pronto, Owens inició una relación con Boultenhouse, y se trasladó al apartamento del West Village donde Boultenhouse ya vivía con quien era su amante desde hacía muchas décadas, el legendario crítico Parker Tyler, quien aceptó el arreglo.

Durante los próximos cuatro años, Owens creó un grupo de películas que muestran un creciente dominio de la forma, inspirado en el estilo de Markopoulos pero transformado en algo suyo. “Con cada lucha subsiguiente para completar una película nos dejará sin aliento con anticipación para su próximo trabajo”, señaló Markopoulos en esa época. El mediometraje Tomorrow’s Promise, de Owens, muestra la particular influencia de Twice a Man de su mentor, contando la historia elíptica de un amor roto entre un hombre y una mujer a través de montajes estroboscópicas, imágenes en capas y desnudos dramáticamente iluminados. La sofisticación de la película es aún más impresionante cuando se considera que Owens tenía sólo dieciocho años cuando la hizo. El rollo que se conserva de Tomorrow’s Promise todavía lleva las marcas de montaje del cineasta, como si fuera una obra no terminada, aunque esta es la versión puesta en circulación por Owens, y probablemente proyectada en la Cuarta Exposición Internacional de Cine en Knokke-le-Zoute, Bélgica en 1968. Incluso Tyler, que durante la década de 1960 era muy crítico con muchos nuevos cineastas, otorgó a Owens irascibles elogios por la película, escribiendo que Tomorrow’s Promise cargaba con “una calidad tan pictóricamente emocionante que lo siguiente que debe hacer es escuchar mi consejo”.

Pero el verdadero avance en el trabajo de Owens se puede ver en sus siguientes dos películas, Remembrance: A Portrait Study y Private Imaginings and Narrative Facts. Ambas se filmaron en Chicago, e incluían su formidable repertorio de técnicas para lidiar con temas de no ficción: su propia familia y su círculo. Remembrance representa a su madre, Mildered Owens, y a sus amigos Irene Collins y Nettie Thomas. Se muestra a las mujeres bebiendo, fumando, y pasando el rato, con sus caras iluminadas como pinturas del siglo XVII, con una banda sonora de canciones pop. Tyler hizo ver sus logros enumerando Remenbrance entre las obras claves de la vanguardia en su emblemático estudio Underground Film: A Critical History. Originalmente titulado Mildered Owens: Toward Fiction, el dolorosamente silencioso Private Imaginings and Narrative Facts se centra más directamente en su madre, estableciendo su representación real en medio de delicados pulsos de montaje y superposiciones oblicuas, evocando la brecha entre las realidades de la vida y lo deseos de remotos lujos y refinamientos.

La carrera cinematográfica de Owens terminó trágicamente cuando sólo tenía veinte años. Por su propia cuenta, su adicción a las drogas y un trastorno bipolar aún no diagnosticado comenzaron a pasarle peaje. Después de un intento de suicidio en un hotel, Owens dejó Nueva York en 1971 para regresar a Chicago, donde acabó su carrera universitaria, pero nunca completó otra película, viviendo el resto de su vida en el lado sur, donde fue criado.

Sólo he llegado a descubrir Private Imaginings and Narrative Facts en 2009, leyendo su descripción en el catálogo de la Film-makers’ Co-op. Había poca información archivada sobre su creador, y supuse que era muy posible que hubiera muerto. Pero entonces me di cuenta de que había hecho la película cuando era muy joven, y decidí buscar su número de teléfono, preguntándome si todavía podría estar vivo en su Chicago natal. Uno de los números dio resultado, y durante varias llamadas telefónicas, entrevisté a Edward durante muchas horas. Fue a partir de estas discusiones que surgieron numerosos detalles biográficos. Estaba encantado de que alguien hubiera visto y le hubiera entusiasmado su película después de tantos años, incluso había olvidado que la copia estaba en la Co-Op. Sus conversaciones estaban repletas de humor picante y de chismorreos explícitos, pero también oí la voz de un hombre mucho mayor, aludiendo vagamente a problemas médicos y hablando de sueños que nunca habían sucedido. Los hechos narrativos de la existencia cotidiana habían sobrepasado desde hacía mucho tiempo a las imaginaciones privadas de su juventud. Sólo unos meses después de contactar con él por primera vez, Edward falleció, con poco más de 60 años.

Los registros de distribución de Owens señalan que Jonas Mekas planeó una proyección individual de su trabajo en la Film-Maker’s Cinematheque en 1968. Por lo que sabemos, el evento de esta noche es la primera exposición individual de su obra desde los años sesenta. –Ed Halter

“One must resolutely set to one side that the artist is eighteen years old, that he is a Negro; it is not in itself extraordinary to be either; it is always extraordinary to be gifted.” – Charles Boultenhouse

In the mid 1960s, Edward Owens was an African-American teenager attending the Art Institute of Chicago when Gregory Markopoulos arrived to found the school’s film program. Owens, who was then studying painting and sculpture, had already been making 8mm movies for a few years; impressed by the maturity of his work, Markopoulos encouraged him to move to New York. Owens arrived in Manhattan in 1966 with Markopoulos, who quickly ushered him into the world of the city’s cultured demimonde, introducing him to figures like Andy Warhol, Gerard Malanga, Marie Menken, Gregory Battcock, and filmmaker-poet Charles Boultenhouse. Soon, Owens became romantically involved with Boultenhouse, and moved into the West Village apartment where Boultenhouse already lived with his lover of many decades, the legendary critic Parker Tyler, who accepted the arrangement.

Over the next four years, Owens created a cluster of films that display an increasing mastery of form, inspired by Markopoulos’s style but transformed into something purely his own. ‘With each subsequent struggle to complete a film he will leave us breathless with anticipation for his next work,’ Markopoulos remarked around this time. Owens’s featurette Tomorrow’s Promise shows the particular influence of his mentor’s Twice a Man, telling the elliptical tale of a broken romance between a man and a woman through strobing edits, layered images, and dramatically lit nudes. The sophistication of the film is all the more impressive when one considers that Owens was only eighteen years old when he made it. The extant reel of Tomorrow’s Promise still bears the filmmaker’s editing marks, as if a work in progress, though this is the version placed in distribution by Owens, and likely screened at the Fourth International Film Exhibition at Knokke-le-Zoute, Belgium in 1968. Even Tyler, who by the 1960s was highly critical of many new filmmakers, granted Owens curmudgeonly praise for the film, writing that Tomorrow’s Promise bore “a quality so pictorially exciting that the next thing he must do is listen to my advice.”

But the true breakthrough in Owens’s work can be seen in his following two films, Remembrance: A Portrait Study and Private Imaginings and Narrative Facts. Both were shot in Chicago, and bring his formidable repertoire of techniques to bear upon nonfictional subject matter: his own family and their circle. Remembrance pictures his mother, Mildered Owens, and her friends Irene Collins and Nettie Thomas. The women are shown drinking, smoking, and hanging out, their faces lit like 17th-century paintings, set to a soundtrack of pop songs. Tyler noted its achievements by listing Remembrance among the key works of the avant-garde in his landmark study Underground Film: A Critical History. Originally titled Mildered Owens: Toward Fiction, the achingly silent Private Imaginings and Narrative Facts focuses more directly on his mother, setting her regal depiction amidst delicate pulses of editing and oblique superimpositions, evoking the gap between the homebound realities of life and desires for far- off luxury and refinement.

Owens’s filmmaking career tragically ended when he was only twenty years old. By his own account, his addiction to drugs and an as-yet-undiagnosed bipolar disorder began to take their toll. After a near suicide attempt at a hotel, Owens left New York in 1971 to return to Chicago, where he finished his college degree but never completed another film, living the rest of his life out on the South Side where he was raised.

I had only discovered Private Imaginings and Narrative Facts in 2009, by reading its description in the catalog of the Film-makers’ Co-op. There was little other information about its maker on file, and I assumed he might be dead. But then I noticed that he had made the film when he was very young, and decided to look up his phone number, wondering if he might still be alive in his native Chicago. One of the numbers worked, and over several more phone calls I interviewed Edward for many hours. It was from these discussions that numerous biographical details emerged. He was overjoyed that someone had seen and loved his film after so many years, and had forgotten that the print was even at the Co-op. His conversations were full of salty humor and explicit gossip, but I also heard the voice of a much older man, vaguely alluding to medical problems, and speaking of dreams that had never come to pass. The narrative facts of daily existence had long overtaken the private imaginings of his youth. Only a few months after I first contacted him, Edward passed away, at just over 60 years old.

Owens’s distribution records note that Jonas Mekas planned a solo screening of his work at the Film-Maker’s Cinematheque in 1968. As far as we know, tonight’s event is the first one-person exhibition of his work since the 1960s. – Ed Halter


Private Imaginings and Narrative Facts (1966)

Un montaje de imágenes fijas y en movimiento, mezclando y alternando personas negras y blancas, fantasía y realidad, una suite presidencial y la cocina materna: una evocación sensible y poética a la manera de la Remembrance del cineasta. Brillantemente coloreado y nostálgico, comprende una transformación mágica del collage pictórico y de la sensibilidad por la fotografía fija en el tiempo y en el espacio fílmicos. – Charles Boultenhouse

(Edward Owens) puede ser uno de los pocos para los cuales lo “amateur” y lo “profesional” no tienen ningún significado: fiel a sus propios talentos nativos, con una sombría y extraña determinación, ya esté la mente en las artes a favor o en contra de la belleza o de su gemelo opuesto, el caos. De modo que con cada lucha posterior para completar una película, nos dejará sin aliento con anticipación para su próximo trabajo. – Gregory Markopoulos en la película de Edward Owens AUTREFOIS

“A montage of still and moving images, mixing and alternating black people and white people, fantasy and reality, a presidential suite and a mother’s kitchen: a sensitive, poetic evocation in the manner of the film-maker’s Remembrance. Brilliantly colored and nostalgic, it comprises a magical transformation of painterly collage and still photographic sensibility into filmic time and space.” – Charles Boultenhouse

(Edward Owens) may well be one of the few for whom ‘amateur’ and ‘professional’ need have no significance whatsoever: true to his own native talents, with grim determination uncanny, whether the mind in the arts is for or against beauty or its opposite twin, chaos. So that with each subsequent struggle to complete a film he will leave us breathless with anticipation for his next work.” – Gregory Markopoulos on Edward Owens’ film AUTREFOIS


Remembrance: A Portrait Study (1967)

La música es de Marilyn Monroe cantando “Running Wild” de Some Like It Hot, porque es un retrato cinematográfico de Nettie Thomas. Hacía pisos en casas de mujeres blancas, como hacían las mujeres negras para mantener a sus familias en los viejos tiempos. Mi madre está sentada en una silla de mimbre con una boa de plumas de avestruz, una falda de lana de lana gris, un cinturón de seda. Para su retrato, usé “All Cried Out” de Dusty Springfield … Gregory Markopoulos me aconsejó no poner la música. Porque Gregory pensó que no era apropiado. – Edward Owens

“The music is by Marilyn Monroe singing ‘Running Wild’ from Some Like It Hot, because it’s a film portrait of Nettie Thomas. She did floors in white women’s homes, like black women did to support their families in the olden days. My mother is sitting in a wicker chair with an ostrich feather boa, a grey worsted wool skirt, a silk belt. For her portrait, I used ‘All Cried Out’ by Dusty Springfield…I was advised by Gregory Markopoulos not to play the music. Because Gregory didn’t think it was proper.” – Edward Owens


Tomorrow’s Promise (1967)

Edward Owens muestra en “Tomorrow’s Promise” un estilo pictóricamente tan emocionante que lo siguiente que debe hacer es escuchar mi consejo.- Parker Tyler

Edward Owens ha logrado en Tomorrow’s Promise una calidad tan excesivamente alta que uno se ve obligado a calificar como malos ciertos momentos de la película sólo porque están rodeados de tan ricos matices. Tomorrow’s Promise se ocupa de temas complejos e intelectualmente excitantes, pero permanece sin obstrucciones. La desnudez de la película se maneja de una manera fresca y culminante. Tomorrow’s Promise contiene películas que casi están separadas y el Sr. Owens las ha ensamblado con éxito hacia una meta: desocupación. El Sr. Owens parece ser un clasicista que se adhiere a sus propios principios válidos de excelencia en las artes … no habrá límite a la cantidad de belleza y escoriación que puede escoger para mostrarnos. – Gregory Battcock

Tomorrow’s Promise es una película sobre la desocupación. Lo que físicamente “empieza”, invertido, al revés en la pantalla (pero, ¿en qué premisa se apoya?, por ejemplo, la película, tan quimérica como la vida misma, sigue su propio camino), de repente se toma otra posición (no a la inversa), esta vez por una figura masculina y pronto, en esta misma sección, la chica de la imagen invertida reaparece planteada de una manera diferente; una forma obsesionada por el “estado de ánimo”. Luego se produce un juego técnico de montaje con la cámara, más intenso, más brillante que en la primera sección invertida. Hay varios cambios de plano que sirven, en esta y en cada sección posterior hasta el final, como vínculos relativos en la sección final: qué es realmente la ‘historia’. La historia que la protagonista y su héroe tratan de decir en su camino es la apófisis; Excepto que las “imágenes”, las visiones claras toman el lugar de las palabras. Mi película podría haberse montado con tensiones precisas y una narrativa directa lúcida, pero mi objetivo era “recrear” al protagonista de mi vida privada. – Edward Owens

“Edward Owens shows in “Tomorrow’s Promise” a style pictorially so exciting that the next he must do is listen to my advice.” -Parker Tyler

“Edward Owens has achieved in Tomorrow’s Promise a quality so exceedingly high that one is forced to term certain moments of the film bad only because they are surrounded by such rich nuance. Tomorrow’s Promise deals with complex, intellectually exciting subject matter yet remains unobscure. The nudity of the film is handled in a fresh and climactic way. Tomorrow’s Promise contains almost separate films and Mr. Owens has successfully assembled them toward one goal: vacantness. Mr. Owens appears to be a classicist adhering to his own valid principles of excellence in the arts … there will be no limit to the amount of beauty and excoriation he may choose to show us.” – Gregory Battcock

“Tomorrow’s Promise is a film about vacantness. Which physically does ‘begin’, reversed, upside down on the screen (but by what premise is it supported? , e.g. the film, so chimerical as life itself, follows its own way), suddenly another such position is taken (not in reverse), this time by a male figure and soon, in this same section, the girl of the reversed image reappears posed in a different way; a way obsessed by ‘mood’. Then a technical play of in-the-camera- editing occurs, more intense, brighter than in the first, reversed section. There are several inter- cuts which serve, in this and each subsequent section unto the end, as relative links into the final section: which is actually the ‘story’. The story the protagonist and her hero try to tell in their way is apophysis; except that ‘pictures’, clear visions take the place of words. My film could have been edited with precise tensions and a lucid straight narrative, but it was my aim to ‘re-create’ the protagonist of my personal life.” – Edward Owens

(Traducción de los textos: Oscar Oliva)