Cineinfinito #55: Robert Wilson

CINEINFINITO / CINE ESTUDIO
Jueves 21 de Junio de 2018,  19:30h, Círculo de Bellas Artes
Calle Alcalá, 42
28014 Madrid

Cineinfinito Robert Wilson

Programa:

Video 50 (1978) U-matic 3/4, color, sound, 51:40 min

Formato de proyección: video digital

(Copia cortesía de Electronic Arts Intermix (EAI), Nueva York)


Desde finales de la década de 1960, las producciones de Robert Wilson han influido decisivamente en el aspecto del teatro y la ópera. A través de su uso exclusivo de la luz, sus investigaciones sobre la estructura de un movimiento simple y el rigor clásico de su diseño escénico y de mobiliario, Wilson ha expresado continuamente la fuerza y originalidad de su visión. Los estrechos vínculos y colaboraciones de Wilson con destacados artistas, escritores y músicos continúan fascinando al público de todo el mundo.

A lo largo de su amplia trayectoria profesional, ha trabajado también como coreógrafo, performer, pintor, escultor, artista de video y sonido y diseñador de iluminación. Él es mejor conocido por sus colaboraciones con Philip Glass en Einstein on the Beach, y con numerosos artistas, entre ellos Heiner Müller, William S. Burroughs, Ginsberg Allen, Lou Reed, Lady Gaga, Tom Waits, David Byrne, Laurie Anderson, Gavin Bryars, Rufus Wainwright y Marina Abramovic.

Son George Balanchine, Michael Cunningham, John Cage, Martha Graham, los que le ayudan a sentar las bases de su propio paradigma creativo, sus maneras específicas de ver y de hacer. Estos serán lo que podríamos llamar sus encuentros paradigmáticos en su etapa de formación.


Robert Wilson © 2013 Yiorgos Kaplanidis


Video 50 (1978)

Video 50 es un extraordinario libro de bocetos en formato de vídeo; producida para televisión, se trata de una colección muy original, visualmente dramática y a menudo humorística que incluye un centenar de “episodios” breves. Desplegando una serie de viñetas de treinta segundos, este enigmático ejercicio de estilo se caracteriza por la teatralidad impávida, imaginería simbolista, yuxtaposiciones surrealistas y repetición de motivos visuales clave. Imágenes indelebles, compuestas con precisión –un hombre balanceándose sobre una cascada, una silla flotante, un ojo que parpadea, un loro contra el skyline de Nueva York–, aparecen acompañadas de una banda de sonido “arquitectónica” que incluye “patrones fonéticos” hablados más que palabras. Uniendo su lógica visual y sus ritmos sorprendentes con inesperadas manipulaciones temporales, Wilson crea una obra de deslumbrante ingenio y poesía.

Música: Allan Lloyd. Iluminación: Renato Berta. Producida por Robert Boner y Caroline Arrighi. Una coproducción de Film and Video Collectif y Zweites Deutsches Fernsehen (ZDF). Con: Lucinda Childs, Philippe Chemin, Laura Condominas, Robert Wilson.

[Video 50 is an extraordinary video sketchbook, a highly original, visually dramatic and frequently humorous collection of one hundred abbreviated “episodes” produced for television. Unfolding as a series of thirty-second vignettes, this enigmatic essay in style is characterized by a deadpan theatricality, symbolist imagery, surrealist juxtapositions and repetition of key visual motifs. Indelible images, precisely composed — a man teetering above a waterfall, a floating chair, a winking eye, a parrot against the New York skyline — are accompanied by an “architectural” sound score that includes spoken “phonetic patterns” rather than words. Fusing his surprising visual logic and rhythms with unexpected temporal manipulations, Wilson creates a work of startling wit and poetry.

Music: Allan Lloyd. Lighting: Renato Berta. Produced by Robert Boner and Caroline Arrighi. A coproduction of Film and Video Collectif and Zweites Deutsches Fernsehen (ZDF). With: Lucinda Childs, Philippe Chemin, Laura Condominas, Robert Wilson.]

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Robert Wilson: la instalación Video 50 redefine la práctica del cine

Igual que el trabajo de Robert Wilson como director de escena y dramaturgo de vanguardia en “Einstein on the Beach” –recientemente estrenada en Ann Arbor– pretende redefinir el teatro épico, “Video 50”, en la Galería de Nuevos Medios del Museo de Bellas Artes de la Universidad de Michigan, pretende redefinir el arte del cine.

Pero si “Einstein on the Beach” representa el teatro más ambicioso y elaborado de Wilson a una escala majestuosa, “Video 50” pretende, de forma minimalista, devolver al cine a su raíz más desnuda.

De una forma muy parecida a como el disco seminal de 1974 “Discreet Music” de Brian Eno sacó a la música ambiental de la “música” creando un nuevo estándar para el minimalismo auditivo, la pieza de 1978 “Video 50” de Wilson desmonta la práctica de hacer películas hasta sus componentes más elementales.

Como nos dice la comisaria invitada Ruth Keffer en su presentación para la galería, “Creada en un estudio en el Centro Pompidou de París, ‘Video 50’ fue el resultado de un taller de televisión experimental en Alemania, ‘Das kleine Fernsehspiel’, un programa del canal público estatal ZDF que continúa hoy promoviendo a artistas emergentes de cine y vídeo. Wilson pretendía que los episodios, emitidos en cualquier cantidad y orden, sirvieran como relleno de madrugada o entre programas, y funcionaron así en Alemania y Francia.”

“En Estados Unidos la obra se presentó como lo es aquí, como una secuencia de cerca de una hora, y se convirtió en un encuentro entre el videoarte y otros espacios artísticos alternativos. Pero el artista nunca cumplió su ambición más excéntrica de disponer los episodios como una especie de música ambiental surrealista o ruido de fondo visual, ‘en el respaldo de los asientos de un avión… en relojes de pulsera … en relojes de calle”.

Resulta que Wilson se adelantó a su tiempo más de un cuarto de siglo, ya que fragmentos de esta obra de videoarte están ahora disponibles en YouTube. Sin embargo, este desmembramiento ofrece solo algunas pistas de la voluntad experimental de “Video 50”. Porque, irónicamente, su voluntad minimalista contiene un punto de grandiosidad.

Como Keffer dice más adelante,“Video 50” es precisa a su “manera deliberadamente imprecisa”, y consiste en “un conjunto ordenado aleatoriamente de ‘episodios’ de 30 segundos; contando con las repeticiones ocasionales y versiones alternativas, las 50 piezas del título llegan a casi 100.”

“Algunos de estos episodios son estáticos hasta el punto de asemejarse a naturalezas muertas; otras son viñetas independientes que empiezan y terminan –o parecen terminar; ya que cualquier resolución narrativa se oculta irónicamente.”

“Con su utilización de las primitivas técnicas del vídeo y la moda, muy estilizada, de sus actores, ‘Video 50’ parece anticuada, pero la forma en que Wilson hace uso de su vocabulario gótico-doméstico pertenece al surrealismo clásico; los objetos y escenarios cotidianos se vuelven misteriosos, cómicos o extraños por su yuxtaposición estrafalaria, y también por la manipulación de la banda de música y efectos sonoros, tan llena de sinsentido como de buen humor.”

Lo que equivale a decir que no hay nada de aficionado en “Video 50”, y en su contradictoria lógica surreal. Se trata de una película con un montaje totalmente profesional, cuyos efectos especiales, manufactura, edición e interpretación son tan refinados como la que más.

“Video 50” es un desafío interpretativo sobre el “Efecto Kuleshov” que descubrió en los años 20 el cineasta ruso de la era soviética Lev Kuleshov, en el que la edición y repetición de elementos de montaje crea una psicología de la Gestalt que condiciona nuestra respuesta a la narrativa visual.

En una ocasión, un fragmento de una mujer que mira deliberadamente hacia abajo seguido de un fragmento de un niño sonriendo en un capazo crea la inferencia del afecto maternal, mientras que la yuxtaposición de la misma mujer con un cuenco sobre una mesa indica hambre. La premisa es que incorporemos nuestras asociaciones a estos elementos tal como nos son presentados, lo que hace del cine la forma suprema del arte participativo.

Y sin embargo, más que encerrarse a sí mismo en un formato de repetición servil, Wilson (como señala Keffer) estructura sutilmente su diario en vídeo de manera que algunos episodios –por ejemplo, una silla colgante que gira lentamente en el aire delante de un fondo con una nube teñida de naranja– sirven como recursos de transición que nos permiten enfrentarnos con nuevos ojos al próximo episodio de 30 segundos; mientras que otros episodios avanzan narrativamente mediante desarrollos que parecen insignificantes.

En una viñeta, el entonces Ministro de Cultura francés Michel Guy se esfuerza para abrir un cajón de una cómoda en compañía de una criada, mientras que en otro episodio la perfumera Hélène Rochas guiña un ojo al espectador después de intimidar con la mirada a un atracador. Aún en otra serie entrelazada de viñetas, las persianas se hinchan violentamente desde un marco de ventana esencialmente incorpóreo en una habitación oscura; mientras que más tarde la criada del Ministro Guy en el episodio del cajón cierra la ventana, solo para que el viento continúe soplando de manera errática a través de la persiana; luego en otro episodio un hombre joven al que hemos visto en otra serie de episodios no relacionados duerme de forma intermitente delante de la ventana durante una tormenta.

Y para continuar: una chica joven se columpia alegremente dentro y fuera del encuadre en una rama oculta en un bosque lujuriante; una pareja joven come una y otra vez un montón de perritos calientes en una mesa; un pato ríe como un maníaco ante un micrófono; un joven levanta el brazo para encender una bombilla que cuelga diagonalmente del techo sobre él; y una mujer analiza pensativa una tostada humeante a la altura de sus ojos –entre otros muchos episodios.

El rango, imaginación y complejidad de las viñetas de Wilson se combinan de forma aparentemente ilimitada. Pero es la audiencia la que proporciona la lógica narrativa (o su carencia).

“Video 50” fue confeccionada con grabaciones analógicas en VHS, ahora transferidas digitalmente, al servicio del cine anti-comercial. Supuso entonces un cambio de rumbo anárquico e innovador, y ahora sigue siendo un cambio de rumbo anárquico e innovador.

John Carlos Cantu

[‘Robert Wilson: Video 50’ installation redefines the nature of filmmaking

Just as avant-garde stage director and playwright Robert Wilson’s “Einstein on the Beach”—recently presented in Ann Arbor—is intended to redefine epic theater, “Video 50” at the University of Michigan Museum of Art’s New Media Gallery is intended to redefine the art of cinema.

But where “Einstein on the Beach” represents Wilson at his most ambitious, crafting theater on a majestic scale, “Video 50” is intent on minimalizing cinema to its bare roots.

In much the same way that Brian Eno’s seminal 1974 “Discreet Music” took the Muzak out of music by creating a new standard for aural minimalism, Wilson’s 1978 “Video 50” strips filmmaking to its elemental components.

As the guest curator Ruth Keffer tells us in her gallery statement, “Created in a studio at the Centre Pompidou in Paris, ‘Video 50’ was the product of an experimental television workshop in Germany, ‘Das kleine Fernsehspiel,’ a program of the state-sponsored ZDF channel that continues today to promote emerging film and video artists. Wilson intended the episodes, broadcast in any quantity and in any order, to serve as late-night or between-program filler, and they functioned that way in Germany and France.

“In the U.S., the work, packaged as it is here as a near-hour-long sequence, became a fixture of video art and alternative art venues. But the artist never fulfilled his more eccentric ambition to configure the episodes as a form or surrealist Muzak, or visual white noise, ‘on the back of airplane seats … on wristwatches … on clocks in the street.’”

It turns out Wilson was well over a quarter-century ahead of his time, as segments of his art video is now available on YouTube. However, this dismembering also only hints of “Video 50’s” experimental intent. For ironically, his minimal intent has a touch of grandness embedded within.

As Keffer further says, “Video 50” is precise in its “intentionally imprecise manner,” being “a randomly arranged set of 30-second ‘episodes’; counting occasional repeats and alternate versions (with) the 50 pieces of the title numbering nearly 100.

“Some of these episodes are static to the point of resembling still-lifes; others are self-contained vignettes that begin and end—or seem to end; any narrative resolution teasingly withheld.

“With its use of early video techniques and the highly stylized, fashion-world of its actors, ‘Video 50’ seems dated, but the way in which Wilson wields his domestic-gothic vocabulary is classic surrealism; everyday objects and settings made mysterious or comic or alien by their bizarre juxtaposition to one another, and by an equally nonsensical and cheerfully manipulative score of music and sound effects.”
Which is to say there’s absolutely nothing amateur about “Video 50”—or its paradoxical surreal logic. This is a professionally mounted film production whose special effects, crafting, editing, and acting is as polished as any other.

“Video 50” is a quite challenging interpretation of the “Kuleshov Effect” pioneered by 1920s Soviet-era Russian filmmaker Lev Kuleshov. where the editing and repetition of montage elements creates a psychological gestalt that conditions our response to the visual narrative.

In one instance, a clip of a woman intently looking down followed by a clip of a smiling child in a basket creates the inference of maternal affection, while the juxtaposition of the same woman with a bowl on a table indicates hunger. The premise is that we bring our association to these elements as they’re presented to us, which makes cinema the ultimate form of participatory art.

Yet rather than slavishly lock himself in a repetitive format, Wilson (as Keffer points out) subtly shuffles his video diary in such a way that some episodes—for example, a dangling chair twisting slowly in midair in front of an orange-tinged cloud cover—serve as transition devices, allowing us to view the next 30-second episode afresh; while other episodes advance their narrative by seemingly insignificant developments.

In one vignette, then French Culture Minister Michel Guy struggles to open a dresser drawer in the company of a maid, while in another episode perfumer Helene Rochas winks at the viewer after staring down a mugger. In yet another interlocking series of vignettes, window shades billow wildly from an essentially disembodied window frame in a darkened room; while later, Minister Guy’s maid in the drawer episode closes the window, only to have the wind continue to blow through the shades erratically; then in another episode, a young man seen in yet another series of unrelated episodes sleeps fitfully front of the window during a blustery rainstorm.

And so it goes: A young girl swings happily in and out of the film’s frame on a hidden tree branch in a luxuriant forest; a young couple repetitively eat a stack of hot dogs at a table; a duck chortles manically into a microphone; a young man reaches up to turn on a light bulb hanging diagonally from the ceiling above him; and a woman pensively studies a smoking toaster at eye-level—among many other episodes.

The range, imagination, and complexity of Wilson’s vignettes mingle seemingly indefinitely. But it is the audience that provides the narrative logic (or lack thereof).

Using VHS analog recording now converted to digital, “Video 50” has been made in the service of anti-commercial cinema. It was a refreshing anarchistic change of pace then, and it’s a refreshing anachronistic change of pace now.

John Carlos Cantu]

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(Traducción de los texto: Javier Oliva)