Cineinfinito #99: Dominic Angerame

CINEINFINITO / Centro Cultural Doctor Madrazo
Jueves 29 de Agosto de  2019, 18:00h. Centro Cultural Doctor Madrazo
Calle Casimiro Sainz, s/n
39004 Santander

Programa:

Continuum (1987),16mm, b&w, silente, 15 min
Deconstruction Sight (1990), 16mm, b&w, sonora 12 min
Premonition (1995), 16mm, b&w, sonora, 10 min

Formato de proyección: HD (nuevas copias cortesía de Re:voir)

Agradecimiento especial a Dominic Angerame y a Re:voir


Dominic Angerame. Nacido en Nueva York en 1949, vive, da clases y trabaja en San Francisco. Desde 1969, Dominic Angerame ha realizado más de veinticinco películas, que han sido proyectadas y premiadas en diversos festivales cinematográficos de todo el mundo. Dos series “Cine Probe” del MoMA de Nueva York han estado dedicadas a él en 1993 y 1998. Angerame da clases de realización, fotografía y crítica en la Universidad de Berkeley y en el Art Institute de San Francisco. También ha intervenido como profesor y artista asociado en numerosas instituciones, entre las que se pueden citar la Universidad de Stanford y la Escuela del Art Institute de Chicago. Dirige desde hace veinte años Canyon Cinema, que se ha convertido bajo su impulso en una de las distribuidoras de cine de vanguardia y experimental más prestigiosas del mundo. Hace tres años, ha organizado para el Museo de Arte Moderno de San Francisco una muestra de catorce películas que retratan la evolución del cine de vanguardia en San Francisco desde 1939. Su obra, muy influida por este cine, especialmente el de los años 20 y 30, explora el ciclo de destrucción y construcción que el hombre impone a su entorno urbano, en permanente cambio.

Dominic Angerame. Nationalité américaine. Né en 1949 à New York. Vit, enseigne et travaille à San Francisco. Depuis 1969, Dominic Angerame a réalisé plus de vingt-cinq films projetés et récompensés dans divers festivals cinématographiques à travers le monde. Deux « Cine Probe » Series du Museum of Modern Art de New York lui ont été consacrées en 1993 et en 1998. Angerame enseigne la réalisation, la cinématographie et la critique à Berkeley-Université de Californie et au San Francisco Art Institute. Il est également intervenu comme professeur et artiste associé dans de nombreuses institutions parmi lesquelles l’Université de Stanford et l’École de l’Art Institute de Chicago. Il dirige depuis vingt ans Canyon Cinema, qui est devenu sous son impulsion un des distributeurs de films avant-gardistes et expérimentaux les plus renommés du monde. Il y a trois ans, il a organisé pour le San Francisco Museum of Modern Art une présentation de quatorze films retraçant l’évolution du cinéma d’avant-garde à San Francisco depuis 1939. Son œuvre, très influencée par ce cinéma, notamment celui des années 1920 et 1930, explore le cycle de destruction et de construction imposé par l’homme à son environnement urbain, en perpétuel changement.

Dominic Angerame (b.Albany, New York, USA, 1949) is an American experimental filmmaker, who has directed more than 35 films since 1969, and has presented films in film festivals worldwide. He was the subject of two Cine Probe series at the Museum of Modern Art in New York City, 1993 and 1998.

Angerame teaches filmmaking and cinema studies at the San Francisco Art Institute as a visiting artist. He has taught film production and cinema studies at the University of California, Berkeley Extension, New College of California, and has been a guest lecturer and visiting artist at Stanford University, the School of the Art Institute of Chicago, and others. Angerame has also previously taught cinema studies at the Academy of Art University in San Francisco.

Since 1980, Angerame has been executive director of Canyon Cinema. Under his leadership, Canyon Cinema has become one of the largest distributors of avant garde and experimental films. Canyon Cinema preserves, promotes, and distributes independent films.

***

“Ver la ciudad a través de los ojos de Dominic Angerame es ver un animal de hormigón que cambia y respira con intensas sombras en blanco y negro.”–Silke Tudor, SF Weekly

“To see the city through the eyes of Dominic Angerame is to see an organic beast of concrete that sifts and breathes in rich shades of black and white.” –Silke Tudor, SF Weekly

***

La ciudad, desecho, pasión y muerte: sobre la obra del cineasta Dominic Angerame
de Stefan Grissemann

Desde los años 60 Dominic Angerame, cineasta, teórico y activista de la vanguardia, ha estado trabajando a mitad de camino entre el documental y la poesía, una alianza estética entre realismo y fantasía. Emplea un gran número de técnicas, pero sus películas se centran, de forma invariable y esencial, en cuestiones básicas de ritmo: el nerviosismo del montaje en casi todas las películas de Angerame mantiene un llamativo contraste con la amabilidad de su efecto sobre el espectador. Las dobles y triples exposiciones que tanto aprecia el artista frenan, por así decirlo, el rápido pulso de los cortes y contribuyen a su peculiar delicadeza.

Las obras de Dominic Angerame buscan vistas novedosas de cosas aparentemente familiares: ciudades, paisajes, rostros y cuerpos. El deseo del cineasta de que las imágenes cotidianas se vuelvan “extrañas” en la mesa de montaje, de aprender a verlas de forma original y distanciarlas de nuestros sentidos, hace que sus películas parezcan abarcar las múltiples realidades sociales que contienen –siempre, también, distanciadas–, como si condujeran a otros mundos más allá del hormigón, más allá del tiempo y el espacio definido. En las películas de Angerame, que rinden homenaje a películas primitivas, clásicos de la vanguardia, al cine underground americano de los años 60 y 70 y a las películas no narrativas de la actualidad, está siempre presente una historia, admirablemente abarcadora, de la imagen en movimiento “visionaria”. Tal vez su renuncia a adoptar un estilo personal haya reducido la influencia inmediata de sus películas; sin embargo, la decisión de Angerame de trabajar de forma “universal”, sin dejarse influir por consideraciones sobre el mercado del arte, y de experimentar con estilos muy diferentes, aumenta el valor pedagógico de sus películas. No sorprende que Angerame, nacido en 1949, sea profesor en varias universidades americanas, además de ser el director ejecutivo de Canyon Cinema, distribuidora americana de películas de vanguardia. Sus películas testimonian su conocimiento enciclopédico del cine –y también su deseo de satisfacer, con sus propias propuestas audiovisuales, los diversos deseos del público.

Por cierto, el concepto de “cine experimental” no se ajusta bien a Dominic Angerame. Él dice que la expresión sugiere un ensayo, como si uno no supiera exactamente lo que está haciendo. Su práctica cinematográfica se fundamenta esencialmente en un principio: la renuncia a la “forma narrativa”. Solo esto parece aislar a un talento visual como el suyo durante toda su vida. Dominic Angerame es un cineasta marginal: las mayores bases de datos de películas ignoran su nombre.

Ciudad
Sus propias películas son “como sinfonías urbanas”, señala con precisión Angerame, “paisajes de gran ciudad en blanco y negro muy contrastado”. Esto se refiere a solo una parte (pero sin embargo importante) de la obra de Angerame: su Sinfonía Urbana en cinco partes, realizada entre 1987 y 1997, cuyo título se deriva de la famosa película de Walter Ruttman de 1927, Berlín, Sinfonía de una gran ciudad, y que formalmente se inscribe en la tradición del montaje urbano-industrial de Dziga Vertov. Las películas urbanas de Angerame muestran la destrucción (urbana) y la construcción (cinematográfica) como dos caras de una misma moneda, incluso como una de-construcción. (…)

La primera película de la serie de sinfonías urbanas de Angerame es una obra maestra: Continuum se acerca de forma absolutamente inmediata al juego de la luz y la sombra sobre las superficies de cemento, calles, casas y puentes, pero también a las obras que tienen lugar en estos lugares: marcos de acero llenos de atareados soldadores relucen bajo el sol llameante, las fachadas de las casas se limpian con chorros de arena, las calles se asfaltan con aglomerado resplandeciente. Hay acciones de limpieza, rociado, cocción, batido y pintura: Angerame nos muestra un mundo manos a la obra, en transformación; y al mismo tiempo, saca a la luz las jerarquías implícitas en ese mundo: proletariado e industria, arriba y abajo. Los trabajadores permanecen en el anonimato, y sus mascarillas subrayan su falta de identidad. En ninguna otra obra sobresale tanto el virtuosismo de montaje de Angerame, celebrado por Stan Brakhage por su “ligereza aparente, tan difícil de conseguir”.

Si uno no supiera nada de su historia, sería virtualmente imposible datar las películas de Angerame. El motivo de las sinfonías urbanas y el uso del blanco y negro (también debido a la técnica parcialmente manual de Angerame) tienen una cualidad intemporal. Hay un espíritu urbano y utópico en Continuum que habría encajado bien a finales de los años 30 tanto como a finales de los 80.

Las obras urbanas de Angerame sondean con persistencia las texturas que ellas mismas presentan a la cámara: muestran dibujos e inscripciones en los muros y superficies metálicas, enfocan las fisuras del cemento, se pierden junto a oscuros transeúntes y el humo que se eleva desde las máquinas. Al estilizar el día a día urbano, Angerame traduce su cualidad simbólica en una serie de signos asombrosos. Su lenguaje fílmico sigue –como en la dramatización fundamental del blanco (sol) y negro (asfalto) en Contiuum, por ejemplo– un orden sensual estricto.

Premonition (1995) y In the Course of Human Events (1997) son gemelas cinematográficas que ilustran con absoluta claridad la filosofía de construcción/ deconstrucción de Angerame. La primera película capta por última vez para el cine la autopista del Embarcadero de San Francisco, vacía como consecuencia de los daños irreparables del terremoto de 1989, justo antes de que fuera demolida. Angerame ve Premonition como un “sueño diurno”, como un anticipo melancólico (y al mismo tiempo una revisión cinematográfica continua) de una devastación imparable. Esta película es, según el director, “como el recuerdo de algo que aún no ha ocurrido”. In the Course of Human Events también está construida como elegía: una tragedia de devastación, un documento sobre la demolición de la autopista del Embarcadero.

De modo análogo al cineasta Peter Hutton, Angerame estiliza sus paisajes urbanos en composiciones semi-abstractas, extremadamente pictóricas. La calma fantasmal que planea sobre Premonition y la atención intensa a los detalles constructivos recuerdan las austeras películas de arquitectura de Heinz Emigholz. Angerame filma edificios, calles y la construcción de puentes con un gran dinamismo visual y un extrañamiento a medias futurista: se convierten en ciencia no-ficción cinematográfica. En Premonition la cámara traza curvas en la calle y las líneas del puente metálico se pavonean tanto en gran angular como en primeros planos, dando la sensación de una cámara omnipresente en los cambios de focal. Pequeños detalles de movimiento rompen el mundo inmóvil, solidificado, de esta película: el viento arrastra un trozo de papel en la calle, dos hombres se detienen a lo lejos junto al borde del agua; los edificios se reflejan en una lámina de agua que oscila imperceptiblemente.

La banda sonora hiperrealista de Premonition está concebida para irritar: los gritos de las gaviotas, la alarma de un coche, una bandera azotada por el viento –todos estos sonidos están llenos de irrealidad. Más aún, los paisajes sonoros de Angerame –y no solo en esta película– tienden a crear efectos musicales sintéticos y enfatizar el pathos de la película.

La obra de Angerame es rica en antítesis a lo que representa la sinfonía urbana. La temprana y autobiográfica El Train Film, por ejemplo, que ya emplea avanzadas técnicas de montaje, trata sobre la utopía del movimiento continuo, de la vida como un viaje. A mediados de los 70, relata Angerame, vivía en el norte de Chicago al lado de las vías, y escuchaba pasar los trenes: “Se podría decir que definían nuestra vida”. Acompañada por una delicada canción popular, El Train Film reúne planos tomados desde trenes en movimiento y de raíles que se despliegan a través del vasto y vacío paisaje quemado por el sol: el cine como conciencia de la vida, como expresión de una contracultura perdida.

(…)

Stefan Grissemann es crítico de cine y autor de libros sobre Michael Haneke, Edgar G. Ulmer y Robert Frank. Es redactor jefe de la sección de cultura del semanario austriaco Profile.

The City, Refuse, Passion, and Death: On the Work of Filmmaker Dominic Angerame
by Stefan Grissemann

Since the 1960s, the American filmmaker, theorist, and avant-garde activist Dominic Angerame has been working in a form that is both documentary and poetic, an aesthetic alliance between realism and fantasy. He employs a variety of techniques, but his films are invariably and primarily concerned with basic problems of rhythm: the nervousness of the montage in almost all Angerame films stands in startling contrast to the gentleness of its effect on the viewer. The double and triple exposures this artist prizes so much brake, as it were, the quick pulse of his cuts and help them to achieve a peculiarly delicate quality.

Dominic Angerame’s works search for unfamiliar views of seemingly familiar things: cities, landscapes, faces, and bodies. The filmmaker’s desire to make everyday images “strange” at the editing table, to learn to see them fresh and to estrange them from our senses, makes his films seem-in all the different social realities they contain-always distanced as well, as if they led to another world beyond the concrete, beyond time and defined space. In Angerame’s films, which pay homage to films from early cinema and the classic avant garde to American underground films of the 1960s and 70s and non-narrative films of the present day, an amazingly comprehensive history of the “visionary” moving image is always present. It may be that precisely his refusal to adopt a signature style has diminished the immediate influence of Angerame’s films; however, Angerame’s decision to work “universally,” not to be swayed by considerations of the art market, and to experiment with very different styles increases the pedagogical worth of his films. It’s not surprising to learn that Angerame, born in 1949, teaches at several American schools in addition to being the executive director of the American avant garde distribution center Canyon Cinema. His films testify to an encyclopedic knowledge of film-and also his desire to satisfy, with his own audio-visual offerings, the very different desires of his audience.

The concept “experimental film,” by the way, doesn’t fit Dominic Angerame. It sounds, he says, like it’s just an attempt, as if he didn’t know exactly what he was doing. His practical work in film is informed by essentially one principle: the renunciation of “narrative form.” That alone seems enough to isolate a visual talent like his for a long time. Dominic Angerame is a marginalized filmmaker. The large digital movie databases don’t even know his name.

City
His own films are “like city symphonies,” Angerame explains lapidarily, “big-city landscapes in high-contrast black and white.” This alludes to only one (but nevertheless important) part of Angerame’s oeuvre: his five-part City Symphony, made between 1987 and 1997, the title of which is derived from the famous 1927 Walter Ruttman film Berlin: Symphony of a Big City, and which formally stands in the tradition of Dziga Vertov’s urban-industrial montage. Angerame’s city films show (urban) destruction and (cinematic) construction as two sides of the same coin: as de-construction even. To see the city through Angerame’s eyes, writes Silke Tudor, is “to see an organic beast of cement that seems to breathe in rich shades of black and white.”

The first of the City Symphony films is an Angerame masterpiece. Continuum deals in complete immediacy, with the play of light and shadow on cement surfaces, streets, houses, and bridges, but it deals also with the work performed on these sites: steel frames full of busy welders gleam in the blazing sun, house facades are cleaned and sand blasted, streets are tarred and strewn with shimmering gravel. There’s wiping, spraying, cooking, shaking, and painting: Angerame shows us a world at work, in transformation-and, at the same time, he brings out the hierarchies implicit in that world: proletariat and industry, above and below. The workers remain anonymous, and the masks they wear emphasize their lack of identity. Nowhere else is Angerame’s virtuoso editing technique, celebrated by Stan Brakhage for its “seeming lightness, which is so difficult to achieve,” more apparent than in Continuum.

If one knew nothing of their history, it would be virtually impossible to date Angerame’s films. There’s a decidedly timeless quality to the City Symphony’s subject matter and black and white material (and also to Angerame’s partially manual film techniques). There’s an urban, utopian mood in Continuum that would fit just as well in the late 1930s as it does in the late 1980s.

Angerame’s city works untiringly probe the textures that present themselves to his camera: they show patterns and inscriptions on walls and metal surfaces, focus on fissures in cement, lose themselves in shadowy passers-by and smoke rising out of machines. By stylizing the urban everyday, Angerame translates it back into its emblematic quality in a series of astonishing signs. His film language follows-as in the fundamental cinematographic dramatization of white (sun) and black (tar) in Continuum, for example-a strict sensual order.

Premonition (1995) and In the Course of Human Events (1997) are cinematic twin stars that illustrate Angerame’s construction/destruction philosophy most clearly. The first film captures for one last time on film the emptied Embarcadero Freeway in San Francisco, which was damaged beyond repair in the 1989 earthquake, right before it was torn down. Angerame sees Premonition as a “daydream,” as a melancholic preview (and at the same time a continuous cinematic review) of an unstoppable annihilation. This film is, according to the director, “like the memory of something that has yet to take place.” In the Course of Human Events is also constructed as an elegy: a tragedy of annihilation, a documentation of the demolition of the Embarcadero Freeway.

Similar to the filmmaker Peter Hutton, Angerame stylizes his urban landscapes into half-abstract, extremely painterly compositions. The ghostly calm that hovers over Premonition and the intense interest in construction details are reminiscent of the austere architecture films of Heinz Emigholz. Angerame films buildings, streets, and the construction of bridges by making them visually dynamic and rendering them strange in a sketchily, futuristic way: they become cinematic science non-fiction. In Premonition the camera traces curves in the street and the lines of metal bridge struts in both wide shots and close-ups, creating the impression of a seemingly omnipresent camera in the film’s jumps between wide-angle shots and close-ups. Small details of movement break out of the unmoving, solidified world of this film: the wind blows a piece of paper over the street; two men pause far away at the water’s edge; buildings are mirrored in an imperceptibly trembling water surface.

The hyperrealistic soundtrack that Angerame employs in Premonition is calculated to irritate: the cries of seagulls, a car alarm, a flag flapping in the wind-these are all infused with a sense of the unreal. Moreover, Angerame’s soundscapes-and not only in this film-tend to a create synthetic, musical effects and heighten his films’ pathos-filled moods.

Angerame’s oeuvre is rich with antitheses to the City Symphony. The early El Train Film, for example, autobiographically motivated and already employing an advanced editing technique, deals with the utopia of continuous movement, of life as a journey. In the mid-1970s, Angerame relates, he lived in northern Chicago right by the tracks, where he could always hear the trains: “One could say they defined our life.” Accompanied by a delicate old folk song, Angerame’s El Train Film collects shots out moving trains and of the oncoming rails that cut through the wide, empty landscape in the sun: cinema as an awareness of life, as an expression of a lost counter-culture.

(…)

Stefan Grissemann is a film critic and the author of books on Michael Haneke, Edgar G. Ulmer, and Robert Frank. He heads the culture section of the weekly magazine profile.


Continuum (1987)

De una manera soberbia, CONTINUUM teje a partir de imágenes refinadas y complejas el relato sin fin de un día de trabajo o el de una obra en curso. Es el reflejo, a escala de microcosmos, de la historia de cualquier trabajo.

D’une manière superbe, CONTINUUM tisse à partir d’images raffinées et complexes le récit sans fin d’une journée de labeur ou celle d’un travail en cours. Il est le reflet microcosmique de l’histoire de n’importe quel travail.

***

 “…las imágenes de CONTINUUM me cautivan de verdad: fue la apariencia casual, suave y continua del montaje (una adecuada apariencia casual, mejor dicho; puesto que SÉ bien lo difícil que es de conseguir), y la constancia del ritmo, siempre movimiento/movimiento pero sin resultar nunca ominoso o inexorable, algo más parecido a un chapoteo de agua muy intenso. Además los negros y blancos, que pasan desde una “nube” gris hasta los brillos duros y afilados de “estrellas” en la profunda oscuridad del “asfalto”, pues el “asfalto” parecía más noche que la que cualquiera hubiese podido fotografiar. Me sorprendió la escasa evidencia que había en la película de la época en que se hizo, o incluso de la localización: me di cuenta de que tendía a olvidar que se trataba de tareas de urbanización, trabajo en los tejados y demás: solo el trabajo, la continuidad del trabajo, fuera del tiempo y en curso, pero sin nada de inexorable. Bravo.”–Stan Brakhage

“…the images of CONTINUUM certainly haunt me: there was the softest continual casualness of editing (beseeming “casualness”, I should say; for I certainly DO know how difficult this is to accomplish), and a steadiness-of rhythm, always moving/moving but never as anything ominous to me, or inexorable something more like very heavy water lapping. Then the blacks and whites, evolving from some gray “cloud” into the stark sharp glistens of “stars” in the deep black of “tar” for the “tar” too seemed more night that what you’d photographed. It was amazing to me how little evidence there was in the film of the Time in which it was made, or even the location: I found myself tending to forget that these were City-chores, that this was rooftop work, so forth: just the labor, the continuity of labor, timeless, and ongoing, withOUT inexorable. Bravo.” –Stan Brakhage

***

“In a superb manner, CONTINUUM builds from the bottom up a complex and finely woven picture of a day-in-the-life of labor, or a work, in progress, and without end, microcosmically reflecting a history of any labor and many an art.

“A través de ventanas elegantemente revestidas, de formas geométricas, vemos la fragua turgente de las variopintas tareas humanas y, como en una visión, contemplamos el ballet de sus herramientas y accesorios: asfalto humeante, poleas que giran, barredoras que chirrían, luces cambiantes y tapas de alcantarilla, lámparas de acetileno y mangueras de chorro de arena, el bufido de los martillos neumáticos y extrañas joyas resplandecientes en medio de la suciedad, en la que el calor remacha la atmósfera.

Y en medio de todo esto –las calles, los puentes, las carreteras, los tejados, el río interminable de los cables de telecomunicación y los monolitos de superestructura sobresaliente– se encuentra el hombre, en cierto modo como Sísifo, pero también un animal incontenible; no tan fornido como entregado, testigo, conectado por cualquier cosa al alcance de la mano, soldado a la tarea, convertido en titán de la voluntad colectiva.

La película es como un sueño que no llegas a tocar con las manos y que no consigues olvidar, porque su verdad propia es evasiva, sugerente, laberíntica. Y entonces se te aparece, o más bien te circunnavega: el hecho mismo de vivir es heroico, nos convierte en héroes a cada uno de nosotros, a todos los hombres, mujeres y niños, del carpintero al arquitecto, y el conjunto es minuciosamente interdependiente, está estrechamente entretejido.” –Ronald Sauer

“In a superb manner, CONTINUUM builds from the bottom up a complex and finely woven picture of a day-in-the-life of labor, or a work, in progress, and without end, microcosmically reflecting a history of any labor and many an art.

“Through elegantly overlaid, constructionist windows of geometric form, we see into the turgid furnace of man’s multifarious tasks, and, as in a vision, behold the ballet of his tools and accoutrements: steaming tar, turning pulleys, swishing mops, changing lights and sewer-plates, acetylene torches and sandblasting serpents, snorting sting of jackhammers and gleaming jewels amid grime where undinal heat makes the atmosphere buckle.

“And in the midst of it all – the streets, the bridges, the roads, the roofs, the endless river of communication cables and the windowed monoliths of jutting superstructure – there stands man, that somewhat Sisyphian, but irrepressible beast; not so much brawny as dauntless, to wit, wired for the thing-at-hand, welded to the task made a titan in collective will.

“The film is like a dream you can’t put your finger on and can’t forget, because the very truth of it is so evasive, suggestive, labyrinthine. And then it dawns on you, or rather circumnavigates you: the very fact of life is heroic, makes heroes of each of us, every man, woman, and child, from the carpenter unto the architect, and the whole of it is so thoroughly interdependent, so very closely interwoven.” –Ronald Sauer

***

“… CONTINUUM, aunque solo dura 15 minutos, es una de las obras más destacadas de la reciente historia del cine. En ella, el mundo, los trabajadores en el mundo y el trabajo de hacer la película misma se igualan a través del montaje, y también por medio de una cualidad pictórica muy concentrada. El resultado es una película experimental que es al mismo tiempo un documento propagandístico en el sentido de que, cuando concluye, uno se descubre más próximo a la ciencia del movimiento social en su monumentalidad, con calles y edificios en construcción y los trabajadores con sus herramientas (taladros, asfalto), creando un poema constructivista dentro de los ojos.

Aun sin hacer eslóganes, el cineasta ha organizado las armonías y disonancias de la gente y los objetos hasta el extremo de que la estética nos lleva hasta el umbral de la conciencia revolucionaria, de modo que CONTINUUM es una película que puede despertar el entusiasmo tanto en el sindicato como en la filmoteca. Y no es pequeño logro en un tiempo en que las formas culturales más sofisticadas aparecen a menudo muy distantes de las necesidades reales de la población, ocultando detrás de máscaras de libertad que no consiguen escapar de la prisión del individualismo tiránico, y por tanto del oportunismo.

La obra del cineasta… está fundada por todas partes sobre un sentimiento colectivo que se aferra a lo ordinario y le confiere fuerza en la percepción… su última película es un gran acontecimiento.” –Jack Hirschman

“… CONTINUUM, though a film only 15 minutes in length, is one of the more remarkable works within recent cinematic history. In it, the world, the workers within the world, and the labor of making the film itself are equated through montage and a brilliantly concentrated filmic “painterliness”. The result is an experimental film which is at the same time a document of propaganda in the sense that, at its conclusion, one finds oneself closer to the science of the motion of society in its monumentality, with streets, buildings, the building of them, and the workers and their instruments (drills, tar) creating a constructivist poetry within the eyes.

“Without sloganeering, the filmmaker has nevertheless organized harmonies and dissonance’s of people and objects to the extent that aesthetics leads to the threshold of revolutionary consciousness, so that CONTINUUM is a film that can be received with enthusiasm in both union hall and Cinematheque. And that is no mean achievement in a time when sophisticated cultural forms are often so removed from the real needs of the populace, hiding behind masks of liberty that do not get out of the prison of the tyrannies of individuality, and therefore opportunism.

“The Filmmaker’s work…everywhere is informed by a collective sensing that takes hold of the ordinary and makes it mighty in perception…for his latest film is a major event.” –Jack Hirschman


Deconstruction Sight (1990)

«Un sordo golpe de gong abre DECONSTRUCTION SIGHT. La primera imagen es un pequeño resplandor en la oscuridad, un delicado parpadeo que crece hasta convertirse en la llama de una soldadura. Nos adentramos en la película de manera sugestiva: “la elevación del hombre” viene dada por la construcción de estructuras y de ciudades, como un montaje de los símbolos de la civilización. El final de la película despliega una serie de imágenes desconcertantes –entre ellas, una próxima a un recuerdo infantil inquietante: un rascacielos amenazador en la noche, una hilera de ventanas iluminadas como bocas muy abiertas. Mientras que la niebla y las nubes atraviesan el cielo con un efecto vertiginoso, casi sinestésico, la banda de sonido de Kevin Barnard inscribe un lamento urgente con un ritmo en crescendo, él mismo en cuestión, según una ambigüedad filosófica no liberada.

Una fuerza centrífuga casi palpable parece ennegrecer los últimos momentos de la película. Se trata de una historia sin narración, la suma abstracta de lo que ocurre cuando los humanos empiezan a dar vueltas a las cosas para hacer algo diferente, cuando se cansan de lo que han hecho, lo demuelen utilizando las herramientas que han concebido y vuelven a empezar el proceso. Lo que se ha construido, lo que se ha destruido, lo que se ha creído de utilidad en los dos procesos, cómo reaccionamos a todo eso que llamamos “condición humana”. Estas son algunas de las ideas que sugiere Dominic Angerame en Deconstruction Sight

De un ensayo de Barbara Jaspersen Voorhees (1990).

“A somber, gong-like tone opens DECONSTRUCTION SIGHT: the first image is a small light in darkness, a delicate flicker that grows to become a welder’s torch. We are led into the film by a suggestive imagistic shorthand: ‘the rise of man’ is attended by the building of structures, and cities, a montage of the emblems of civilization. The end of the film brings a series of unnerving images – one reminiscent of an eerie jack-o-lantern from childhood memory: a skyscraper looming in the night, a bank of windows lit up like its gaping mouth. As fog and clouds rush in fast frame across the sky for a dizzying, synesthetic effect, Kevin Barnard’s soundtrack pounds an urgent wail to the rhythm of climax spending itself in question, in philosophical ambiguity, not release. An almost palpable centrifugal force seems to move the final moments of the film into a spinout.

“This is history without narrative, an abstract summation of what happens when human beings move stuff around and make something of it, grow tired of what they’ve made and demolish it using other things they’ve made, and then start all over again. What we build, what we destroy, what we find useful to do both, how we let our interaction with them describe what we call human – these are some of the ideas Angerame’s DECONSTRUCTION SIGHT suggests.”– From an essay by Barbara Jaspersen Voorhees, 1990


Premonition (1995)

«En la última película de Dominic Angerame, PREMONITION, afrontamos una sutil desesperación y una ambigüedad fúnebre suspendida de la claridad de una fría madrugada.

(…) Pese a su tristeza, PREMONITION no juzga la modernidad y sus celebraciones descomunales de ingeniería sino que, al contrario, las admira, en el sentido estético del término, como lo haría todo viajero que, a la vuelta de un viaje, descubre la inmensidad de un paisaje que colma su ego, que lo insta a hacerse nuevas preguntas sobre las particularidades de esa grandeza.

Modernidad, ¿en qué se han convertido tus autopistas? Tú nos dominas, y después desapareces. Los arcos y nervaduras de tus carriles nos parecen absolutamente reales. Las colillas de cigarrillos provocadoras bajo tu tablero. Los partidos de tenis jugados a tu sombra. Tú estabas cerca de nuestros lugares de trabajo. El grito de los gaviotas resonaba en tus marañas.

(…) La película enmascara su sentido, que aparece y desaparece como la marea. Un fragmento de círculo, abstracto. Cerca del puente. La autopista hace una curva. Unos adolescentes han hecho grafittis. Un hombre hace footing. Vaciada de coches, como una acusación: ahora que ya ha dejado de interesarnos, ¿qué es lo que quiere decir?

PREMONITION no trata de autopistas abandonadas, sino que es más bien el inventario de un deseo y de una relación perdidas.» – Ronald  F. Sauer

«Dans le dernier film de Dominic Angerame, PREMONITION, on fait face à un subtil désespoir et à une ambiguïté funeste en suspension dans la clarté d’un petit matin frais.
(…) Malgré sa tristesse, Premonition ne juge pas la modernité et ses gargantuesques célébrations de l’ingénierie mais, au contraire, les admire, dans le sens esthétique du terme, comme le ferait tout voyageur qui, au détour d’une route découvre l’énormité d’un paysage, comblant son ego, l’amenant à se poser de nouvelles questions sur les particularités de toutes ces grandeurs.
Modernité, que sont devenues tes autoroutes. Tu nous dominais, puis tu as disparu. Les arches et les nervures de tes rails nous semblaient si réels. Les cigarettes fumées sous ton tablier de provocante manière. Les parties de tennis jouées à ton ombre. Tu étais près de nos lieux de travail. Le cri des mouettes résonnait dans tes enchevêtrements.
(…) Le film masque son sens qui apparaît et disparaît comme la marée. Fragment d’un cercle, abstrait. Près du Pont. L’autoroute vire. Des adolescents l’ont taggée. Un jogger l’arpente. Et des voitures vides comme réquisitoire: maintenant que cela ne nous préoccupe plus, qu’est-ce que cela veut-il bien dire ?
Premonition n’a pas pour sujet des autoroutes abandonnées, mais fait plutôt l’inventaire d’un désir et d’une relation défunte.» Ronald F. Sauer.

***

“There’s an exquisite despair and a dooming ambiguity suspended in the cool morning clarity of Dominic Angerame’s new film, PREMONITION. It’s short and bittersweet, like a prelude by Debussy, and promises a broad integration of the aesthetic elements of his work. … But … there’s also a painful consciousness of the vanity of all things human and their transience ….

“PREMONITION, despite its sadness, does not judge modernity and its Gargantuan feats of engineering, but, on the contrary, admires them, in the fullest aesthetic sense of the word, like a traveler turning a bend in the road whereby an enormity of landscape is revealed, overwhelming his ego, freeing him up toward a larger question while simultaneously diminishing his particularity in the very grandeur of it all. …

“Modernity, what happened to your highway? You tower over us, then you disappear. The arch and ribs of the guardrails seem so real to us. … The casually defiant smoked cigarettes upon you. The sincerely healthy played tennis in your shadows. You were close to our places of work downtown. The seagulls’ cries echoed in your ribcage. Gone.

“[T]he film hides its meaning, comes in like the tide but still disappears. … A fragment of a circle, abstracted. Near the bridge. The highway snakes along. Adolescents tagged it. A jogger like a flea on its back. And emptied of cars it’s its own worst indictment: now that we’re not busy with it, what can it mean?

“PREMONITION is not about a defunct highway to have done with, it’s the painful inventory of a desired and questionable relationship gone down.” –Ronald F. Sauer

“There’s an exquisite despair and a dooming ambiguity suspended in the cool morning clarity of Dominic Angerame’s new film, PREMONITION. It’s short and bittersweet, like a prelude by Debussy, and promises a broad integration of the aesthetic elements of his work. … But … there’s also a painful consciousness of the vanity of all things human and their transience ….

“PREMONITION, despite its sadness, does not judge modernity and its Gargantuan feats of engineering, but, on the contrary, admires them, in the fullest aesthetic sense of the word, like a traveler turning a bend in the road whereby an enormity of landscape is revealed, overwhelming his ego, freeing him up toward a larger question while simultaneously diminishing his particularity in the very grandeur of it all. …

“Modernity, what happened to your highway? You tower over us, then you disappear. The arch and ribs of the guardrails seem so real to us. … The casually defiant smoked cigarettes upon you. The sincerely healthy played tennis in your shadows. You were close to our places of work downtown. The seagulls’ cries echoed in your ribcage. Gone.

“[T]he film hides its meaning, comes in like the tide but still disappears. … A fragment of a circle, abstracted. Near the bridge. The highway snakes along. Adolescents tagged it. A jogger like a flea on its back. And emptied of cars it’s its own worst indictment: now that we’re not busy with it, what can it mean?

“PREMONITION is not about a defunct highway to have done with, it’s the painful inventory of a desired and questionable relationship gone down.” –Ronald F. Sauer

***

La autopista del Embarcadero de San Francisco vuelve a la vida en esta elegía por la modernidad. La autopista se consideró en su momento un triunfo de la ingeniería, un monumento del ingenio humano. No obstante, el terremoto de 1989 dañó severamente la autopista, y todas sus promesas industriales y tecnológicas. PREMONITION muestra la situación ante la crisis, un momento de decepción de la armonía industrial.

“Y cuando desaparece la ilusión, es decir, cuando vemos las cosas o los hechos como si realmente existieran fuera de nosotros mismos, experimentamos una sensación extraña, en la que se confunden el lamento por el fantasma derrotado y la sorpresa agradable ante la novedad, el hecho en sí mismo.” Charles Baudelaire

The San Francisco Embarcadero Freeway comes to life in this elegy for modernity. The Freeway was deemed a triumph of engineering, a monument for human inventiveness. With the 1989 earthquake, however, the freeway was severely damaged and with it all the industrial-technological promises it held. Premonition shows the situation before the crisis, a deceptive moment of industrial harmony.

“And when the illusion disappears, that is to say when we see the being or fact as it really exists outside ourselves, we experience a strange feeling, complicated half with regret for the vanquished phantom, half with agreeable surprise for the novelty, for the actual fact.”
-Charles Baudelaire

“There’s an exquisite despair and a dooming ambiguity suspended in the cool morning clarity of Dominic Angerame’s new film, Premonition. It’s short and bittersweet, like a prelude by Debussy, and promises a broad integration of the aesthetic elements of his work, now full-fledged and ascendant. But with the widening view and depth of field and new heights, there’s also a painful consciousness of the vanity of all things human and of their transience…Trans fixed if not much further along the road, we feel like those wide-eyed and well- intended Akkadian stargazers teetering on the edge of a vast new knowledge hovering over…revealing…revealing…what?

“Premonition, despite its sadness, does not judge modernity and its Gargantuan feats of engineering, but, on the contrary, admires them, in the fullest aesthetic sense of the word, like a traveler turning a bend in the road whereby an enormity of landscape is revealed, overwhelming his ego, freeing him up toward a larger question while simultaneously diminishing his particularity in the very grandeur of it all…Angerame even loves the works of man, as he loves work itself, but there’s something awestruck before these very works that recalls the child’s wonder before the suddenness of natural disaster, like a five year old staring into a friend’s gaping wound…

“Modernity, what happened to your highway? You tower over us, then you disappear. The arch and ribs of the guardrails seemed so very real to us, like the backbone of a stegosaurus. Gone. The casually defiant smoked cigarettes upon you. The sincerely healthy played tennis in your shadows. You were close to our places of work downtown. The seagulls’ cries echoed in your ribcage. Gone. Submerged in the rising waters of time. On more Atlanta vanity.

“The illusion looms high, but passes like the ships you could see from those heights…The frozen freighter at anchor beneath the endlessly (?) spanning bridge, is haunted, and somehow recalls the ghostship from Nosferatu, even in its perfect otherworldly calm. The film hides its meaning, comes in like the tide but still disappears…A fragment of a circle, abstracted. Near the bridge. The highway snakes along. Adolescents tagged it. A jogger likes a flea on its back. And emptied of cars it’s its own worst indictment: now that we’re not busy with it, what can it mean?

“The staunch Ferry Building, the swift ferry and its charms, the blimp, the helicopter. —All of them toys when it cast its cool morning shadow their way. We were heading out toward our favorite cafe, unknowing it would come down, like rain…

“Premonition is not just about a defunct highway to have done with, it’s the painful inventory of a desired and questionable relationship gone down.” – Ronald F. Sauer

***

“El mundo de hormigón de la infraestructura norteamericana y su deceso se convierten en motivos extrañamente poéticos en este documental expresionista que muestra la autopista del Embarcadero de San Francisco, desierta tras haber sobrevivido a su utilidad, antes de su desmantelamiento. En una atmósfera de misterio a la luz del día, Angerame siembra indicios y revela el pasado rodeado por el futuro a modo de círculo. Lírica, ominosa, divertida, PREMONITION produce en el espectador atento la impresión de un recuerdo de algo que todavía no ha sucedido, silencioso, como contar un sueño diurno.” –Barbara Jaspersen Voorhees.

“The concrete world of the American infra-structure and its demise are made strangely poetic in this expressionist documentary which shows the vacant San Francisco Embarcedero Freeway after it has outlived its usefulness, before its destruction. In an atmosphere of daylight, mystery, Angerame sows inklings and reveals the past encircled by the future. Lyrical, ominous, comic, PREMONITION works on the attentive viewer like a remembrance of something that is yet to happen, silent, telling daydream.” –Barbara Jaspersen Voorhees.

***

“Carreteras, puentes, luminarias urbanas y pasos inferiores funcionan como mensajeros de una leyenda urbana que no se cuenta, que tiene como escenario la Autopista del Embarcadero de San Francisco antes de su desmantelamiento. Somos conducidos a un desolado paisaje urbano como si estuviéramos verdaderamente penetrando en él. Un puente cubierto por un esperma de grafitis nos dirige hacia el centro urbano, como una metáfora de ese útero construido por el hombre que es la ciudad. El punto de vista de PREMONITION es tan lúcido como desconcertante”. – Images Film Festival, Toronto, 1997

“Roads, bridges, street lamps and underpasses are all harbingers of an untold urban tale, set in the vacant San Francisco Embarcadero Freeway before its destruction. We are led through a desolate cityscape as if we were actually penetrating it. A bridge covered with graffitied sperms heading towards downtown, is a metaphor for the man-made womb that is the city. PREMONITION’S approach is as lucid as it is perplexing.” – Images Film Festival, Toronto, 1997


Traducción de los texto: Javier Oliva