Cineinfinito #284: Val Lewton & Hugo Fregonese

CINEINFINITO / CINE CLUB SANTANDER 
Martes 28 de Febrero de 2023, 19:30h. Fundación Caja Cantabria
Calle Tantín, 25
39001 Santander

Programa:

Apache Drums (1951), 35mm, color, sonora, 75 min

*Presentación a cargo de José Luis Torrelavega

Formato de proyección: DCP (2K, copia restaurada)


Val Lewton (7 de mayo de 1904 – 14 de marzo de 1951) fue un novelista, productor de cine y guionista ruso-estadounidense conocido especialmente por una serie de películas de terror de bajo presupuesto que produjo para RKO Pictures en la década de 1940.

En 1942, Lewton fue nombrado jefe de la unidad de terror en los estudios RKO con un salario de 250 dólares a la semana. Tendría que seguir tres reglas: cada película tenía que tener un presupuesto menor a 150.000$, cada una debía durar menos de 75 minutos y los supervisores de Lewton proporcionarían los títulos de las películas.

La primera producción de Lewton fue “La mujer pantera”, estrenada en 1942. La película fue dirigida por Jacques Tourneur, quien posteriormente también dirigió “yo anduve con un zombi” y “El hombre leopardo” para Lewton. Realizada por 134.000$, la película recaudó casi 4 millones de dólares y fue la principal fuente de ingresos de RKO ese año. Este éxito permitió a Lewton hacer sus siguientes películas con relativamente poca interferencia del estudio, lo que le permitió mantener su visión a pesar de los títulos de películas sensacionalistas que le dieron, centrándose en ominosas sugerencias y temas de ambivalencia existencial.

Lewton siempre escribió la versión final de los guiones de sus películas, pero evitó la acreditación como coautor en pantalla excepto en dos casos, “El ladrón de cadáveres” y “Bedlam”, para los que utilizó el seudónimo de «Carlos Keith», que había utilizado anteriormente para las novelas “4 esposas”, “Una mujer que ríe”, “Este tonto”, “Pasión” y “Donde canta la cobra”. Después de que RKO promoviera a Tourneur a la realización de películas A, Lewton dio sus primeras oportunidades en la dirección a Robert Wise y Mark Robson.

Cuando en 1946 falleció el jefe de la RKO y defensor de Lewton, Charles Koerner, el estudio sufrió cambios en el personal y la administración, lo que finalmente dejó a Lewton en el paro y con problemas de salud después de sufrir un ataque cardíaco leve. A través de sus contactos, reescribió un guión no empleado basado en la vida de Lucrecia Borgia. A la actriz Paulette Goddard de los estudios Paramount le gustó especialmente el tratamiento de Lewton y, a cambio del guión, a Lewton se le dio empleo hasta julio de 1948. (La película de Goddard “La máscara de los Borgia”, reescrita en gran medida, se estrenó en 1949). Mientras estaba en la Paramount, Lewton también produjo la película “My Own True Love”, estrenada en 1949.

Después de su asociación con Paramount, Lewton volvió a trabajar para la MGM, donde produjo la película de Deborah Kerr “Please Believe Me”, estrenada en 1950. Durante este tiempo, Lewton intentó establecer una productora independiente con sus ex protegidos Wise y Robson, pero cuando surgió un desacuerdo sobre qué película producir primero, Lewton fue expulsado. Lewton pasó un tiempo trabajando en su casa en un guión sobre las famosas batallas de la Guerra de Independencia Estadounidense en Fort Ticonderoga. Los estudios Universal le hicieron una oferta por su trabajo y, aunque no se utilizó el guión, a Lewton se le asignó la función de productor en la película “Apache Drums”, estrenada en 1951. Esta película generalmente se considera la película más parecida a las anteriores películas de terror de Lewton en la RKO.

El productor Stanley Kramer le hizo una oferta a Lewton para trabajar como ayudante de producción de una serie de películas en los estudios Columbia. Lewton de despidió de la Universal y comenzó a prepararse para trabajar en la película “My Six Convicts”, pero después de sufrir problemas de cálculos biliares, tuvo el primero de dos ataques cardíacos que lo debilitaron tanto que murió en el Centro Médico Cedars-Sinai en 1951 a la edad de 46 años. Al año siguiente, Kirk Douglas protagonizó “Cautivos del mal”, en la que su personaje se basaba en parte en Lewton.editado 11:32

Val Lewton (May 7, 1904 – March 14, 1951) was a Russian-American novelist, film producer and screenwriter best known for a string of low-budget horror films he produced for RKO Pictures in the 1940s. His son, also named Val Lewton, was a painter and exhibition designer.

In 1942, Lewton was named head of the horror unit at RKO studios at a salary of US$250 per week. He would have to follow three rules: each film had to come in under a US$150,000 budget, each was to run under 75 minutes, and Lewton’s supervisors would supply the film titles.

Lewton’s first production was Cat People, released in 1942. The film was directed by Jacques Tourneur, who subsequently also directed I Walked With a Zombie and The Leopard Man for Lewton. Made for US$134,000, the film went on to earn nearly US$4 million and was the top moneymaker for RKO that year. This success enabled Lewton to make his next films with relatively little studio interference, allowing him to fulfill his vision despite the sensationalistic film titles he was given, focusing on ominous suggestion and themes of existential ambivalence.

Lewton always wrote the final draft of the screenplays for his films, but avoided on-screen co-writing credits except in two cases, The Body Snatcher and Bedlam, for which he used the pseudonym “Carlos Keith,” which he had previously used for the novels 4 Wives,A Laughing Woman,This Fool, Passion, and Where the Cobra Sings. After RKO promoted Tourneur to A-films, Lewton gave first directing opportunities to Robert Wise and Mark Robson.

When RKO head and Lewton supporter Charles Koerner died in 1946, the studio went through personnel and management upheavals, ultimately leaving Lewton unemployed and in ill health after suffering a minor heart attack. Through connections, he rewrote an unused screenplay based upon the life of Lucrezia Borgia. Actress Paulette Goddard at Paramount Studios particularly liked Lewton’s treatment, and in exchange for the script Lewton was given employment through July 1948. (The Goddard film Bride of Vengeance, heavily rewritten, was released in 1949.) While at Paramount, Lewton also produced the film My Own True Love, released in 1949.

Following his association with Paramount, Lewton worked again for MGM, where he produced the Deborah Kerr film Please Believe Me, released in 1950. During this time, Lewton attempted to start an independent production company with former protégés Wise and Robson, but when a disagreement over which property to produce first arose, Lewton was kicked out. Lewton spent time at home working on a screenplay about the famous American Revolutionary War battles at Fort Ticonderoga. Universal Studios made an offer on the work, and though the screenplay was not used, Lewton was given producer duties on the film Apache Drums, released in 1951. This film is usually considered the film most like Lewton’s earlier RKO horror films.

Val Lewton

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Hugo Geronimo Fregonese (8 de abril de 1908, Mendoza – 11 de enero de 1987, Tigre) fue un director de cine y guionista argentino que trabajó tanto en Hollywood como en su país natal.

Debutó como director en 1943. En 1949 dirigió “Apenas un delincuente”. La mayoría de las películas estadounidenses de Fregonese fueron westerns y melodramas criminales, como “Man in the Attic” (1953) y “Martes negro” (1954). Trabajó con actores de renombre mundial como Gary Cooper, Barbara Stanwyck, Anthony Quinn, Edward G. Robinson, Luisa Vehil, Víctor Laplace, Soledad Silveyra, Paul Naschy y Joel McCrea, entre otros.

Por dirigir la película, ahora casi olvidada, “My Six Convicts” (1952), Fregonese fue nominado para el Premio del Sindicato de Directores de América a la Mejor Dirección – Largometraje.

Ex periodista deportivo, Fregonese asistió a la Universidad de Columbia en 1935 y luego fue contratado como asesor técnico para películas con temas latinoamericanos. Para 1938, estaba nuevamente viviendo en Argentina. Allí trabajó como montador, ayudante de dirección y director de cortometrajes antes de marcharse a Hollywood, donde desarrolló gran parte de su carrera como director de largometrajes.

Fregonese y la actriz Faith Domergue se casaron en secreto en Ciudad Juárez el 8 de octubre de 1947, horas después de que ella se divorciara allí del director de orquesta Teddy Stauffer. Su primera hija, Diana María, nació el 1 de enero de 1949 en Buenos Aires. Su segundo hijo, John Anthony, nació el 22 de agosto de 1951 en Los Ángeles. John, que se convirtió en planificador urbano, murió en el que habría sido el 94 cumpleaños de su madre. La pareja se separó dos veces antes de que a Domergue se le concediera el divorcio de mutuo acuerdo el 24 de junio de 1958.

En sus últimos años, Fregonese dirigió algunas películas en Europa. En 1971 regresó a Argentina, donde continuó haciendo películas. Mientras vivía en la ciudad de Tigre, Fregonese sufrió un infarto y murió el 17 de enero de 1987.

Hugo Geronimo Fregonese (April 8, 1908 in Mendoza – January 11, 1987 in Tigre) was an Argentine film director and screenwriter who worked both in Hollywood and his home country.

He made his directorial debut in 1943. In 1949, he directed Apenas un delincuente. Most of Fregonese’s American films were Westerns and crime melodramas, like Man in the Attic (1953) and Black Tuesday (1954). He worked with worldwide renowned actors such as Gary Cooper, Barbara Stanwyck, Anthony Quinn, Edward G. Robinson, Luisa Vehil, Víctor Laplace, Soledad Silveyra, Paul Naschy, and Joel McCrea, among others.

For directing the now-almost forgotten film My Six Convicts (1952), Fregonese was nominated for the Directors Guild of America Award for Outstanding Directing – Feature Film.

Hugo Geronimo Fregonese (April 8, 1908 in Mendoza – January 11, 1987 in Tigre) was an Argentine film director and screenwriter who worked both in Hollywood and his home country.

He made his directorial debut in 1943. In 1949, he directed Apenas un delincuente. Most of Fregonese’s American films were Westerns and crime melodramas, like Man in the Attic (1953) and Black Tuesday (1954). He worked with worldwide renowned actors such as Gary Cooper, Barbara Stanwyck, Anthony Quinn, Edward G. Robinson, Luisa Vehil, Víctor Laplace, Soledad Silveyra, Paul Naschy, and Joel McCrea, among others.

For directing the now-almost forgotten film My Six Convicts (1952), Fregonese was nominated for the Directors Guild of America Award for Outstanding Directing – Feature Film.

A former sports journalist, Fregonese attended Columbia University in 1935, and then was hired to be a technical advisor for films with Latin American themes. By 1938, he was again living in Argentina. There he worked as an editor, assistant director, and short film director before heading to Hollywood, where he developed much of his career as a feature film director.

Fregonese and actress Faith Domergue were married in secret in Ciudad Juárez on October 8, 1947, hours after she divorced bandleader Teddy Stauffer there. Their first child, Diana Maria, was born on January 1, 1949, in Buenos Aires. Their second child, John Anthony, was born on August 22, 1951, in Los Angeles. John, who became an urban planner, died on what would have been his mother’s 94th birthday. The couple separated twice before Domergue was granted an uncontested divorce on June 24, 1958.

In his later years, Fregonese directed some pictures in Europe. In 1971 he returned to Argentina, where he continued to make films. While living in the city Tigre, Fregonese suffered a heart attack and died on January 17, 1987.

Hugo Fregonese

Apache Drums (1951)

“Apache Drums” es una película del oeste estadounidense de 1951 dirigida por Hugo Fregonese y producida por Val Lewton. El drama presenta a Stephen McNally, Coleen Gray y Willard Parker. La película se basó en una historia original, “Stand at Spanish Boot”, de Harry Brown. “Apache Drums” fue la última película que produjo Val Lewton antes de su muerte.

Cuando se estrenó la película, The New York Times le dio a la película una crítica ambivalente : «”Apache Drums” es un viaje tenso y emocionante cuando sus indios pintados de verde y rojo, aullando y lamentándose, cabalgan para atacar o literalmente muerden el polvo con golpes auténticos». Cuando locuazmente evalúa a sus protagonistas, es, para referirse a uno de ellos como “un poco aburrido y manso”».

Recientemente, el crítico de cine Dennis Schwartz evaluó la película favorablemente: «Es el tipo de western B espectacular donde la caballería llega justo a tiempo para rescatar a los blancos del ataque de los indios. El director Hugo Fregonese (“Untamed Frontier”) hace un guiño al ojo de Lewton para los detalles y la fotografía sombría… David Chandler presenta un guión nítido, siempre tenso y lleno de emocionantes secuencias de acción, excepto cuando hace que las cosas se vuelvan demasiado parlanchinas, lo que suaviza la narrativa con un aburrida enemistad romántica de telenovela… Algo lo suficientemente bueno para un western tan modesto, que muestra que se necesita de todo para ser valiente y que la peor situación puede sacar lo mejor de un hombre.»

La reseña de Time Out London también fue elogiosa: «Bellamente puesta en escena por Fregonese, especialmente el ataque culminante a la iglesia donde los supervivientes resisten, con apaches pintados que entran en erupción a través de las ventanas superiores como demonios del infierno. La última producción de Val Lewton, está llena de toques inmediatamente reconocibles de su serie de películas en la RKO: la sutil ambivalencia que socava las actitudes y los principios éticos, la postura generosa contra el racismo, la preocupación por la infancia (el jugador distrae a los niños asustados con una exhibición de juegos de manos), elcariño por las canciones tradicionales (los niños encabezaron un coro de ‘Oranges and Lemons’; el ministro contrarrestó el canto apache al lanzarse a ‘The Men of Harlech’).»

Apache Drums is a 1951 American Western film directed by Hugo Fregonese and produced by Val Lewton. The drama features Stephen McNally, Coleen Gray, and Willard Parker. The film was based on an original story: Stand at Spanish Boot, by Harry Brown. Apache Drums was the last film Val Lewton produced before his death.

When the film was released The New York Times gave the film a mixed review and wrote, “Apache Drums is tense and exciting fare when its green and red-painted Indians, yelping and keening, ride to attack or literally bite the dust with authentic thuds. When it is loquaciously appraising its principals, it is, to quote one of them, ‘kind of dull and tame.'”

Recently, film critic Dennis Schwartz reviewed the film favorably, writing, “It’s the kind of effective kickass B western where the cavalry comes in the nick of time to rescue the white folks from the attacking Indians. Director Hugo Fregonese (Untamed Frontier) gives a nod to Lewton’s eye for detail and shadowy photography…David Chandler turns in a crisp screenplay that’s always tense and filled with exciting action sequences except when he keeps things too chatty, which tamps down the narrative with a dull soap opera romantic feud…Pretty darn good stuff for such a modest western, showing that it takes all kinds to be brave and that the worst situation might bring out the best in a man.”

Time Out London’s review was also complimentary, writing, “Beautifully staged by Fregonese, especially the climactic attack on the church where the survivors make their stand, with painted Apaches erupting through the high windows like demons from hell. Val Lewton’s last production, it is full of touches instantly recognisable from his RKO series: the subtle ambivalence undermining attitudes and ethical principles, the generous stance against racism, the concern for childhood (the gambler distracts the frightened kids with an exhibition of sleight of hand), the love of traditional songs (the kids led into a chorus of ‘Oranges and Lemons’; the minister countering the Apache chanting by launching into ‘The Men of Harlech’).”

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“Es una película del oeste producida por Val Lewton, el productor ideal para cualquier director; un hombre tímido que estaba un poco aplastado por la maquinaria de Hollywood, pero era un hombre que tenía ideas, que quería hacer cosas de cierta calidad, pero como en Hollywood están todos catalogados, él lo estaba como productor de películas de bajo presupuesto. Él me habló de Apache drums y luchamos para hacer algo dentro de lo limitado del presupuesto. Luego él pasó con Kramer, y me quería llevar con Kramer, pero desgraciadamente murió antes. Era uno de los inadaptados de Hollywood, era un hombre simpatiquísimo y gran intelectual del cine. A él le costó muchísimo trabajo salir de un tipo de películas, porque estaba también catalogado como productor de películas de terror.” – Hugo Fregonese, Film Ideal nº 188, junio-1966

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El mejor western de Fregonese y la última producción de Val Lewton (fue su única película en color). Era evidente que estos dos hombres se iban a entender, pues compartían un temperamento creativo y original, y se mostraban igualmente apasionados por la investigación formal y plástica, siempre que se llevará a cabo con presupuestos ajustados. De ahí, entre otros procedimientos estilísticos empleados, algunas elipsis magistrales que destacan tanto por su economía expresiva (el fuego del pueblo percibido con su reverberación en las ventanas ….) como por su gran intensidad expresiva (por ejemplo, cuando no se nos muestra el cadáver en el pozo). Val Lewton afirmó estar muy satisfecho del trabajo de Fregonese, destacando que el presupuesto fue el más bajo de un largometraje en Technicolor con actores dignos de ese nombre (véase Joel E. Siegel: Val Lewton, Seeker y Warburg , Londres, 1972). Desde un punto de vista psicológico, el retrato de los personajes no carece de sutileza, ya sean vistos como individuos (hay complejidad y ambigüedad en sus motivaciones) o como grupo: su puritanismo, su estrechez de miras, sus prejuicios raciales son el objeto de unas observaciones tan secas como significativas. Pero es sobre todo al final -una secuencia de treinta minutos, soberbia y virtuosa- donde el genio pictórico y dramático de Fregonese irrumpe en la cruel fantasmagoría, llena de destellos barrocos y casi fantásticos. Inmovilizados en un emplazamiento claustrofóbico (lo que resulta paradójico en un género tantas veces consagrado a la exaltación de los espacios abiertos), los acosados de la iglesia ven descender sobre ellos a indios rojos, amarillos o verdes, que se arrojan desde las altas ventanas. Como si fueran apariciones de otro mundo, les traen la muerte antes de sufrirla ellos mismos. Entre esos momentos de violencia, la cámara se desliza, mostrando una poco habitual preocupación por la composición, entre los distintos grupos de asediados que aún intentan defenderse, rezan o se abandonan a la resignación. También el previsible final feliz -la llegada de la Caballería, vista únicamente desde el interior de la iglesia- es original, por su carácter poderosamente onírico, irreal y fantasmagórico. A la angustia y el morbo propios del universo de Val Lewton (recordemos la impresionante sucesión de cadáveres desollados, ahogados o atravesados por una lanza que presenta la trama), Fregonese añadió un esplendor barroco y multicolor. Al mismo tiempo, según su técnica habitual, revitaliza un género recurriendo a paradojas dramáticas y aportaciones externas, ligadas aquí a lo fantástico. Así, hace que lo conocido sea insólito y lo convencional sorprendente.

Jacques Lourcelles
Dictionnaire du Cinéma (Les Films), Éditions Robert Laffont, 1992.
Traducción del francés de José Luis Torrelavega

Meilleur western de Fregonese et dernière production de Val Lewton (dont ce fut le seul film en couleurs). Les deux hommes ne pouvaient que faire bon ménage, étant tous deux d’un tempérament créatif et original et pareillement passionnes de recherches formelles et plastiques, pourvu qu’elles fussent exécutées a peu de frais. D’où, entre autres procèdes stylistiques utilises, quelques ellipses magistrales valant à la fois pour leur aspect économique (l’incendie du village vu dans sa réverbération sur les fenêtres de l’églisse) et leur surcroit d’intensité expressive (la non-présentation du cadavre dans le puits). Val Lewton se déclara très satisfait du travail de Fregonese et souligna que le budget employé fut le plus bas jamais consacre a un long métrage en Technicolor avec des acteurs dignes de ce nom (cf. Joel E. Siegel: «Val Lewton», Seeker et Warburg, Londres, 1972). Sur le plan psychologique, la peinture des personnages ne manque pas de subtilité, qu’ils soient vus en tant qu’individus (complexité et ambigüité de leurs motivations) ou en tant que groupe: leur puritanisme, leur étroitesse d’esprit, leurs préjuges raciaux sont alors l’objet de notations aussi sèches que significatives. Mais c’est surtout au final -un superbe morceau de bravoure de trente minutes- qu’éclate le génie pictural et dramatique de Fregonese dans une fantasmagorie cruelle, pleine d’éclairs baroques et quasi fantastiques. Immobilises dans un lieu claustrophobique (et paradoxal dans un genre voue le plus souvent à l’exaltation des grands espaces), les prisonniers de l’église voient fondre sur eux, tombant des hautes fenêtres, des Indiens rouges, jaunes ou verts. Telles des apparitions surgies d’un autre monde, ils viennent leur apporter la mort avant de la subir eux-mêmes. Entre ces instants de violence, la camera se glisse, avec un rare souci de la composition, entre les différents groupes d’assiégée qui cherchent encore à se défendre ou prient ou s’abandonnent à la résignation. Même le happy end conventionnel – l’arrivée de la Cavalerie vue uniquement de l’intérieur de l’église -redevient original par son caractère puissamment onirique, irréel et fantasmagorique. A l’inquiétude et à la morbidité propres à l’univers de Val Lewton (cf. dans l’intrigue I‘impressionnante succession de cadavres scalpes, noyés, transpercés d’une lance, etc.), Fregonese a su donner une splendeur baroque et multicolore. En même temps, selon sa technique habituelle, il revivifie un genre en recourant a des paradoxes dramatiques et a des apports extérieurs, lies ici au fantastique. Ainsi rend-il le connu insolite et la convention surprenante.

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La música del azar

Apache Drums es la última película en que intervino Val Lewton, uno de los productores más reputados de Hollywood gracias a su ciclo de películas de terror de bajo presupuesto para la RKO en los años 40. Lo primero que destaca en ella es la belleza del color: la paleta de Hugo Fregonese, aquí con Charles P. Boyle como director de fotografía, no es inferior a la de otro antiguo colaborador de Lewton, Jacques Tourneur. No se trata de una causalidad, porque un refinamiento cromático comparable tendrá después The Raid (1954), con otro gran director de fotografía que también trabajó con Tourneur, Lucien Ballard.

Después, si uno lo piensa, llama la atención la estructura de la película. Su exposición, que abarca dos tercios de su longitud, es simétrica. Empieza con un hombre que abre por la mañana la puerta de la iglesia del pequeño pueblo llamado Spanish Boot y barre el polvo del umbral. Vemos desde el interior las primeras imágenes del lugar: una calle solitaria flanqueada por construcciones de adobe y árboles sin hojas; hay dos caballos atados a la entrada del bar, y luego aparece por la derecha un perro, y por la izquierda, dirigiéndose hacia el bar, un mexicano con un par de burros que saluda con el sombrero (no se sabe muy bien si al perro o al hombre que barre en la puerta de la iglesia).

Todo el gran segmento inicial de la película se clausura con el cierre de esa puerta, tras la que los habitantes del pueblo se han refugiado a toda prisa; un pequeño desplazamiento del punto de vista respecto a la toma del inicio muestra a los apaches chiricahua avanzando al galope hacia la iglesia por la calle principal de Spanish Boot.

Todos los caminos de la película confluyen en el interior de la iglesia sitiada, que no abandonaremos ya hasta el final. La clave del western como género no radica tanto en los espacios abiertos como en el conflicto entre el individuo y la comunidad incipiente que asume el papel de civilizar un territorio virgen (aunque no deshabitado); el hogar (la mujer) y la iglesia representan el núcleo inicial de esa comunidad.

Desde el punto de vista argumental, la película juega con soltura con ese conflicto, escenificado aquí en la relación del jugador cínico al que encarna Stephen McNally (un hombre tan masculino que, según los recuerdos de Fregonese, era incapaz de hacer dos cosas al mismo tiempo, por ejemplo, coger un sombrero y decir dos palabras) y Sally (Coleen Gray, que encarnó a la novia perdida de John Wayne en Río Rojo). Nadie como un jugador comprende hasta qué punto el azar rige nuestras vidas. Como él mismo aprendió con el ejemplo de su padre, el trabajo honrado no siempre recibe la recompensa de la hormiga de la fábula; y, al contrario, ante ciertos encuentros o sucesos decisivos, es difícil sustraerse a la sensación de que se nos dan gratuitamente, sin haber hecho nada por merecerlos. Él se va transformando por amor, pero también ella (a la que se ofrece como alternativa otro modelo de hombre: el herrero y alcalde del pueblo interpretado por Willard Parker) comprende que el temple y la osadía del jugador que no se da por vencido antes de terminar la partida (1) pueden resultar más ventajosos que la rigidez del hombre honrado ‒en el fondo no menos egoísta que el truhan, pero sí más intolerante.

La injusticia y los prejuicios acompañan también al párroco galés interpretado por el gran Arthur Shields: un personaje que, como los demás, es capaz de evolucionar y así se libra de caer en la caricatura. A través de cuatro frases en el prólogo, y de los personajes del teniente del ejército al que interpreta James Griffith y del indio Pedro Peter (Armando Silvestre), la película no se limita a utilizar a los apaches como una fuerza maligna cuya revuelta propulsa la trama, sino que intenta esbozar sus motivos, comprender sus reacciones como producto de una cultura diferente. Todo esto a vuelapluma, pues las limitaciones de duración y presupuesto no dejaban lugar a florituras.

Como decía Stravinsky, las limitaciones crean estilo, impiden que la imaginación creadora se abandone al capricho (una verdad olvidada a menudo tras el triunfo de la “política de los autores”):

“La función del creador es pasar por el tamiz los elementos que recibe, porque es necesario que la actividad humana se imponga a sí misma límites. Cuanto más vigilado se halla el arte, más limitado y trabajado, más libre es.

Por lo que a mí se refiere, siento una especie de terror cuando, al ponerme a trabajar, ante la infinidad de posibilidades que se me ofrecen, tengo la sensación de que todo me está permitido. Si todo me está permitido, lo mejor y lo peor; si ninguna resistencia se me ofrece, todo esfuerzo es inconcebible; no puedo apoyarme en nada y toda empresa, desde entonces, es vana.”

Igor Stravinsky: Poética musical

Hugo Fregonese asumió limitaciones, aunque en su paso intermitente por Hollywood no aceptó todos los proyectos que le ofrecían. En su juventud, aconsejado por un productor, dejó los estudios de publicidad para asistir a una escuela de técnica cinematográfica en Los Angeles, que no cumplió sus expectativas.

“Entonces decidí hacer mis propios cursos: si había una película que me gustaba la iba a ver quince y veinte veces seguidas, todos los días, y entonces trataba de ir al origen de la película, a la novela o el cuento, y como en Estados Unidos se publican todas estas cosas podía seguir una película desde el origen hasta que se llegaba a hacer; la veía muchas veces para aburrirme de la película y solo ver cómo se había realizado. Creo que este sistema propio fue en realidad mi enseñanza.”

Entrevista publicada en el nº 188 de Film Ideal (1966).

Esta anécdota dice mucho sobre Fregonese, y lo cierto es que su método de aprendizaje dio maravillosos frutos. Las películas como Apache Drums, igual que los relatos breves, deben tener una construcción muy estricta: no permiten nada accesorio, nada que no resuene de alguna manera en la estructura general. Sin ceder a la rutina, buscando en todo momento una chispa de vida a través de pequeños detalles no escritos, el director nunca olvida la arquitectura global; mantiene una visión sintética, centrada en ganar la partida y no una mano concreta. No pretendo elaborar una cartografía detallada al modo de Paulino Viota (quien, por cierto, aprendió el oficio de la misma forma que su colega argentino), pero la simetría que he comentado antes no se limita a esa puerta (mucho más olvidada que la que abre y cierra The Searchers): al inicio, en su primera aparición, McNally acaba de disparar a un hombre en el bar, y lo vemos al fondo de un plano amplio, con una potente composición guiada por la diagonal de la barra del bar y las vigas del techo; al final de la primera parte, justo antes de que corran a refugiarse en la iglesia ante el ataque de los apaches, Coleen Gray lo ayuda a soltarse de la barra del bar, a la que lo ha esposado el alcalde, y Fregonese muestra una perspectiva similar, aunque un poco más cercana, con un leve desplazamiento del punto de vista. Es solo otro ejemplo de hasta qué punto la voluntad formal de Fregonese carece de rigidez; de cómo el dinamismo y el cambio de perspectivas son claves en esta película sencilla pero nada simple.

Javier Oliva
Navegando hacia Moonfleet

(1) «Una cierta predisposición a morir no es del todo infrecuente, pero sí lo es dar con hombres cuyos espíritus, revestidos con la armadura impenetrable de la resolución, estén dispuestos a luchar hasta el final en una batalla perdida. El anhelo de paz se va haciendo más fuerte conforme se pierden las esperanzas, hasta que, al final, supera incluso al mismo deseo de vivir.»

Joseph Conrad: Lord Jim (Traducción de José Manuel Benítez Ariza). Ed. Pre-textos. Valencia, 1997.


Traducción de textos: Óscar Oliva