CINEINFINITO / Filmoteca de Cantabria
Sábado 6 de Julio de 2024, 17:00h. Filmoteca de Cantabria
Calle Bonifaz, 6
39003 Santander

Programa:
– Merrily We Go to Hell (1932), 35mm, B/N, sonora, 78 min.
Formato de proyección: DCP (2K / restaurada)
Agradecimiento especial a la Filmoteca de Cantabria
Merrily We Go to Hell (1932)
Un escritor alcohólico está a punto de estrenar su primera obra en Broadway. El hecho de que su antiguo amor sea la protagonista de la obra no gusta nada a su esposa. El último film de Arzner para Paramount fue todo un éxito de público, pero no obtuvo muy buenas críticas y tuvo problemas con la oficina Hays a causa del título –finalmente aceptado–, hecho que no ocurrió en nuestro país ya que estrenó bajo el sorprendente título Tuya para siempre.
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Merrily We Go to Hell es una película pre-Code de 1932 dirigida por Dorothy Arzner y protagonizada por Fredric March y Sylvia Sidney. En el reparto destaca la temprana aparición de Cary Grant, noveno en el reparto, pero con un papel más importante de lo que podría parecer. El título de la película es un ejemplo de los títulos sensacionalistas que eran comunes en la época anterior al código. Muchos periódicos se negaron a publicitar la película debido a su título subido de tono. El título proviene de una frase que dice el personaje de March mientras brinda.
March interpreta a un hombre deshecho por el alcoholismo y el adulterio. Sidney interpreta a su mujer que, al descubrir su adulterio, comienza una aventura con otro hombre.
Mordaunt Hall, crítico de cine de The New York Times, hizo una crítica ambivalente de la película en el momento de su estreno. Hall creía que la película era salvajemente divertida en algunos tramos, y calificó la actuación de los dos protagonistas de "excelente", pero opinaba que las escenas en las que March actuaba como si estuviera borracho no conducían a nada, y que el guión era deficiente. Sin embargo, a pesar de críticas similares, que a menudo señalaban que había sido dirigida por una mujer, la película fue una de las de mayor éxito económico de ese año. Jessie Burns, de Script, criticó el papel de Fredric March en la película por considerarlo poco convincente, aunque opinó que Adrianne Allen demostró su calidad de "estrella" en su interpretación de un personaje por lo demás "artificial".
Merrily We Go to Hell is a 1932 pre-Code film directed by Dorothy Arzner, and starring Fredric March and Sylvia Sidney. The supporting cast features a prominent early appearance by Cary Grant, billed ninth in the cast but with a larger part than this would suggest. The picture's title is an example of the sensationalistic titles that were common in the pre-Code era. Many newspapers refused to publicize the film because of its racy title. The title is a line March's character says while making a toast.
March plays a man undone by alcoholism and adultery. Sidney plays his wife who, when she discovers his adultery, begins an affair with another man.
Mordaunt Hall, film critic for The New York Times, gave the film a mixed review upon its release. Hall believed the film was wildly funny in stretches, and described the acting by the two leads as "excellent", but believed the scenes in which March played intoxicated went nowhere, and that the script was lacking. However, despite similar reviews, which often noted that it had been directed by a woman, the film was one of the more financially successful films that year. Jessie Burns of Script criticised the casting of Fredric March in the film, finding him to be unconvincing, though thought that Adrianne Allen showed her "star" quality in her portrayal of an otherwise "artificial" character.

Dorothy Arzner (1897-1979) fue un caso único en la historia del cine americano, la única mujer que consiguió hacerse una carrera profesional como directora en la época dorada de Hollywood. Considerada hoy una pionera de la integración de la mujer en la industria cinematográfica, sela reivindica como una cineasta con un estilo y personalidad propia que le valieron un indudable prestigio dentro del sistema de estudios de Hollywood.
Nacida en San Francisco, pero criada en Los Ángeles, Dorothy Arzner era hija de los propietarios de un café frecuentado por célebres actores y directores de cine de la época, como Charles Chaplin, William S. Hart o Erich von Stroheim. Tras licenciarse en la Universidad del Sur de California y servir como conductora de ambulancias durante la I Guerra Mundial, Arzner se inició en el mundo del periodismo, pero cuando conoció, gracias a una común amistad, al director William C. DeMille (hermano del célebre Cecil B. DeMille) el rumbo de su vida cambió definitivamente: tras visitar un estudio de rodaje, decidió que quería ser directora de cine. Su primer trabajo en la industria cinematográfica fue como estenógrafa en los estudios Players-Lasky (más tarde Paramount), transcribiendo guiones de películas. Sus habilidades y fuerte voluntad le abrieron el camino hacia trabajos de mayor responsabilidad: redactora de sinopsis, script de rodaje y, finalmente, montadora. Fue en la sala de montaje donde Arzner se ganó una excelente reputación en la industria de Hollywood, trabajando en 52 películas y colaborando asiduamente con el realizador James Cruze. En la célebre película protagonizada por Rudolph Valentino Blood and Sand (Sangre y arena, 1922), Arzner no sólo realizó una brillante labor como montadora, sino que se encargó del rodaje de la segunda unidad en las escenas de las corridas de toros. También colaboró como guionista en algunas de las películas de Cruze.
Arzner presionó a Paramount para que le dejara dirigir una película, amenazando a los directivos del estudio con aceptar una oferta de un estudio rival, Columbia. Finalmente, debutó en la dirección con el film Fashions for Women (La reina de la moda, 1927) y al año siguiente se convirtió en la primera mujer de la historia que dirigió una película sonora, Manhattan Cocktail (1928). Arzner dirigió 15 películas más a lo largo de la década de los treinta y comienzos de los 40, y trabajó con estrellas de Hollywood como Clara Bow, Katharine Hepburn, Fredric March, Rosalind Russell, Claudette Colbert, Maureen O'Hara o Joan Crawford en comedias y melodramas que prestaban una especial atención a los personajes femeninos: The Wild Party (La loca orgía, 1929), Anybody's Woman (La mujer de cualquiera, 1930), Sarah and Son (1930), Honor Among Lovers (Honor entre amantes, 1931), Working Girls (1931), Merrily We Go to Hell (Tuya para siempre, 1932), Christopher Strong (Hacia las alturas, 1933), Nana (La reina del boulevard, 1934), Craig's Wife (La mujer sin alma, 1936) o The Bride Wore Red (1937).
En 1933 fue la primera mujer que ingresó en el Sindicato de Directores de América y fue su único miembro femenino durante varias décadas. También pasó a la historia por haber inventado el micrófono de jirafa, ya que comenzó a emplear un micrófono atado a una caña de pescar en los rodajes de los primeros tiempos del sonoro.
Aunque su nombre cayó progresivamente en el olvido, la carrera de Arzner fue reivindicada en la década de los 60 por los movimientos feministas y fue objeto de varios homenajes, entre ellos el del Sindicato de Directores de América en 1975. Hoy su filmografía no sólo es revalorizada por constituir una insólita excepción en la historia del cine americano, sino por sus valores intrínsecos. Arzner dejó su huella a través de una serie de películas de refinado estilo visual que cuestionaban los tradicionales roles sexuales de la época y el papel de la mujer en la sociedad o que, según algunos críticos, introducían velados subtextos homosexuales en la rígida estructura del Hollywood de la época.

Traducción de texto: Óscar Oliva
