Cineinfinito #196: Swanson & Dwan (III)

CINEINFINITO / CINE CLUB SANTANDER (#337)
Jueves 24 de Marzo de 2022, 19:30h. Fundación Caja Cantabria
Calle Tantín, 25
39001 Santander

Programa:

Stage Struck (1925), 35mm, b/n, silente, 84min.

*Presentación a cargo de José Luis Torrelavega

Formato de proyección: HD

En colaboración con el Cine Club Santander y Fundación Caja Cantabria


Las flappers eran mujeres jóvenes de los años 20 que llevaban minifalda (a la altura de la rodilla se consideraba minifalda en aquella época) y melena corta estilo garçon, escuchaban jazz y alardeaban de su desdén por el comportamiento “aceptable”. Se las consideraba atrevidas porque iban muy maquilladas, bebían alcohol, fumaban en público, conducían, y tenían una actitud informal ante el sexo, entre otras formas de incumplimiento de los códigos sociales y sexuales. A medida que se extendieron los automóviles, las flappers ganaron libertad de movimientos e independencia. Las flappers son iconos de los locos años 20, ese periodo que siguió al fin de la Primera Guerra Mundial, lleno de turbulencias sociales y políticas y de creciente intercambio cultural transatlántico, incluyendo la exportación de la cultura americana del jazz a Europa. Frente a este movimiento contracultural se produjo una reacción de los sectores más conservadores, principalmente de personas de más edad, que sostenían que las flappers iban “casi desnudas”, y que eran “frívolas”, “insensatas” y estúpidas.

Flappers were a subculture of young Western women in the 1920s who wore short skirts (knee height was considered short during that period), bobbed their hair, listened to jazz, and flaunted their disdain for what was then considered acceptable behavior. Flappers were seen as brash for wearing excessive makeup, drinking alcohol, smoking cigarettes in public, driving automobiles, treating sex in a casual manner, and otherwise flouting social and sexual norms. As automobiles became available, flappers gained freedom of movement and privacy. Flappers are icons of the Roaring Twenties, the social, political turbulence and increased transatlantic cultural exchange that followed the end of World War I, as well as the export of American jazz culture to Europe. There was a reaction to this counterculture from more conservative people who belonged mostly to older generations. They claimed that the flappers’ dresses were ‘near nakedness’, and that flappers were ‘flippant’, ‘reckless’, and unintelligent.

Russell Patterson

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Gloria Swanson (Chicago, 27 de marzo de 1899-Nueva York, 4 de abril de 1983) fue una actriz de cine y productora estadounidense, ganadora de un Globo de Oro y candidata al premio Óscar en tres ocasiones.

En la década de 1920 brilló como una de las principales estrellas del cine mudo, colaborando con figuras como Rodolfo Valentino, Cecil B. DeMille y Erich Von Stroheim, y fue una de las actrices más glamurosas y polémicas por sus extravagantes lujos y agitada vida amorosa; a lo largo de su vida sumó seis matrimonios y varios romances muy comentados por la prensa. En pocos años rodó más de veinte filmes y en 1929 fue nominada en la primera edición de los premios Oscar por La frágil voluntad (Sadie Thompson). En su etapa de apogeo con la compañía Paramount gozó de un salario anual de un millón de dólares, suma colosal para la época; pero la irrupción del cine sonoro la llevó a perder súbitamente el favor del público, como ocurrió a casi todas las estrellas del momento. Se retiró del cine a los 35 años de edad, aunque siguió trabajando en radio y televisión, y a edad madura reapareció triunfalmente en la gran pantalla con Sunset Boulevard (1950) de Billy Wilder.

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Allan Dwan (Joseph Aloysius Dwan): Toronto, 3 de abril de 1885 – Los Ángeles, 28 de diciembre de 1981) fue uno de los pioneros directores, productores y guionistas del cine. Logró adaptarse al cine sonoro con brillantez y descubrió a muchas actrices. Es uno de los verdaderos grandes, por muy modesto que fuera, según el autor Miguel Marías.

Allan Dwan / René Hubert / Gloria Swanson

Stage struck (1925)

Stage Struck fue la última de las siete películas que unieron a Allan Dwan y Gloria Swanson entre 1923 y 1925, una serie que mostramos en este ciclo, previamente, con Zaza y Manhandled. Los dos se adoraban, como es bien sabido en parte por lo que dijeron el uno del otro muchos años después -Dwan en las conversaciones con Bogdanovich, Swanson en su autobiografía- y por lo que puede leerse en Allan Dwan y The Rise and Decline of the Hollywood Studios de Frederic Lombardi, donde se arrojan, discretamente, algunos leños al fuego del antiguo rumor de que habría brotado un romance entre ellos. Algo que merece ser evocado con el fin de reforzar la idea de que este período de dos años de asidua colaboración fue una época extraordinariamente feliz para ambos, una felicidad que exhiben las películas.

La “separación” tras Stage Struck no fue definitiva. Se debió al deseo de Swanson, en el apogeo de su “superestrellato”, de correr tras los cantos de sirena de United Artists, que le ofrecía un fabuloso contrato y la posibilidad de ser su propia productora, lo que significaba una libertad casi total. Pero, por usar las dulces palabras de Dwan en la conversación con Bogdanovich, “las cosas no le fueron muy bien”, empezando por el fiasco financiero de su aventura con Stroheim en Queen Kelly, y ya en 1930, el de otra película de producción propia que “tampoco fue muy bien”, What a Widow!. Fue a Dwan a quien pidió ayuda una vez iniciado el rodaje, y es el nombre de Dwan el que aparece como director en esa película, y aunque él se subió al tren en marcha, esa película quedó como la última colaboración de Dwan y Swanson.

La despedida, aunque temporal, fue magnífica. Stage Struck ofrecía una gran novedad para aquella época en la que aún faltaban dos años para la llegada del sonido: fue una de las primeras experiencias, al menos en la producción habitual de Hollywood, con el color, a través de un proceso rudimentario de Technicolor llamado «Technicolor de dos tiras» («two-strip Technicolor») y utilizado en las secuencias de apertura y cierre. Incluso se dice que el proyecto inicial contemplaba el rodaje completo en este arcaico Technicolor -que, pese a ser arcaico, era extraordinariamente caro, poniendo a Paramount en un dilema: o pagaba los colores, o pagaba el ya astronómico salario de Gloria Swanson. Se optó por no recortar el sueldo de Gloria, y se redijeron los colores al prólogo y al epílogo, bellamente plasmados en la espléndida copia que vamos a mostrar.

Es bastante curioso, dado el carácter pionero de la idea, que los colores de Stage Struck no aparezcan como soporte del “realismo”, sino todo lo contrario: los colores “surgen” desde la fantasía y el sueño, que es lo que toda la secuencia de apertura (un prodigio de “exotismo” teatral, con la Swanson pasando por la legendaria Salomé en unos decorados que revelan el gusto de Dwan por la artificialidad a gran escala) resulta ser sólo el sueño de grandeza de la camarera de un restaurante frecuentado por trabajadores. Dwan y Swanson, por lo tanto, extienden, y con toda la ironía subyacente, lo que ya habían hecho en Manhandled: hacen pasar a la Swanson, epítome del glamour de Hollywood, por una chica común en un entorno popular.

Las aventuras de Swanson “entre la gente”, que en esa película se mostraban, por ejemplo, en las secuencias en el metro, tienen un equivalente aquí en sus peripecias entre bandejas y mesas en un restaurante abarrotado, mostrando una vez más que Swanson era, de hecho, una “estrella de cine total”, incluyendo un poco de Chaplin (y así justifica sus desastres, “sólo tratando de ser graciosa”), con un clímax final en un combate de boxeo que no menospreciaría el autor de The Champion o la futura City Lights. Pero todo ello es llevado a un pequeño paroxismo, bastante meta, por los incidentes narrativos, que coloca a Swanson en la piel de una aspirante a “gran actriz”, en parte por deseo propio, en parte por despecho (su novio está fascinado por las movie stars, y luego se enamora de una actriz que Gertrude Astor hace parecer lo más irritante y desagradable posible). Esto da un gran momento de creatividad escenográfica: la escena en la que descubre la habitación de su novio, con sus paredes artesonadas, casi una “instalación”, con pequeñas imágenes de actrices famosas, y donde, de forma realista, no podía faltar una foto de Gloria Swanson; y un gran momento de comedia autorreferencial, cuando Swanson comienza a aprender a ser actriz a la manera del “hágalo usted mismo”, siguiendo las instrucciones (o el guión) que encuentra en un libro. ¿Una gran actriz haciéndose pasar por una mala actriz? El resultado se puede ver ahí: tienes a la peor actriz del mundo, pero también a la actriz más divertida del mundo.

Luís Miguel Oliveira (Cinemateca Portuguesa)

Stage Struck foi o último dos sete filmes que reuniram Allan Dwan e Gloria Swanson entre 1923 e 1925, urna   série de  que  neste  ciclo  mostrámos,   para   além  do  título   desta   sessao,  Zaza   e Manhandled.  Os dois adoravam-se, como é sabidoa partir do que disseram  um do outro muitos anos mais tarde – Dwan  nas  conversas  com Bogdanovich,  Swanson na  sua autobiografia  – e em Allan   Dwan   and   the  Rise   and  Decline   of  the  Hollywood   Studios   Frederic   Lombardi   atira discretamente  algumas  achas para  a fogueira  do rumor  (antigo)  que sugere que alguma  coisa  de cariz romantico teria sucedido entre eles. Rumor que merece ser evocado apenas para reforc;ar que este período  de dois  anos  de colaborac;ao  assídua  foi urna  época  extraordinariamente  feliz para ambos,  urna  felicidade  que  os  filmes  exibem. A  «separac;ao»  a  seguir  a  Stage  Struck  nem  foi definitiva.  Correspondeu a vontade de Swanson, no píncaro da sua «superstardom»,  correr atrás da sereia da United Artists, que lhe oferecia um contrato fabuloso e a possibilidade de ser produtora dela própria, o que significava urna liberdade total ou quase total. Mas, para usar as palavras meigas que Dwan usou na conversa com Bogdanovich, «as coisas nao lhe correram lá  muito bem»,  a comec;ar pelo fiasco financeiro da sua aventura com Stroheim em Queen Kelly, e já em  1930, entalada com outro filme auto-produzido que também nao estava a «correr lá muito bem», What a Widow!, foi a Dwan que pediu ajudajá comec;ada a rodagem, e nesse filme é o nome de Dwan que figura como realizador, embora ele tenha apanhado o comboio em andamento. Mas ficou, esse sim, como a derradeira colaborac;ao Dwan/Swanson.

A despedida, ainda que provisória, foi em grande. Stage Struck tinha urna novidade de monta para aquela época em que ainda faltavam dois longínquos anos para a chegada do som:  urna das primeiras experiencias, pelo menos na produc;ao corrente de Hollywood, com a cor, através de um processo rudimentar de Technicolor, o «two-strip Technicolor», empregue  nas  sequencias  de abertura e de fecho. Diz-se, até, que o projecto inicial contemplava a rodagem integral nesse Technicolor arcaico – que sendo arcaico era extraordinariamente dispendioso, pondo  a Paramount perante um dilema: ou pagava as cores, ou pagava o salário, já astronómico, de Gloria Swanson. Escolheu-se nao cortar no salário de Gloria, e em vez disso cortar nas cores, reduzidas ao prólogo e ao epílogo, ·maravilhosamente restituídas na esplendorosa cópia que vamos exibir. É bastante curioso, dado o carácter pioneiro da empresa, que as cores em Stage Struck nao apare9am como um suporte do «realismo», mas exactamente do seu contrário: as cores  «entram» pelo  lado  da fantasía e do sonho, que é o que toda a sequencia inicial (urn prodígio de «exotismo» teatral, com Swanson a passar pela lendária Salomé em cenários que revelam o gosto de Dwan pelos décors de um artificialismo em grande escala) revela ser, apenas o sonho de grandeza de urna empregadita de um restaurante frequentado por operários. Dwan e Swanson prolongam, portanto,  e com toda  a ironia subjacente, o que já tinham feito em Manhandled, fazer Swanson, epítome do glamour hollywoodiano, passar por urna rapariga comum vinda de beryo popular. As peripécias de Swanson «entre o povo» que nesse filme eram por exemplo as cenas no metropolitano tem aqui o equivalente nas aventuras dela comas bandejas e as mesas do restaurante apinhado – mais urna vez mostrando cabalmente que Swanson era de facto, urna «total film star», incluindo urn pouco de Chaplin (e é justamente assim que ela justifica os seus desastres, «just trying to be funny»), com climax, no final, nurn combate de boxe que nao desmereceria o autor de The Champion ou do entao ainda por vir City Lights. Mas tudo é levado a um pequeno paroximo, bastante «meta», pelas incidencias narrativas, que poe Swanson na pela de urna aspirante a «grande actriz», em parte por  desejo próprio, em parte por despeito (o namorado é fascinado por «movie stars», e depois encanta-se por urna actriz que Gertrude Astor faz parecer tao irritantemente obnóxia quanto possível). lsto dá um grande momento de criatividade cenográfica: a cena em que ela descobre o quarto do namorado, de paredes forradas, quase urna «instala9ao», com pequenas imagens de actrizes famosas, aonde realisticamente nao poderia faltar urna Gloria Swanson; e um  grande momento de comédia auto­ referencial, quando Swanson come9a a aprender a ser actriz ao modo «do it yourself’, seguindo as instru9oes (ou o argumento) que encontra num livro. Urna grande actriz  a fingir que é urna má actriz? O resultado ve-se aí: tem-se a pior actriz do mundo, mas também a actriz mais engra9ada do mundo.

Luís Miguel Oliveira (Cinemateca Portuguesa)


Traducción del texto: José Luis Torrelavega