Cineinfinito #182: Jack Garfein (I)

CINEINFINITO / PUNTOS DE FUGA (#1)
Jueves 2 de Diciembre de 2021, 22:00h. Cine Los Ángeles
Calle Ruamayor, 6
39008 Santander

Programa:

The Strange One (1957), 35mm (1:1,85), B&N, sonora,100 min.

*Presentación a cargo de José Luis Torrelavega


Jack Garfein: Deportado a Auschwitz a la edad de diez años, condiscípulo de Marlon Brando y discípulo de Elia Kazan, del que fue ayudante en Baby Doll, director de vanguardia en Broadway, convenció a su amigo Calder Willingham (uno de los guionistas de Paths of Glory) para que llevara a la escena su novela End As a Man, que describía con amargura el universo reconcentrado sometido a un nazismo latente de una escuela militar norteamericana. Garfein aceptó rodarla para Sam Spiegel con el título de The Strange One. Discutible en su expresión cinematográfica, a menudo desmedida, pero apasionante en su discurso de patética sinceridad, el film resultó un fracaso comercial, lo que decepcionó a su autor. En 1961 volvió de nuevo a la dirección de cine con Something Wild, una película extraña, conmovedora, un film que no se parece a nada y, sobre todo, a ninguna película norteamericana, que narra la historia de una joven traumatizado por una violación y sus difíciles relaciones con un hombre solitario y algo loco que le ha salvado del suicidio. Las primeras escenas (después de la violación), totalmente mudas, eran fascinantes y el espectador se quedaba hasta el final curiosamente hechizado por esta insólita aventura. Desgraciadamente Garfein parece haber renunciado definitivamente al cine. En estos últimos años, enseñaba arte dramático en París.

Bertrand Tavernier y Jean-Pierre Coursodon50 Años de cine Norteamericano (1991).

***

Algunas declaraciones de Jack Garfein:

Francamente, no me han ofrecido ninguna película desde Something Wild; ni siquiera se estrenó en Chicago, ni en buena parte de otras grandes ciudades de Estados Unidos. Fui a Europa para el estreno de la película en Estocolmo, y los titulares de prensa decían: “¿Es Jack Garfein el Ingmar Bergman americano?” En Italia, Alberto Moravia escribió sobre la película y, en general, los críticos europeos le prestaron atención. No soy lo que se dice un principiante. The Strange One es de 1957. Conocí a Guy Green en Nueva York, y cuando le dijeron que era el director de Something Wild, se sorprendió mucho y me preguntó: “¿Por qué no hace más películas?” Tuve que reírme al pensar en qué contestar a esta pregunta.

(…)

Nací en Europa. Llegué aquí en 1946 después de ser liberado del campo de Belsen. Ahora siento que la clase de películas que me interesa no se puede hacer aquí. No me interesa que mis películas ganen millones de dólares. En mi última película contraté a Shuftan para trece semanas, y mi presupuesto fue de unos 350.000 dólares, pero tuve la sensación de que había que hacer la película porque era posible rodar en habitaciones, y que gran parte de las limitaciones podían convertirse en ventajas. Si tienes actores que pretenden ser utilizados como personas, y no como estrellas, puedes hacer algo. Esto es lo que me preocupa en las grandes producciones americanas. No necesitas un montón de personal de vestuario, etc., moviéndose por ahí, siguiendo a las estrellas y todo eso. Hay muchas personas innecesarias en torno a todo esto, lo que me parece de muy mal gusto y crea una atmósfera de inmoralidad; los actores se convierten en maniquíes. 

(…)

 Espero que se esté desarrollando un nuevo público, y que el éxito de las películas extranjeras sea un signo de esto. Lo que me preocupa es que a veces, para llegar a ser parte de este régimen que busca héroes en todas las películas americanas, los muchachos tienen que hacer lo obvio. No tienen ningún punto de vista; no pueden estar conectados con los jefes del estudio y hacer películas que rompan tabúes. No hay suficientes malas películas interesantes, no hay nadie en producción que diga: “Quiero hacer algo nuevo” (…) América es el país más contemporáneo del mundo, cada ciudad y cada población tiene el siglo XX estampado. En Nueva York tienes a Rubinstein dando un concierto y calle abajo una América punzante que sigue virgen para el cine. Ni siquiera han mostrado aún Hollywood en la pantalla; hace unas semanas conocí a una chica, guapa, de no más de 20 años, y una mirada tremendamente inocente, sentada en una cafetería. ¡Y resulta que había tenido seis abortos! ¿Qué significa Hollywood para ella? ¿Su historia podría mostrarse como parte de Hollywood, junto con la violencia y la monstruosidad del mundo de los jóvenes desconocidos que luchan por salir adelante y, en el nivel superior, la gente rica del cine cuya única comunicación con la naturaleza es a través del sexo? Nada de esto se ha tocado, dicho o visto en las películas. Sí se ha mentido sobre esto, pero nada más. Las películas de Hollywood son imágenes y sus diosas no pueden aspirar a ser humanas; Hollywood es sin duda una parte de América, pero sus imágenes son lo que los productores piensan que América quiere ver. Todo son súper-personajes, súper-escenarios y no sé por cuánto tiempo permanecerá este carrusel. Ahora comprendo por qué a las boleras les va tan bien el negocio. Miras a cualquiera de estos hombres: nada les importa, y estoy convencido de que el dinero puede hacer cosas maravillosas o convertirse en la corrupción suprema. Beverly Hills es un buen sitio para vivir porque es muy agradable a la vista, pero hay que admitir que está completamente separado de la vida americana. La mayor parte de nuestros grandes productores vive aquí, y esos son los hombres que tratan de mostrar la vida americana, su sentido del humor, sus tragedias, pero a través de sus ojos. ¿Sabe a quién se echó la culpa del fracaso de la película Los hermanos Karamazov? ¡A Dostoievsky! Es veneno para la taquilla, así que recuerde mis palabras: ¡no habrá otra película sobre Dostoievsky hecha en Hollywood en los próximos veinte años!

Jack Garfein / Albert JohnsonJack Garfein: An Interview
Film Quarterly, Vol. 17, # 1 (otoño de 1963)

Jack Garfein / Carroll Baker

The Strange One

Cuando aparece un libro, una obra de teatro o una película que trata sobre una personalidad completamente fuera de lo ordinario, inevitablemente la crítica amante de la sociología lo clasifica como el estudio de un caso. Este ha sido el destino de The Strange One ‒y nada podría ser más impreciso. Aunque su personaje central es claramente un sádico, no se trata de una pieza pseudo-científica sino solo de una película, y una película muy buena.

Pero es fácil de entender la tranquilidad que supone para el crítico pegarle cualquier clase de etiqueta a la película. El director, Jack Garfein, y el guionista, Calder Willingham ‒que reelaboró su propia novela de 1947 y su obra para Broadway de 1953, ambas tituladas End As a Man‒ no parecen nada deseosos de hacerlo ellos mismos, y esto puede resultar exasperante para algunos. Lo único que se puede decir con certeza es que, en un estilo que consigue en gran medida la espontaneidad de un documental de primer orden, presentan una historia centrada en la carrera de un tal Jocko De Paris, cadete en una escuela militar del Sur. Movido en apariencia por impulsos sádicos de su propia naturaleza, De Paris, con la ayuda involuntaria de otros cuatro cadetes, diseña un plan contra un quinto estudiante de la escuela. El plan consiste en golpearlo hasta dejarle inconsciente, verter una botella de whisky por su garganta, y depositarlo en el patio, donde lo encontrarán y será expulsado. Esto dará lugar a la desmoralización de toda la academia, y finalmente pondrá fin a la propia carrera de De Paris.

Garfein y Willingham se limitan a presentar los hechos desnudos de la historia, y evitan construir ningún marco de referencia que pudiera ayudar a interpretarla. Aunque en muchos aspectos se trata de un puro thriller, la película pide a gritos una interpretación. No obstante, esta necesidad no desmerece la calidad de la película, sino que añade una dimensión extra a su atractivo. Si se me permite un poco de jerga sociológica de mi cosecha, la historia de De Paris parece representar en definitiva el conflicto entre una sociedad rígidamente organizada y uno de sus miembros que es clara y deliberadamente inadmisible.

Cualquiera que sea su “significado”, The Strange One constituye sin duda un gran logro técnico. La dirección de Garfein es brillante. Con un fino sentido de la cadencia, construye cuidadosamente las escenas para extraer de ellas la máxima tensión posible; y aunque esta es su primera película, su trabajo con la cámara, con un amplio uso de inquisitivos primeros planos, es propio de un maestro. Igualmente lograda es la actuación de Ben Gazzara, que en su primera película hace de De Paris una figura intensa y, aunque no precisamente digna de aprecio, fascinante.

Thomas K. Schwabacher (The Harvard Crimson, 16.05.1957)

La clave es que el mal existe porque está ahí y no es posible explicar a Hitler a partir de su padre y su madre o su vida doméstica; hay que explicar la poética de vivir tanto del héroe como del monstruo, pero tratar de hacer esto para alguien como Jocko De Paris, el protagonista de The Strange One, podría acabar con la motivación de todos. The Strange One presentó a muchos actores para el mundo del cine (Ben Gazzara, George Peppard, Geoffrey Horne, Pat Hingle). Siempre elijo personalmente los repartos, tengan o no agente. Estuve unas dos semanas en una academia militar, The Citadel, para hacerme una idea de la rutina y la atmósfera, pero los gestores no me permitieron rodar allí, así que fui a Florida y encontré un lugar que había sido una academia militar. Contraté a cuatro cadetes de West Point que estaban de vacaciones para adiestrar a los muchachos que había contratado para la película. Aparte de los actores, puse anuncios en el periódico local pidiendo chicos que hicieran de cadetes en la película, y formamos tres batallones que fueron entrenados a conciencia por los de West Point; organicé competiciones con recompensa económica para intensificar el espíritu competitivo que es parte de todas las academias militares, y fue asombroso ver cómo se entrenaban aquellos chicos hasta marchar a la perfección. En cualquier caso, habíamos creado la atmósfera perfecta para contar nuestra historia. The Strange One fue objeto de denuncia por un miembro del congreso como una película “antiamericana”, pero en París un crítico escribió que si alguien dudaba de que América era un país libre debería ir a ver la película. Escribió: “¿Sería posible imaginar a un director francés haciendo una película así sobre St. Cyr?” Personalmente me encantaría ver una película francesa de protesta social; estoy seguro de que debe haber algunas, pero no se estrenan aquí porque los americanos no aceptan una película sin un héroe positivo.

Jack Garfein / Albert JohnsonJack Garfein: An Interview
Film Quarterly, Vol. 17, # 1 (otoño de 1963)

Carroll Baker, Jack Garfein, Paul Richards y Ben Gazzara en el set de la película (1957).

Traducción de los textos: Javier Oliva