Cineinfinito #258: John Farrow (IV)

CINEINFINITO / CINE CLUB SANTANDER
Martes 29 de Noviembre de 2022, 19:30h. Fundación Caja Cantabria
Calle Tantín, 25
39001 Santander

Programa:

– Alias Nick Beal (1949), 35mm, b/n, sonora, 93 min.

*Presentación a cargo de José Luis Torrelavega

Formato de proyección: DCP [2K]

En colaboración con el Cine Club Santander y Fundación Caja Cantabria


John Farrow (n. Sídney, 10 de febrero de 1904 – Beverly Hills, 28 de enero de 1963) fue un director, guionista y productor cinematográfico australiano afincado en Estados Unidos.

Su nombre completo era John N. B. Villiers-Farrow. Comenzó a escribir en los años veinte, cuando trabajaba como marinero en Australia. Se trasladó a Hollywood como consejero técnico en marina y pronto empezó a trabajar también como guionista. Escribió guiones para películas desde 1927 hasta 1959 y también dirigió entre 1934 y 1959. Farrow era también escritor de historias y relatos cortos.

Se le recuerda también por su matrimonio con la actriz Maureen O’Sullivan, con la que para poder casarse, tuvo que convertirse al catolicismo. Tuvieron siete hijos, tres de ellas son actrices: Mia Farrow (la más popular), Stephanie Farrow y Prudence Farrow.

Murió en 1963 de un ataque al corazón en las colinas de Beverly Hills (California) a la edad de 58 años. Fue enterrado en el Cementerio de Holy Cross en Culver City.


Alias Nick Beal (1949)

Esta película plantea una combinación interesante: la fantasía sobrenatural y el cine negro. Es una versión “moderna” del mito del hombre que vende su alma al diablo, que se sostiene gracias a un reparto de primer nivel.

Ray Milland es Nick Beal, también conocido como “Old Nick” o, a veces, como Satanás. Este hombre misterioso y sombrío aparece justo después de que el fiscal de distrito Joseph Foster diga en voz alta que vendería su alma por condenar a un jefe de la mafia local. El misterioso Beal, vestido con traje, sin pezuñas ni cuernos, le ofrece a Foster las pruebas para condenar al hombre. Hay una trampa: Foster obtiene la información de Beal en un lugar secreto frente al mar, sin una orden de registro. Él utiliza la prueba, pese a que sabe que la obtuvo de manera poco ética.

El fiscal se hace célebre tras el éxito del proceso, y sus colegas lo convencen para que se presente al cargo de gobernador. El otrora impoluto Foster accede. Cuando descubre que la campaña no es tan fácil como pensaba, empieza a aceptar dinero y favores de Beal.

Beal no solo corrompe al hombre con dinero y poder. También lo tienta con el sexo. Donna Allan (Audrey Totter), una actriz fracasada que frecuenta bares poco recomendables, es reclutada por Beal como secretaria y posible amante de Foster. Trabajar para el diablo tiene algunas ventajas. Beal le da a Donna un lujoso apartamento con un armario bien surtido. Luego le consigue un puesto para trabajar en estrecha colaboración con el fiscal del distrito, que acabará sintiendo la llamada del deseo.

Las cosas se vienen abajo rápidamente para Foster después de ser elegido gobernador. Su esposa está tan distante de él que no hace acto de presencia en su discurso de agradecimiento. Beal lo convence para que firme un contrato para vender su alma cuando la policía llama a la puerta del fiscal del distrito para interrogarlo sobre un asesinato.

¿Podrá Foster deshacerse de Beal y volver a su antiguo ser, a su honestidad?

Siempre es interesante ver a Milland. Desde su primera aparición en la pantalla, saliendo de entre la niebla y entrando en un bar junto al muelle, parece que está disfrutando. Más allá de sus papeles típicos de bueno en películas como “The Big Clock”, “Ministry of Fear” y “The Uninvited”, Milland hace aquí un trabajo fascinante, no solo como el malo sino también como secundario de Thomas Mitchell. (Milland sería aún más siniestro en “Dial M for Murder”).

Mitchell es el protagonista, aunque aparezca en tercer lugar en los créditos. Con su cara mofletuda de ojos vivaces, parece el actor perfecto para interpretar a un político honesto sin nada de particular al que corrompe el ansia de poder. Mitchell no es ajeno a esta historia: fue elegido para interpretar a Daniel Webster en la versión de 1941 de “Devil and Daniel Webster”, pero después de sufrir una fractura de cráneo durante el rodaje fue sustituido por el también orondo Edward Arnold.

No obstante, la mejor actuación en la película viene de Audrey Totter, reina del cine negro. Totter obtiene un papel jugoso de mujer con mala suerte que se transforma en una trabajadora impecable. Su primera escena en la película es genial. Borracha, ruidosa y fumando sin parar, Totter se pelea en un bar con otra mujer después de llamarla “piernas de piano”. Clásico. Beal se la encuentra cuando la expulsan del bar. Él la seduce con sus palabras, por no hablar de un abrigo largo de piel. Uno de los mejores diálogos de la película es cuando Totter borracha habla con un camarero: “¿Qué hora es?” “Me acabas de preguntar eso”. “No te he preguntado qué te acabo de preguntar, te he preguntado qué hora es”. El guion es de Jonathan Latimer, que también escribió “The Glass Key”, “Nocturne”, “They Won’t Believe Me”, “Night Has a Thousand Eyes”, y “The Big Clock”.

La película está dirigida por John Farrow (sus títulos incluyen “Night Has a Thousand Eyes”, “His Kind of Woman”, “Where Danger Lives” e incluso la extravagante “Unholy Wife”). El director de fotografía Lionel Lindon (que haría después “Quicksand”, “Hell’s Island”, “The Turning Point” y más tarde “The Manchurian Candidate”) creó un estilo adecuadamente tenebroso para la película; incluso las escenas de interiores tienen extraños ángulos de iluminación.

Algunos otros íconos del cine negro aparecen en la película. La banda sonora es de Franz Waxman. Los secundarios George Macready y Fred Clark están tan divertidos como siempre.

Esta historia sobre la seducción y caída de un político prometedor se hace eco de los temas que exploraba “All the King’s Men”, del mismo año, pero añade una dimensión metafísica. Es una pena que haya sido casi completamente olvidada por los aficionados al cine.

This film is an interesting combination: an otherworldly fantasy combined with film noir. It’s a “modern” sell-your-soul-to-the-devil story which moves along nicely thanks to a top-notch cast.

Ray Milland is Nick Beal – who may be better known as “Old Nick” or sometimes Satan. The mysterious shadowy man shows up shortly after District Attorney Joseph Foster says aloud that he’d sell his soul to convict a local mob boss. The mysterious Beal, wearing a suit not hoofs and horns, offers Foster the evidence to convict the man. There is a catch: Foster gets the information from Beal at a secret waterfront location – without a search warrant. He uses the evidence anyway knowing that he got it unethically.

Fame follows the DA after the successful conviction and he’s convinced by his colleges to run for governor. The once squeaky-clean Foster agrees. When he finds that running for office isn’t as easy as he thought he begins to take cash and favors from Beal.

Beal not only corrupts the man with money and power. He also tempts him with sex. Donna Allan (Audrey Totter), a local barfly and failed actress, is recruited by Beal to be Foster’s assistant and later possible lover. There are some perks that go with working for the devil. Beal gives Donna a huge swank apartment with a full wardrobe. Then he gets her a job working closely with the DA, who eventually falls in lust with her.

Things fall apart quickly for Foster after he’s elected governor. His wife is so distant from him now that she doesn’t show up for his acceptance speech. Beal has also convinced him to sign a contract selling his soul when police come knocking at the D.A.’s door to question him about a murder.

Will Foster be able to rid himself of Beal and return to old and honest ways of doing things?

Milland is always interesting to watch. From his first moment on screen walking out of the fog and into a dockside bar, Milland appears to be having fun. Usually cast as the good guy in films like “The Big Clock”, “Ministry of Fear” and “The Uninvited”, Milland does a charming job in this one not only as the bad guy but also as a second lead to Thomas Mitchell. (Milland would be even more sinister in “Dial M for Murder”)

Mitchell is the star of the film, even though he’s billed third in the credits. With a wide-eyed pudgy face he seems to be the perfect actor to play the everyman honest politician corrupted by a lust for power. Mitchell is no stranger to this story. He was originally cast as Daniel Webster in the 1941 version of “Devil and Daniel Webster”. After suffering a fractured skull during shooting, he was replaced by equally stout Edward Arnold.

The best performance in the film, however, is from film-noir queen Audrey Totter. Totter gets a juicy part as a down-on-her-luck woman who is morphed into a cleaned up professional woman. Her first scene in the film is great. Drunk, loud and chain smoking, Totter gets in a bar room brawl with another woman after calling her “piano legs.” Classic. Beal meets up with her after she’s physically tossed from the bar. Later, she’s seduced by Beal’s words – not to mention a full-length fur coat. One of the best exchanges in the film is when Totter’s having a drunken conversation with a bartender: `What time is it?’ `You just asked me that.’ `I didn’t ask you what I just asked you, I asked you what time it is.’ The screenplay is by is by Jonathan Latimer, who also inked “The Glass Key”, “Nocturne”, “They Won’t Believe Me”, “Night Has a Thousand Eyes”, and “The Big Clock”.

The film, directed by John Farrow (his credits include “Night Has a Thousand Eyes”, “His Kind of Woman”, “Where Danger Lives”, and even the quirky “Unholy Wife”) with cinematographer Lionel Lindon (the lens man went on to make “Quicksand”, “Hell’s Island”, “The Turning Point” and later “The Manchurian Candidate”) created an appropriately shadowy dark look for the film. Even the indoor scenes are dank with strange lighting angles.

A few other noir icons make their presence known in the film. The soundtrack is by Franz Waxman. Supporting roles played by George Macready and Fred Clark are entertaining as usual.

This tale about the seduction and fall of a promising politician echoes themes explored in the same year’s “All the King’s Men” but adds metaphysical dimension. It’s a shame that this one has been almost completely forgotten by film fans.


Traducción de textos: Javier Oliva