Cineinfinito #163: Michael Lee (III)

CINEINFINITO / Centro Cultural Doctor Madrazo
Viernes 27 de Agosto de 2021, 18:30h. Centro Cultural Doctor Madrazo
Calle Casimiro Sainz, s/n
39004 Santander

Programa:

A Contemplation of the Cross (1989) (Mystical Rose Trilogy III) 16mm, color, sonora, 27 min

Formato de proyección: 2K (nueva copia expresamente hecha para esta proyección)

*Agradecimiento especial a Michael LeeNational Film and Sound ArchiveBill Mousoulis y Dirk de Bruyn


Michael Lee
Nació el 15 de octubre de 1949, Townsville, Australia.

BIOGRAFÍA: Michael Lee llegó a Melbourne en 1968 para estudiar en el Swinburne College, que era entonces la única escuela de cine en Australia. Se introdujo en la floreciente escena del cine de vanguardia en Melbourne. Fue miembro de la junta fundadora de la Melbourne Filmmakers Co-operative y más tarde participó en la junta de la Modern Image Makers Association. Ha producido más de una docena de películas en 16 mm.

BIOGRAPHY: Michael Lee came to Melbourne in 1968 to study at Swinburne College, then the only filmmaking school in Australia. He became involved in the blossoming avante-gard film scene in Melbourne. He was a member of the founding board of the Melbourne Filmmakers Co-operative and later served on the board of the Modern Image Makers Association. He has produced over a dozen 16mm films.

RESUMEN CRÍTICO: Declaración del cineasta: Mi primera película, Fundeath  (1969, 10 minutos) fue rodada en Super 8 y más tarde hinchada a 16 mm. Toda mi obra posterior ha sido en este medio. Mis primeras películas eran principalmente de animación, surgidas a partir de mi trabajo juvenil de dibujo y pintura. Con el tiempo incorporé metraje de imagen real. Estilísticamente nunca me ha interesado la creación de personajes o la narración, sino comunicar emociones y estados de ánimo. La pintura y la música fueron mi inspiración más que el teatro. Aparte de algunas películas más cortas centradas en la estructura formal y las condiciones del medio cinematográfico, mi principal inquietud temática ha sido la búsqueda del significado. Mis obras más ambiciosas son The Mystical Rose (1976, 65 minutos) que expresa el confuso narcisismo disoluto de mi juventud, Turnaround  (1983, 60 minutos) que ilustra la búsqueda de un centro o fundamento y Contemplation of the Cross (1989, 27 minutos) que manifiesta la aceptación de la fe cristiana. Mi obra más reciente ha sido de animación totalmente abstracta.  – Michael Lee, April 2003

CRITICAL OVERVIEW: Filmmaker’s statement: My first film Fundeath (1969, 10 mins) was shot on Super 8 and later blown up to 16mm. All my subsequent work has been in this medium. My early films were primarily animations, growing out of the drawing and painting I did as a youth. As I developed I incorporated live action footage. Stylistically I was never concerned with characterisation or narrative but with the communication of emotions and moods. Painting and music were my inspiration rather than theatre. Apart from some shorter films concerned with formal structure and the parameters of the motion picture medium my main thematic concern has been a search for meaning. My big efforts were The Mystical Rose (1976, 65 mins) which expresses the confused dissolute narcissism of my youth, Turnaround (1983, 60 mins) which illustrates the search for a centre or foundation and Contemplation of the Cross (1989, 27 mins) which communicates the acceptance of christian faith. My latest work has been totally abstract animations.

Publicado en: http://www.innersense.com.au/


A Contemplation of the Cross (1989)

Las intenciones del cineasta
por Michael Lee

Mi película ” A Contemplation of the Cross” (“Una contemplación de la cruz”) tiene como tema la crucifixión de Jesucristo. Este acontecimiento histórico se convirtió en un motivo de la pintura y la escultura cristianas a partir del siglo III, cuando Constantino abolió la crucifixión en el Imperio Romano. Antes de eso, cuando la crucifixión era la forma común de ejecución para los criminales más bajos, parece como si los cristianos hubieran sentido demasiada vergüenza para representar a su fundador en la cruz.

Nuestra principal fuente de información sobre este acontecimiento son las narraciones del Nuevo Testamento. Aunque fueron escritas mucho después del acontecimiento, probablemente se basaron en relatos orales de testigos oculares. El acontecimiento en sí mismo no es extraordinario.  En aquellos tiempos tuvieron lugar miles de crucifixiones, y la sociedad se ha ido librando de manera análoga de los que desafiaban los males arraigados en sus instituciones.

Lo que hace que la ejecución de Jesús sea única en la historia es que no fue su final. Después de su muerte y sepultura, algunas personas afirmaron que habían vuelto a verlo, que hablaron con él, comieron con él y tocaron su cuerpo –que, aunque misteriosamente transformado, aún conservaba las heridas de la crucifixión. Muchas personas los creyeron y han seguido haciéndolo durante los últimos 2000 años. Esta fe ha transformado vidas y culturas, y ha tenido una profunda influencia en la historia universal. De hecho, la mayoría de los habitantes de la Tierra sigue numerando los años desde la fecha estimada del nacimiento de Jesús.

Así que esta ejecución de un rabino ambulante, en lo que entonces era una provincia menor y distante del Imperio Romano, está llena de misterio. La cruel tortura y muerte que sufrió parecía el fracaso de su misión de predicar el poder del amor de Dios y su misericordia, y sin embargo fue el comienzo de una religión que transformaría el mundo.

Mi obra cinematográfica procede en mayor medida del arte de la pintura que del teatro o la literatura.  No pretendo aportar una recreación dramática de la crucifixión –la historia ya es bien conocida– ni dar una impresión visual de cómo pudo haber sido el acontecimiento hace tantos años. Lo que me interesa es su significado interno. Compongo un icono. Los iconos son muy estilizados, no pretenden una representación históricamente precisa, sino que tratan de incitar a la meditación sobre un misterio sagrado.

Tal y como yo lo veo, hay siete secuencias en esta película, así que las repasaré dando cuenta de lo que intentaba ilustrar en cada una.

La secuencia de apertura es la de Jesús llevando a cuestas la cruz-rayo hasta el lugar de su ejecución. Aquí trato de evidenciar que su destino es compartido por todos nosotros, ya que todos estamos, a nuestra manera, avanzando hacia la muerte. Tropieza en medio de escenas de guerra y muerte; cae sobre la tierra que alberga los huesos de nuestros antepasados muertos. Es despojado de sus vestiduras y atado a la cruz.

La segunda secuencia es en color. Aquí trato de mostrar el sufrimiento que soportó el cuerpo de Jesús intercalando imágenes de manos y pies atravesados por clavos con acciones de sus manos y pies durante su vida. Acciones simples que todos realizamos: caminar, lavar la ropa, pelar fruta. Una vez más apunto al destino común de los cuerpos humanos –por muy maravillosos y bellos que sean, terminan en la muerte.

La banda sonora de esta secuencia es el antiguo canto gregoriano del “Kyrie Eleison”. La traducción del griego es:

Señor ten piedad
Cristo ten piedad

Es una súplica a Dios para que nos libere de nuestros pecados y nuestra condición mortal. Es una oración a Cristo pidiendo perdón por su muerte.

La tercera secuencia regresa a las imágenes en blanco y negro y continúa con Jesús siendo clavado en la cruz y luego alzado sobre ella. Sobre esto se superponen imágenes de conflictos humanos, guerras y destrucción. Aquí muestro los pecados de los hombres. La imagen de Jesús crucificado resume, para mí, lo que ha estado sucediendo a lo largo de la historia de la humanidad: la carnicería humana. Continúa de siglo en siglo, y la seguimos consintiendo apáticamente. Utilizo imágenes de los campos de exterminio nazis y las explosiones nucleares porque, para mí, ilustran de la forma más profunda el esfuerzo deliberado de la voluntad humana hacia el mal. Los cristianos han acusado a los judíos de matar a Cristo: en los campos de exterminio nazis, los cristianos mataron a judíos y en Hiroshima y Nagasaki, los dos principales centros del cristianismo en Japón, los cristianos mataron a cristianos. El mal está dentro de nuestra naturaleza humana: todos somos verdugos y también todos somos víctimas.  Las escenas de Cristo crucificado pretenden mostrar nuestra condición humana y la imposibilidad de liberarnos de ella. Ninguna institución humana o tradición espiritual ha sido capaz de extirpar el mal.

Sin embargo, en este acto perverso, el asesinato brutal de un hombre inocente, el mal no triunfó. Contrariamente a todo lo que podría esperarse, en los corazones de sus desolados discípulos surgió la esperanza. La esperanza de que nuestro mal puede ser perdonado. Este hombre que matamos se convirtió en la fuente de una esperanza que ha sido la base de muchos millones de vidas desde entonces, una esperanza de que la muerte no es el final.

La música para esta secuencia es una versión de la antigua oración latina “Agnus Dei” del compositor húngaro Zoltan Kodaly. La traducción del texto es:

Cordero de Dios,
Que quitas los pecados del mundo,
Ten piedad de nosotros.

Luego sigue la cuarta secuencia donde el costado de Cristo muerto es perforado con una lanza, y de la herida fluye sangre y agua. Aquí he usado tintas de colores para pintar la sangre y el agua directamente sobre la emulsión de la película. En medio del flujo de sangre emergen destellos de imágenes creadas por artistas cristianos a través de los siglos. La idea principal que espero que comunique esta secuencia es que el derramamiento de la sangre de Cristo, el derramamiento de su vida, da vida al mundo. La sangre y el agua que fluyen desde el costado de Jesús crucificado es una fuente que da vida. Es la fuente de todo el arte cristiano, de la música y la literatura a través de los siglos y, lo que es más importante, es la fuente de esa esperanza en la misericordia de Dios que ha dado fuerzas a tantas personas para obrar con un amor genuinamente desinteresado. Que un asesinato tan brutal pudiera dar tan maravillosos frutos es un misterio más allá de la comprensión humana. Job interrogó a Dios sobre la aparente injusticia del mundo; no obtuvo ninguna explicación, pero dejó de preguntar y se quedó satisfecho, porque pudo experimentar el sobrecogedor poder y misterio de Dios.

En la siguiente secuencia trato de dar al público una oportunidad de contemplar el misterio de Dios –la trascendencia de Dios. Aquí utilizo patrones geométricos abstractos: es un medio tradicional de evocar esa trascendencia. Especialmente en el Islam, donde la tendencia iconoclasta, derivada del segundo de los diez mandamientos de Moisés, prohibía la representación de imágenes, la decoración abstracta de las mezquitas pretendía crear conciencia de la maravilla y la otredad de Dios. En algunas tradiciones del budismo, los yantras –configuraciones abstractas– se utilizan como objetos de meditación.

La banda sonora de esta secuencia es el himno latino “Adoro te devote”, atribuido a Santo Tomás de Aquino, del siglo XIII. Su tema básico es la trascendencia de Dios. He aquí una traducción al inglés de la primera estrofa realizada por Gerard Manley Hopkins:

Divinidad oculta a la que adoro,
Escondida por meras sombras, formas, nada más:
Mira, Señor, aquí abajo un corazón dispuesto,
Extraviado en el asombro ante el Dios que eres.

La mayoría de los patrones abstractos que uso se basan en una intersección de líneas verticales y horizontales, de modo que es la cruz la que surge de nuevo. Aunque la muerte de Jesús en una cruz de madera fue un acontecimiento histórico, para los cristianos también se trata de un acontecimiento eterno. Es un momento en que el tiempo y la eternidad se encuentran. La línea horizontal que define los límites de nuestra existencia terrenal está cortada por una vertical: un descenso desde arriba y un ascenso desde abajo. En la cruz de Cristo el Dios eterno desciende desde arriba y, participando en la vida humana con su inevitable fin –la muerte– hace posible que nuestra naturaleza humana ascienda y participe de la vida eterna. La crucifixión es el punto central de la historia y a través de ella se redime la historia y se abre el umbral de la vida eterna.

En esta secuencia exploto la característica única del medio cinematográfico de presentar al ojo 24 imágenes fijas por segundo. Aquí las imágenes no se relacionan para producir la ilusión de movimiento, sino que están ordenadas de varias maneras para producir el efecto de una quietud dinámica.

No me parecía apropiado terminar con esta nota trascendente, sino que tenía que traer la película de vuelta a la tierra. Puede haber visiones trascendentes; pero son momentáneas, y nos devuelven al dolor y la lucha cotidiana de la existencia, que debemos soportar hasta la muerte y que están siempre con nosotros: en cada momento de nuestras vidas estamos muriendo. Pero, a causa de la cruz, nuestra respuesta al sufrimiento puede transformarse. Dios vino y sufrió a causa de nosotros y con nosotros, y todavía sufre con nosotros. Podemos ver nuestro sufrimiento como una participación en el sufrimiento de Cristo en la cruz.

Así que en la siguiente secuencia, la sexta, me centro en los medios principales con los que yo, como cristiano de la tradición católica, reconozco mi deseo de participar en la vida divina de Cristo, es decir, comiendo el pan y bebiendo el vino en el rito de la Misa. Este rito instituido por Jesús mismo conmemora su muerte en la cruz. Al participar en el ritual, me uno a otros que lo siguen con la esperanza de una resurrección como la suya después de nuestra muerte.

La imagen de una roca que se convierte en una barra de pan expresa que, en realidad, nuestros cuerpos se mantienen con los frutos de la tierra. La tierra se transforma en el trigo y las uvas con los que hacemos el pan y vino que nos mantiene y nos da vida. Como cristiano, creo que es Dios quien me da la vida y la sostiene en todo momento; y así, al comer el pan y beber el vino en la Santa Comunión, reconozco que la vida me llega a través de Jesucristo.

La música para esta secuencia es una versión del compositor de Melbourne Roger Heaghney de las siguientes palabras:

Te adoramos, Jesucristo
A ti, oh Cristo, te alabamos
Por Tu cruz, por Tu santa cruz
Redimiste al mundo.

La secuencia final es una imagen de miles de aves que son liberadas de sus jaulas y ascienden hacia el cielo formando una bandada.  Esta imagen, como otras de la película, admite múltiples interpretaciones.  A continuación, una traducción de las palabras del canto gregoriano que acompaña a la imagen final:

Víctima redentora, tú que abres las puertas del cielo,
Préstanos tu fortaleza y tu auxilio
Cuando guerras y enemigos estrechan el cerco.

Alabanza eterna al Señor, uno y trino.
Que él nos dé vida eterna
En la morada de nuestro Padre. Amén.

 

A Contemplation of the Cross (1989)
The intentions of the filmmaker
by Michael Lee

My film A Contemplation of the Cross has as its theme the crucifixion of Jesus Christ. This historical event became a theme in Christian painting and sculpture in the third century when Constantine abolished crucifixion in the Roman Empire. Prior to that, when crucifixion was the common form of execution for the basest criminals, it seems that Christians were apparently too ashamed to depict their founder upon the cross.

Our primary source of information about this event is the New Testament, with its various narratives. These narratives, although formulated long after the event, were probably based on oral accounts by eye witnesses. The event itself is not extraordinary. Many thousands of crucifixions occurred in that period, and all through history we see that those who challenge the entrenched evils in the institutions of their society are usually got rid of in some similar way.

What makes Jesus’ execution unique is that it was not the end of him. After his death and burial some people claimed they saw him again, spoke with him, ate with him and touched his body which, though mysteriously transformed, still bore the wounds of his crucifixion. Many people believed these witnesses and have continued to do so for the last 2000 years. This belief has transformed lives and cultures and has had a profound influence upon world history. In fact most people on earth number the passing years from the estimated date of Jesus’ birth.

So this execution of an itinerant rabbi, in what was then a minor outpost of the Roman Empire, is full of mystery. His cruel torture and death was an apparent failure of his mission to preach the power of God’s love and compassion for us, yet it was the beginning of a world transforming religion.

My work in the medium of motion pictures derives more from the art of painting than it does from either theatre or literature. In Contemplation of the Cross, I am not concerned with presenting a dramatic re-enactment of the crucifixion – the story is already well known – nor with giving a visual impression of what the event may have appeared like all those years ago. I am concerned with the inner meaning of the event. I am making an icon. Icons are highly stylised, they do not attempt to present an historically accurate picture, they are concerned with stimulating meditation upon a sacred mystery.

As I see it there seven sequences in the film, so I will go through them giving some account of what I was trying to illustrate in each one.

The opening sequence, in black and white, is of Jesus carrying the cross-beam to the site of his execution. Here I am trying to indicate that his fate is shared by us all, as we are all, in our own ways, moving towards death. He stumbles on amidst scenes of war and death; he falls onto the earth which contains the bones of dead ancestors. He is stripped and held down onto the cross.

The second sequence is in colour. Here I try to show the suffering that Jesus’ body endured by intercutting images of hands and feet being nailed with actions his hands and feet may have performed during his life. Simple actions that we all perform – walking, washing, holding, breaking open fruit. Again I am indicating the common fate of human bodies – though they are marvellous and beautiful they end in death.

The sound track for this sequence is the ancient Gregorian chant “Kyrie Eleison”. An English translation from the Greek is

Lord have mercy on us
Christ have mercy on us

It is a plea to God to free us from our sinfulness and mortality. It is a prayer to Christ asking forgiveness for killing him.

The third sequence returns to black and white images and continues with Jesus being nailed to the cross and then the cross raised. Superimposed over this are images of human strife, war and destruction. Here I am showing human sinfulness. The image of the crucified Jesus summarises, for me, what has been going on all through human history – human slaughter. It goes on from century to century and in apathy we consent to it. I use footage of the Nazi death camps and nuclear explosions because, for me, they illustrate most profoundly, the calculated effort of human will to pursue evil. Christians have accused Jews of killing Christ – in the Nazi death camps Christians killed Jews and at Hiroshima and Nagasaki, the two major centres of Christianity in Japan, Christians killed Christians. Evil is within our human nature – we are all executioners and we are also all victims. The scenes of Christ crucified are intended to show the human condition and the impossibility of freeing ourselves from it. No human institution and no spiritual tradition has been able to eliminate human evil.

Yet in this evil act, the brutal murder of an innocent man, evil did not triumph. Contrary to all expectation, hope dawned in the hearts of his devastated disciples. A hope that our evil can be forgiven. This man we killed became the source of a hope which has been the foundation of many millions of lives ever since, a hope that death is not the end.

The music for this sequence is a setting of the old Latin prayer “Agnus Dei” by the Hungarian composer Zoltan Kodaly. An English translation of the text is

Lamb of God,
Who takes away the sins of the world,
Have mercy on us

Then follows the fourth sequence where the dead Christ’s side is pierced with a spear and blood and then water flow out from the wound. Here I have used coloured inks and painted the blood and water directly onto the film emulsion. Amidst the flow of blood emerge glimpses of images produced by Christian artists through the centuries. The major idea that I hope this sequence will communicate is that the shedding of Christ’s blood, the pouring out of his life, gives life to the world. The blood and water flowing from the side of the crucified Jesus is a life-giving fountain. It is the source of all Christian art and music and literature through the centuries and more importantly it is the source of that hopeful trust in the mercy of God which has empowered so many people to perform acts of genuinely unselfish love. That such a brutal murder could bear such wonderful fruit is a mystery beyond human understanding. Job questioned God concerning the apparent injustice in the world – he did not get an explanation for an answer – but he ceased questioning and was satisfied, because he had an experience of the awesome power and mystery of God.

In the next sequence I try to give the audience an opportunity to contemplate the mystery of God – the transcendence of God. Here I use abstract geometrical patterns. This is a traditional means of bringing to mind God’s transcendence. In Islam especially, where the iconoclastic tendency, deriving from the second of Moses’ ten commandments, discouraged representational imagery, abstract decoration in mosques was intended to transport the viewer into an awareness of the wonder and otherness of God. In some traditions of Buddhism, yantras – abstract configurations – are used as objects of meditation.

The soundtrack for this sequence is the Latin hymn “Adoro Te Devote”, attributed to St. Thomas Aquinas of the thirteenth century. Its basic theme is the transcendence of God. An English translation of the first verse by Gerard Manly Hopkins is

Godhead here in hiding, Whom I do adore
Masked by these bare shadows, shape and nothing more:
See, Lord, at Thy service low lies here a heart
Lost, all lost in wonder at the God Thou art.

Most of the abstract patterns I use are based upon an intersection of vertical and horizontal lines and so it is the cross which emerges again. Though the killing of Jesus on a wooden cross was an historical event, for Christians it is also an eternal event. It is a moment where time and eternity meet. The horizontal line which defines the bounds of our earthly existence is cut through by a vertical – a descent from above and an ascent from below. It is on the cross of Christ that the eternal God from above descends and, participating in our human life with its inevitable end – death – makes it possible for our human nature to ascend and participate in eternal life. The crucifixion is the centre-point of history and through it history is redeemed and the gateway to eternal life is opened.

In this sequence I exploit the unique quality of the motion picture medium to present to the eye 24 still pictures every second. Here the pictures are not related so as to produce the illusion of motion, but are arranged in various ways to produce the effect of a dynamic stillness.

I did not feel that it was appropriate to end on this transcendent note but felt that I had to bring the film back to earth. Transcendent visions may come – but they are momentary – and return us to the pain and strife of human existence which must be endured until death which is always with us – each moment of our lives we are dying. But, because of the cross, our response to suffering can be transformed. God came and suffered because of us and with us and is still suffering with us. We can see our suffering as a participation in Christ’s suffering on the cross.

So in the next sequence, the sixth, I focus upon the principle means by which I, as a Christian of the Catholic tradition, acknowledge my desire to participate in the divine life of Christ, that is by eating the bread and drinking the wine in the rite of the Mass. This rite instituted by Jesus himself commemorates his death on the cross. By participating in the ritual I join with others who are following him in the hope of a resurrection like his after our death.

The image of a rock which becomes a loaf of bread indicates that in reality our bodies are sustained by the fruits of the earth. The earth is transformed into the wheat and grapes which we make into bread and wine that sustain us and give us life. As a Christian I believe it is God who gives me my life and sustains it every moment and so by eating the bread and drinking the wine in Holy Communion I acknowledge that life comes to me through Jesus Christ.

The music for this sequence is a setting, by the Melbourne composer, Roger Heaghney, of the following words

Jesus Christ we adore Thee
To Thee, O Christ, we give praise
By Thy cross, by Thy holy cross
You have redeemed the world.

The final sequence is an image of thousands of birds being released from cages and ascending into the sky to form a flock. This image, like others in the film, has the potential for multiple interpretations. Following is a translation of the words of the Gregorian chant which accompanies the final image.

Saving victim, opening wide heavens gate,
Wars and enemies press hard against us;
Give us strength, bring us help.
Everlasting praise be to the Lord, one and three.
May he give us everlasting life
In the land where dwells our Father. Amen.


Traducción de los textos: Javier Oliva