Cineinfinito #271: Victor Sjöström (II)

CINEINFINITO / Centro Cultural Doctor Madrazo
Lunes 16 de Enero de 2023, 18:30h. Centro Cultural Doctor Madrazo
Calle Casimiro Sainz, s/n
39004 Santander


Programa:

Terje Vigen (1917), 35mm, b&n, silente, 53 min

Formato de proyección: HD (copias restauradas)

Agradecimiento especial a Svenska Filminstitutet


Victor Sjöström. Nació el 20 de septiembre de 1879 en Silbodal, Värmland, como Victor David Sjöström. A la temprana edad de 1 año, su familia se trasladó a la ciudad de Nueva York, viviendo en Brooklyn. A los 7 años su madre falleció y la familia retornó a Suecia, asentándose en Estocolmo. Su interés por la actuación comenzó a los 17 años, cuando se incorporó a una compañía teatral ambulante.

Con el advenimiento de la industria del cine en Suecia, su carrera como actor comenzó a desarrollarse en este ambiente, logrando llegar a ser director, en 1912, en el Svenskabiografteatern donde dirigió más de 50 películas, en su mayoría mudas, participando además como actor en más de 40 filmes, hasta el año 1923. En 1921 dirigió la película Körkarlen, basada en la obra de Selma Lagerlöf, participando además como guionista. La película es considerada todo un clásico del cine fantástico y alegórico del cine mudo a nivel internacional, en la misma medida que los filmes de Fritz Lang (Metrópolis, 1927 / Una mujer en la luna, 1928), Robert Wiene (El gabinete del doctor Caligari, 1919) o Murnau (Nosferatu, 1922).

En 1924 se trasladó a Hollywood, llamado por el productor Louis B. Mayer, dirigiendo, con el nombre Victor Seastrom, su primera película, Name The Man, para la productora Goldwyn Pictures Corporation, y luego He Who Gets Slapped (El que recibe las bofetadas) –con su apellido anglicanizado a Seastrom–, para la recientemente formada Metro-Goldwyn-Mayer, con las estrellas cinematográficas Lon Chaney, Norma Shearer y John Gilbert.

Dirigió ocho filmes más, pero debido mayormente a las dificultades que presentaba el cine sonoro, decidió regresar a Suecia en 1930, retomando su profesión de actor hasta 1957.

Algunas de sus obras mayores como director, aparte de las citadas, son Ingeborg Holm (1913), comprometida y realista visión de la cruda realidad de las personas pobres en la Suecia contemporánea, sin renunciar a la poesía en las imágenes; Terje Vigen (1917), sobre la miseria de las relaciones humanas de poder en tiempos de la Guerra napoleónica, donde el propio Sjöstrom interpretó el papel protagonista; Los proscritos (1918), adaptada de una obra teatral y considerada por la crítica internacional como una de las cumbres del cine mudo nórdico; El monasterio de Sendomir (1920), sobre una historia de infidelidad de enorme eficacia dramática; La mujer marcada (1926), primera adaptación de la célebre La letra escarlata de Nathaniel Hawthorne con Lillian Gish casi superando sus mejores interpretaciones para Griffith; El viento (1928), de nuevo con Gish en un drama rural de extraordinaria belleza y desgarrador aliento lírico, que supone junto a El beso (1929) de Jacques Feyder la última obra maestra del cine mudo norteamericano; La mujer divina (1928), donde Sjöstrom trabaja por fin en Hollywood con su compatriota Greta Garbo, en una película que evoca la vida de Sarah Bernhardt, y Bajo el manto escarlata (1937), con Conrad Veidt y Annabella enmarcados en exóticos paisajes.

Junto con Mauritz Stiller (La leyenda de Gösta Berling, 1924 / Erotikon, 1920), se le considera como la figura más importante del cine mudo de Suecia.

En 1957 protagonizó Fresas salvajes, una de las obras más importantes de Ingmar Bergman. Murió en Estocolmo, poco después, en 1960.


Terje Vigen (1917)

El  crítico sueco Bengt Idestam-Almquist, en su estudio de 1952 titulado Cine sueco: drama y renacimiento (Buenos Aires, Losange, 1958), explica lo siguiente en el capítulo VII (págs. 107- 120):

Se comenzó a filmar el 15 de agosto de 1916 y se terminó en noviembre. Durante dos meses de frío otoñal trabajaron en la playa, durante tempestades marítimas y tormentas de viento. Con este filme, el cine sueco alcanza su verdadera mayoría de edad, pues el interés principal es profundamente estético. El gran arte penetra en la cinematografía nórdica, además de las innovaciones técnicas y de la magistral interpretación del propio realizador en el papel protagonista. Junto a Terje Vigen, el otro gran protagonista del filme es el mar, bravío, calmo, inescrutable, misterioso, inalcanzable, a pesar de que podamos navegar por él y beneficiarnos de lo que atesora.

El crítico sueco se refiere a este filme con la expresión «como un rayo despejado». Prácticamente solo, Sjöström convencióse de la necesidad de que el cine podía convertirse en una potencia nueva por su dimensión artística. La fuente de inspiración de Victor Sjöström, a diferencia de lo que pensaba André Malraux que era la fuente de inspiración de todo gran artista, esto es, el propio arte anterior, constituye una excepción, pues va a ser primordialmente la naturaleza, el mar infinito que se extendía a sus pies en la costa meridional de Noruega. Victor Sjöström se convirtió en artista de modo casi instantáneo, por una repentina visión, inmediata y clarividente. Fue como una «conversión», algo parecido a lo que le ocurrió a Saulo de Tarso camino de Damasco.

Cuando tuvo lugar el rodaje de Terje Vigen, el cine realista, o bien no se había hecho todavía o no había llegado a Suecia. Sjöström aún no había visto nada de David Wark Griffith. Desde el principio de su carrera, Sjöström trató de hacer sus películas lo más artísticas posible, pero su mayor preocupación había sido el progreso técnico.

Desarrolló el sentido del fondo y del ambiente, realizando tomas de animales en su escenario natural. Con la preciosa colaboración de Julius Jaenzon, trató de obtener encuadres más eficaces y cuidados, y con tal intención compró una gran cantidad de reproducciones artísticas, a fin de estudiar su composición. Sin embargo, no logró cambiar el principio fundamental de que el cine debía estar colmado de acción emocionante y efectos violentos. Comprendió que el cine podría ser otra cosa, y ya hizo una tentativa de estudiar a fondo el ser humano en su película Ingeborg Holm (segundo semestre de 1913).

Terje Vigen es arte superior por varias razones. Es verdadero y superior porque es original, esto es, depende enteramente de la intuición del artista; también, porque trata de cuestiones esenciales para la vida del hombre: el conflicto entre el bien y el mal, lo bello y lo feo, la vida y la muerte. En el arte original el artista no se preocupa de la opinión de los demás. Está profundamente convencido de que lo que está haciendo hay que hacerlo de esa manera y no de otra. La atmósfera que rodea al arte original y verdadero es una atmósfera pura y humana. Las formas exteriores se convierten en la expresión orgánica de un contenido. En Terje Vigen y en los siguientes filmes, hasta llegar a Körkarlen, trabajó Victor Sjöström con suma originalidad. Y en esto consiste su valor inmortal.

Entre 1915-1916, Sjöström se hallaba deprimido, no sólo por hallarse ante una encrucijada en lo que atañe a su propio arte, no sabiendo si debía continuar o no siendo realizador cinematográfico, sino porque su matrimonio con la actriz danesa Lili Bech (Lily Beck) no iba bien (se casaron en 1913 y se separaron en 1916). Esta separación provocó que la fe de Sjöström en la vida y en la naturaleza humana sufriera un gran revés. Después de realizar en la primavera de 1916 el filme Dödskyssen (El beso de la muerte), realizó una especie de viaje sentimental, visitando aquellos lugares en los que había transcurrido su infancia. Paulatinamente volvió a florecer en él su fe en los hombres.

En el municipio de Årjäng, en la histórica provincia sueca de Värmland, encontró a su vieja nodriza, y, profundamente conmovido, escuchó los relatos de la viejecita sobre cómo su madre había trabajado y hecho tantos sacrificios por sus hijos en aras de un silencioso heroísmo. Luego se dirigió a la ciudad de Grimstad, en la costa meridional de Noruega, donde Henrik Ibsen pasó parte de su juventud entre 1844 y 1850 (había nacido en 1828). Allí Ibsen, aprendiz en una farmacia, oyó contar la historia del pescador Terje Vigen, quien durante las guerras napoleónicas se sacrificó heroicamente por su familia. Las experiencias personales de Sjöström y los relatos de la nodriza, hicieron aparecer el poema de Ibsen ante sus ojos bajo una nueva luz. La figura de Terje Vigen tomó cuerpo, y al mirar el mar, los escollos rocosos, las naves y las cabañas de los pescadores, la figura del pescador se confundió con el escenario, la grandeza de Terje era la misma que la del mar, convirtiéndose los arrecifes en sus hermanos espirituales. En un relámpago Sjöström concibió el desarrollo del filme: una gran y genuina expresión de sentimiento no sólo a través de los actores, sino también por medio de la misma naturaleza, el lugar real y exacto donde aquella gente había crecido; los escollos, las nubes y las olas tendrían en la película su papel y su vida. ¿Por qué no reproducir el poema de Ibsen de tal manera que la descripción real de los hombres se fundiese con impresionantes tomas del mar, de la vida en los pueblos de pescadores de Noruega? Reproduciría los sufrimientos de una familia (similares a los experimentados por la suya) en las circunstancias más tristes. Terje Vigen, el padre de familia, tendría oportunidad de hacer lo que su padre no había hecho. Envió un telegrama al director de la Svenska Biografteatern, Charles Magnusson, y ambos se reunieron en Oslo. Al principio pensaron en rodar en Noruega, pero después optaron por el archipiélago de Estocolmo, más próximo a los estudios. Cuenta Sjöström que las escenas en que los ingleses intentaban capturar al nadador Terje Vigen, constituyeron un verdadero peligro. Se debía crear la ilusión de que los disparos procedían del navío y de la lancha.

En el fondo del mar se habían colocado en zigzag piezas de vidrio que, accionadas eléctricamente desde tierra, explotaban. Sjöström sabía que Terje Vigen debía alejarse velozmente a nado para salvarse del peligro de volar por los aires, pero la espuma le golpeó en los ojos con tanto ímpetu que le impidió ver. Y fue una gran suerte que los fragmentos de vidrio no le dañaran seriamente, privándole quizás de la vista. En una de las más hermosas escenas, al comienzo del filme, el joven y ágil Terje debía trepar por el palo mayor de la nave. El cabeceo era fuerte. Los viejos y expertos marinos que presenciaban la escena, se burlaban de los actores de Estocolmo, pensando que no tendrían seguramente el valor de trepar hasta la cima del mástil. Pero Sjöström, sólo para demostrar que un actor también puede ser valiente cuando quiere, llegó hasta los aparejos de la nave, convencido sin embargo de estar a poca distancia de las fauces de la muerte. Fue durante el rodaje que se enamoró de la actriz sueco-rusa-finlandesa Edith Erastoff, quien se convirtió en su esposa en 1922, viviendo juntos hasta la muerte de ella, en 1945.

La película sólo tiene ciento diez escenas. En unos ochenta rótulos fueron usadas las estrofas del poema de Ibsen. Respecto de la crítica de que Sjöström usase en sus encuadres un ritmo muy lento, hay que hacer constar que esta lentitud no era causada por falta de técnica, sino natural consecuencia de la «conversión» de Sjöström. Deseaba profundizar el estudio de los caracteres para aclarar el proceso psicológico del ser humano, y se podía conseguir mejor este resultado, pensaba, si los rostros, el cambiante juego de las facciones y la expresión de los ojos se mantenían un largo tiempo en la pantalla.

Enrique Castaños. Málaga, 9 de marzo de 2015.