Jack Garfein: 

The Strange One (1957)

JUEVES 02 DIC / 22:00h
CINE LOS ANGELES - SANTANDER

Director: Jack Garfein
Guión: Calder Willingham. Novela: Calder Willingham. Obra: Calder Willingham
Fotografía: Burnett Guffey (B&N, 1:1,85)
Dirección artística: Joseph C. Wright
Montaje: Sidney Katz
Música: Kenyon Hopkins
Reparto: Ben Gazzara, Pat Hingle, Peter Mark Richman, Arthur Storch, Paul Richards, Larry Gates, Clifton James, Geoffrey Horne, James Olson, Julie Wilson, George Peppard
Productora: Horizon Pictures (Sam Spiegel) (EE.UU.)
Distribuidora: Columbia Pictures
Duración: 100 min.

*Presentación: José Luis Torrelavega

TEXTOS CRÍTICOS

The Strange One

Cuando aparece un libro, una obra de teatro o una película que trata sobre una personalidad completamente fuera de lo ordinario, inevitablemente la crítica amante de la sociología lo clasifica como el estudio de un caso. Este ha sido el destino de The Strange One ‒y nada podría ser más impreciso. Aunque su personaje central es claramente un sádico, no se trata de una pieza pseudo-científica sino solo de una película, y una película muy buena.

Pero es fácil de entender la tranquilidad que supone para el crítico pegarle cualquier clase de etiqueta a la película. El director, Jack Garfein, y el guionista, Calder Willingham ‒que reelaboró su propia novela de 1947 y su obra para Broadway de 1953, ambas tituladas End As a Man‒ no parecen nada deseosos de hacerlo ellos mismos, y esto puede resultar exasperante para algunos. Lo único que se puede decir con certeza es que, en un estilo que consigue en gran medida la espontaneidad de un documental de primer orden, presentan una historia centrada en la carrera de un tal Jocko De Paris, cadete en una escuela militar del Sur. Movido en apariencia por impulsos sádicos de su propia naturaleza, De Paris, con la ayuda involuntaria de otros cuatro cadetes, diseña un plan contra un quinto estudiante de la escuela. El plan consiste en golpearlo hasta dejarle inconsciente, verter una botella de whisky por su garganta, y depositarlo en el patio, donde lo encontrarán y será expulsado. Esto dará lugar a la desmoralización de toda la academia, y finalmente pondrá fin a la propia carrera de De Paris.

Garfein y Willingham se limitan a presentar los hechos desnudos de la historia, y evitan construir ningún marco de referencia que pudiera ayudar a interpretarla. Aunque en muchos aspectos se trata de un puro thriller, la película pide a gritos una interpretación. No obstante, esta necesidad no desmerece la calidad de la película, sino que añade una dimensión extra a su atractivo. Si se me permite un poco de jerga sociológica de mi cosecha, la historia de De Paris parece representar en definitiva el conflicto entre una sociedad rígidamente organizada y uno de sus miembros que es clara y deliberadamente inadmisible.

Cualquiera que sea su “significado”, The Strange One constituye sin duda un gran logro técnico. La dirección de Garfein es brillante. Con un fino sentido de la cadencia, construye cuidadosamente las escenas para extraer de ellas la máxima tensión posible; y aunque esta es su primera película, su trabajo con la cámara, con un amplio uso de inquisitivos primeros planos, es propio de un maestro. Igualmente lograda es la actuación de Ben Gazzara, que en su primera película hace de De Paris una figura intensa y, aunque no precisamente digna de aprecio, fascinante.

Thomas K. Schwabacher (The Harvard Crimson, 16.05.1957)

La clave es que el mal existe porque está ahí y no es posible explicar a Hitler a partir de su padre y su madre o su vida doméstica; hay que explicar la poética de vivir tanto del héroe como del monstruo, pero tratar de hacer esto para alguien como Jocko De Paris, el protagonista de The Strange One, podría acabar con la motivación de todos. The Strange One presentó a muchos actores para el mundo del cine (Ben Gazzara, George Peppard, Geoffrey Horne, Pat Hingle). Siempre elijo personalmente los repartos, tengan o no agente. Estuve unas dos semanas en una academia militar, The Citadel, para hacerme una idea de la rutina y la atmósfera, pero los gestores no me permitieron rodar allí, así que fui a Florida y encontré un lugar que había sido una academia militar. Contraté a cuatro cadetes de West Point que estaban de vacaciones para adiestrar a los muchachos que había contratado para la película. Aparte de los actores, puse anuncios en el periódico local pidiendo chicos que hicieran de cadetes en la película, y formamos tres batallones que fueron entrenados a conciencia por los de West Point; organicé competiciones con recompensa económica para intensificar el espíritu competitivo que es parte de todas las academias militares, y fue asombroso ver cómo se entrenaban aquellos chicos hasta marchar a la perfección. En cualquier caso, habíamos creado la atmósfera perfecta para contar nuestra historia. The Strange One fue objeto de denuncia por un miembro del congreso como una película “antiamericana”, pero en París un crítico escribió que si alguien dudaba de que América era un país libre debería ir a ver la película. Escribió: “¿Sería posible imaginar a un director francés haciendo una película así sobre St. Cyr?” Personalmente me encantaría ver una película francesa de protesta social; estoy seguro de que debe haber algunas, pero no se estrenan aquí porque los americanos no aceptan una película sin un héroe positivo.

Jack Garfein / Albert Johnson: Jack Garfein: An Interview
Film Quarterly, Vol. 17, # 1 (otoño de 1963)

Carroll Baker, Jack Garfein, Paul Richards y Ben Gazzara en el set de la película (1957).

Traducción de textos: Javier Oliva