Change pas de main (1975)
Ciclo « Paul Vecchiali, el cine en diagonal »
SÁBADO 29 OCT / 21:30h
CINE LOS ÁNGELES - SANTANDER

CHANGE PAS DE MAIN (1975)
Director: Paul Vecchiali
Guión: Paul Vecchiali, Noël Simsolo
Fotografía: Georges Strouve (color, 1:1,66)
Montaje: Paul Vecchiali, Françoise Nerville
Música: Roland Vincent
Reparto: Hélène Surgère, Jean-Christophe Bouvet, Myriam Mézières, Valérie Wilson, Natacha Karenoff, Huguette Dathane, Françoise Giret, Noël Simsolo, Mona Heftre, Jack Gatteau, Jean Droze, Liza Braconnier, Nanette Corey, Serge Casado, Sonia Saviange
Productora: Contrechamp, UNITE 3
Duración: 86 min.
Formato de proyección: DCP (original: 35mm)
*La proyección contará con presentación a cargo de Fernando Ganzo y Marcos Uzal
Change pas de main
«La idea, de hecho, era hacer la crítica de la caricatura: cada vez que vamos hacia una convención o un cliché, lo tumbamos mediante el drama. Por ejemplo, la secuencia que empieza con la escena lúbrica sobre la barra del bar prosigue con Sonia Saviange que sale con una botella de whisky. Lo que es un homenaje a El Dorado de Howard Hawks, con Robert Mitchum y su botella de whisky.»
Paul Vecchiali
La flor negra y el escupitajo
Es un plano que se me había olvidado. El anteúltimo plano de Change pas de main, que no obstante había visto tres veces en pases previos. Hace muy poco uno de mis mejores amigos, conmocionado por el descubrimiento de las películas de Vecchiali, me lo rememora: justo antes de que aparezca la palabra fin, Myriam Mézières escupe en un escaparate ‒y en el reflejo de su rostro‒ antes de alejarse por la calle, dando la espalda a la cámara. ¿De dónde viene ese escupitajo, esa rabia? ¿Por qué se me habían ocultado? Creo que al descubrir Change pas de main, no vi al principio más que la alegría. La de un cineasta al que le han encargado un porno y que da a luz un espectáculo de feria, una película que disfruta de todas sus atracciones: el cabaret, los polvos, el striptease, el escalofrío del crimen, el travesti psicópata, las imágenes obscenas que parecen proyectadas ahí, en la pantalla de un scopitone[1] pervertido, detrás de una carpa sospechosa. En apariencia es así, Vecchiali se lo pasa en grande. Juega con los clichés del policíaco barato y se lleva a su familia de actores (Surgère, Saviange, Bouvet, Braconnier, Delahaye...) para tirar a matar a la Francia de Giscard y sus políticos corruptos. ¿El hilo rojo (la chica pelirroja)[2] de Vecchiali? ¿Su alter ego de ficción? Mélinda (alias Mézières), detective sexy que lleva la investigación enfundada en un impermeable siempre dispuesto a abrirse. Mélinda que se cuela en los dédalos de Shaghai Lily, un tugurio en el que se practican secuestros, tráfico de drogas y asesinatos. Mélinda, que hace el amor con emoción con su amante mujer y su amante varón. Mélinda, que evita las trampas, las balas, y sobrevive cuando todo el mundo se viene abajo. ¿Por qué ese asco, Mélinda? ¿Por qué ese escupitajo?
Yann Gonzalez
Noël Simsolo y Paul Vecchiali son cinéfilos. Han escrito un guion de “cine negro” con recuerdos de Chandler: chantaje sobre un personaje bien situado, detective privado, tugurio nocturno sospechoso, tráfico de películas “porno”, implicaciones políticas y venganza personal. Es, en definitiva, El sueño eterno trasladado a Francia. Pero los papeles que deberían corresponder a hombres son encarnados por mujeres, y las numerosas secuencias pornográficas ‒de esa pornografía “a la danesa” ahora autorizada por la censura‒ se inscriben hábilmente en la lógica del relato. Evidentemente, las escenas sexuales sin fingimientos representan hoy ‒ver el éxito de Sex-cirkusse (1974)‒ una baza comercial. A este respecto, Change pas de main no es una película inocente. Su interés está, sin embargo, en otra parte: en la mitología singular de Vecchiali, que ya se desplegaba en L'étrangler y Femmes femmes. Volvemos a encontrar aquí la atención un poco morbosa que presta a hombres física o moralmente discapacitados, a mujeres marchitas, duras y dolientes que, bajo sus apariencias de estrellas retro tocadas por la edad, tratan de escapar a su naturaleza.
Jacques Siclier. Le Monde, 21 de junio de 1975
[1] El scopitone era una máquina parecida a una jukebox, pero con películas en 16 mm. de las canciones. Es uno de los precursores de los vídeos musicales.
[2]En la traducción se pierde el juego de palabras del original francés (le fil rouge / la fille rousse).

Traducción del texto: Javier Oliva
