Forever Amber (1947)

Ciclo « Sobre un arte ignorado »

MIÉRCOLES 19 OCT / 19:00h 
CINE LOS ÁNGELES - SANTANDER

FOREVER AMBER (1947)
Ambiciosa

Director: Otto Preminger
Guión: Philip Dunne, Ring Lardner Jr., Jerome Cady
Argumento: la novela de Kathleen Winsor
Fotografía: Leon Shamroy (Color, 1:1,37)

Dirección artística: Lyle Wheeler
Montaje: Louis R. Loeffler
Música: David Raksin
Reparto: Linda Darnell, Cornel Wilde, Richard Greene, George Sanders, Glenn Langan, Richard Haydn, Jessica Tandy, Anne Revere, John Russell, Jane Ball, Robert Coote, Leo G. Carroll, Natalie Draper, Margaret Wycherly, Alma Kruger, Edmund Breon, Alan Napier

Productora: 20th Century Fox (EE.UU.)
Distribuidora: 20th Century Fox
Duración: 138 min.
Formato: 35mm

*La proyección contará con presentación a cargo de José Luis Torrelavega

Ambiciosa (Forever Amber)

Adaptación del best-seller, audaz para la época, de Kathleen Winsor, es tal vez la más controlada de las superproducciones americanas. Sin embargo, las cosas empezaron mal: al cabo de unas semanas de rodaje el cineasta John Stahl y la estrella principal, Peggy Cummings, fueron despedidos por Zanuck, antes de que Preminger, bajo contrato con la Fox, fuera obligado a retomar el proyecto, hiciese reescribir el guion y se convirtiera en dueño y señor de la obra. Situación un poco comparable a aquella en que se encontró en vísperas de rodar Laura, con dos diferencias esenciales: que aquí el proyecto no procedía de él en absoluto (al contrario, se había opuesto a él) y que la intérprete que habría querido para el papel (Lana Turner) debió ceder finalmente el puesto a Linda Darnell, transformada en rubia para la ocasión. Pero sería imposible imaginar una Amber más perfecta. A través de su personaje, Preminger estudió el conflicto entre la ambición y la afectividad, retratando a una heroína que se ve en la situación, no de anteponer su ambición a sus sentimientos, sino de imaginarse que solo su ambición puede servir a su afectividad. Al haber elegido un compañero más bien débil e indeciso, amante de la respetabilidad, ella pasará su existencia endureciéndose y esperando que este endurecimiento la conduzca por fin a la felicidad. Conocerá sucesivas decepciones, que tendrían cabida en un melodrama, pero que Preminger ha querido disponer en el más gélido estudio de costumbres, en el seno de una reconstrucción histórica de fascinante esplendor plástico. La película se convierte así en una fantasía sobre una imposible sequía del corazón, sobre el fracaso de una heroína que no termina de perderse en sus cálculos y sus intrigas, de los que espera en vano la salvación. Es la hermana de otras muchas heroínas premingerianas, por ejemplo de Cécile en Bonjour tristesse. Su fracaso, su tristeza, su estado de decepción casi permanente se extienden ante ella como simas, mientras que, para el espectador, su frialdad misma la hace más conmovedora que si derramara torrentes de lágrimas. Su breve y tumultuosa trayectoria tendrá lugar, por otra parte, entre la más extraordinaria colección de cínicos, crápulas elegantes y monstruos jamás reunida en una película. Forever Amber fue en su época uno de los productos más caros de la ciudad del cine. Esto se ve en la pantalla, y sería imposible describir el gusto, la riqueza de los vestidos y los decorados, la suntuosidad del Technicolor manejado con genio por Leon Shamroy (especialmente en los grandes primeros planos de Linda Darnell). Todo este fasto sirve de espejo a la acidez desengañada de los diálogos y a la desilusión de los personajes (“He luchado toda la tarde contra el fuego en los muelles, dice Charles II a su amante, nunca me hubiera desvivido tanto por subir al trono si hubiera sabido que se le exige tanto a un rey”). Con este partidario de la técnica invisible que es Preminger, el arte de los movimientos de cámara alcanza aquí su culminación, y en la corta escena del parto de Linda Darnell, el realizador entrega el que es quizá el más bello plano-secuencia de la historia del cine. Por su genialidad plástica, que no es más que uno de los dominios de su genio, Forever Amber está tan lejos de nosotros y de lo que vemos hoy en el cine como puede estarlo, por ejemplo, un cuadro de Velázquez o de Rubens.

N.B. La audacia de numerosas situaciones y diálogos de la película, su ausencia de happy end y de finalidad moralizante iban completamente a contracorriente de la época. Preminger tuvo que acompañar a los directivos de la Fox a suplicar a los representantes de la “Liga católica de decencia”, hoy desaparecida, que no condenaran la película. La humillación que sintió y los cortes que tuvo que aceptar germinaron en el inmenso deseo de independencia que no puedo satisfacer más que a partir de El hombre del brazo de oro. La mayor parte de las copias (al menos en Francia e Inglaterra) terminan cuando Linda Darnell mira alejarse a Cornel Wilde y su hijo. Pero Preminger había rodado una escena adicional para terminar la película: Amber, después de aceptar la invitación a cenar de Sir Thomas Dudley, jefe de las caballerizas del rey, se sienta a su tocador y se mira largamente mientras se maquilla, igual que la heroína de Bonjour tristesse en las escenas que abren y cierran aquella película.

Jacques Lourcelles. Dictionaire du cinéma. Ed. Robert Laffont. Paris, 1990

Traducción de textos: Javier Oliva