Rancho Notorious (1952)
Ciclo « Sobre un arte ignorado »
SÁBADO 22 OCT / 19:00h
CINE LOS ÁNGELES - SANTANDER

RANCHO NOTORIOUS (1952)
Encubridora
Director: Fritz Lang
Guión: Daniel Taradash
Argumento: Sylvia Richards
Fotografía: Hal Mohr (Color, 1:1,37)
Dirección artística: Wiard Ihnen
Montaje: Otto Ludwig
Música: Emil Newman
Reparto: Marlene Dietrich, Arthur Kennedy, Mel Ferrer, Gloria Henry, William Frawley, Lisa Ferraday, John Raven, Jack Elam, George Reeves, Frank Ferguson, Francis McDonald, Dan Seymour, John Kellogg, Rodd Redwing
Productora: Fidelity Pictures Corporation (EE.UU.)
Distribuidora: RKO Radio Pictures
Duración: 89 min.
Formato de proyección: 35mm
*La proyección contará con presentación a cargo de Gonzalo de Lucas
Esta película sublime pasó completamente desapercibida desde su estreno. Incluso los "Cahiers du cinema", por muy atentos que estuvieran a la carrera estadounidense de Lang, no le dedicaron la más mínima crítica. Último de los tres westerns de Lang, es el único en el que el cineasta integra por completo los datos del género en su universo íntimo. Los temas langianos de venganza, violencia, soledad, sociedades secretas, encuentran aquí una expresión a la vez renovada y casi exótica, aunque encaja admirablemente en el marco tradicional del western. En el plano formal, el tiempo es objeto de un empleo extremadamente variado. Existen tres tipos de tiempo en la película: el tiempo de la historia misma; el -concentrado- de la secuencia acompañado de la balada leitmotiv de la película y que resume la larga búsqueda de pistas llevada a cabo por Vern; finalmente el tiempo de los tres flashbacks que recomponen la figura mítica de la aventurera Altar Keane, un personaje completamente condicionado por su pasado (lo que también es aplicable para la propia actriz). En el plano del sentido, este tiempo es sin embargo absolutamente uniforme, fijo, privado de proyecto y de libertad: es el tiempo de la venganza y de un mundo reducido a las dimensiones de una obsesión y de una idea fija. El espacio de la película refleja la misma dualidad. Variado y rico en el plano formal, suntuoso, pesado, rimbombante, casi barroco, es también un espacio firme, muerto, que no conduce a nada, sino a la repetición cíclica, fatal, sangrienta, de los hechos que pusieron en marcha la historia. La muerte de Altar Keane al final es un eco, entre otros, de la muerte de la joven asesinada en la segunda secuencia.
El decorado de estudio escandalosamente artificial que marca el límite entre el mundo exterior y el rancho ha sido tema de discusión y controversia entre los cinéfilos. Sin duda, Lang, si hubiera cotado con más medios, habría elegido un escenario natural. Pero, tal como está, esta ambientación no hace más que reforzar, quizás demasiado demostrativamente, la estructura cerrada, asfixiada, de este relato de “odio, asesinato y venganza”, el carácter de absoluta impermeabilidad de este western pesimista y, en cierta medida, expresionista. En efecto, pesa sobre los personajes una maldición más pesada que la que se deriva del pecado original en las películas de Hitchcock. Estos personajes, ya sea que tengan buenas o malas intenciones, terminan todos en el mismo lado de la cerca: el lado malo. Durante su periplo, Vern Haskell no puede más que destruirse a sí mismo y a los que lo rodean; pero tampoco puede no vengarse. Pertenece a una humanidad caída para la cual la noción de perdón ya no tiene ningún significado, ni siquiera existencia. Pertenece, como todos los hombres, a una raza maldita.
Jacques Lourcelles. Dictionaire du cinéma. Ed. Robert Laffont. Paris, 1990

Traducción del texto: Óscar Oliva
