The gun hawk (1963)

Ciclo « Ludwig el gran desconocido »

THE GUN HAWK (1963)
El gavilán pistolero

Director: Edward Ludwig
Guión: Jo Heims
Argumento: Richard Bernstein, Max Steeber

Fotografía: Paul C. Vogel (Color, 1:1,66)
Montaje: Rex Lipton
Música: Jimmie Haskell

Reparto: Rory Calhoun, Rod Cameron, Ruta Lee, Rod Lauren, Morgan Woodward, Robert J. Wilke, John Litel, Rodolfo Hoyos Jr., Lane Bradford, Glenn Stensel, Joan Connors, Lee Bradley, Ron Whelan, Harry Fleer
Productora: Bern-Field Productions
Distribuidora: Allied Artists Pictures
Duración: 92 min.
Formato: 35mm

*La proyección contará con presentación a cargo de José Luis Torrelavega

The Gun Hawk, su última película, es también una de las más personales. Un western de más que bajo presupuesto donde se evoca la lenta agonía de un forajido herido, invadido por la gangrena, que regresa a morir a una ciudad de proscritos llamada Sanctuary. En lugar de morir en su cama, prefiere que su hijo adoptivo le mate, obligándole a ello, lo que atraerá sobre él el oprobio y el odio».

Bertrand Tavernier y Jean-Pierre Coursodon. 50 Anos de cine Norteamericano.

Ludwig, artista oscuro de auténtica serie B, ha dado al cine bis algunos de sus más bellos barroquismos, en una resplandeciente serie de aventuras marítimas (The Wake of Red Witch, 1948, rol favorito de John Wayne; Caribbean, 1952; Sangaree, 1953) y sobre todo en el mortal Gun Hawk (1963), variaciones western finales, testamento edípico, babelería judía. En sus sueños roncos, Gun Hawk, el halcón/revólver, lo arrasa todo a su paso. Agarra. Muerde. Gun Hawk, halcón asesino, mata a su adversario antes de morir él mismo. Doc Hollyday suicida, no tiene nada que perder. De todas formas, está condenado. El actor, Rory Calhoun era, en 1963, este halcón criminal, este pájaro negro, este asesino nocturno. En la pantalla, lo vemos literalmente descomponerse, pudrirse, morir. Poco a poco, su rostro se vuelve ojeroso, se va oscureciendo, amarillea. Un último duelo vencedor, un último rictus. En el instante siguiente, está muerto. Edward Ludwig, por su parte, sucumbió más lentamente, más oscuramente. ¿Pero quién dice que sus sueños no eran tan cancerosos, tan suburbiales, tan negros como los suyos?

Louis Skorecki. Libération, 31 de marzo de 1999.

Traducción: Javier Oliva

VIAJE DE IDA A SANTUARIO

La última película del muy escurridizo (buena paradoja, el cine más accesible y “de relleno” de programas dobles en su época es hoy mucho más complicado verlo que el de muchos directores de cinematografías exóticas) Edward Ludwig, ruso de nacimiento como Lewis Milestone, “The Gun Hawk” en 1962, es un western pequeño y cuadrado, nada espectacular, rodado entre capítulos de series para la pequeña pantalla, un destino un tanto inesperado para uno de los más imprevisibles y estimulantes (la antesala de lo apasionante) realizadores del cine americano.

Conozco sólo 14 películas de Ludwig (más o menos un 40% de su obra sonora; las mudas, unas 60, que firmó como Edward I. Luddy, la mayoría supongo que films de dos rollos, no he podido encontrarlos ni sé cuáles se conservan) y todavía no intuyo sus límites. Cada nueva obra que he podido encontrar o cada revisión aportan nuevas cosas.

“The Gun Hawk” llamó la atención en su día de Godard y a él le debemos probablemente que no se haya olvidado del todo este inasible y extraño film, patentemente de estudio, pero tan intenso y elíptico, tan milimétrico dentro de su irrealidad, que acaba acercándose a la excelencia y sin problemas de conciencia de ninguna clase, puede incluirse entre las grandes obras finales del género no “crepusculares” - de calificativo a género a estas alturas - y tan de su época desde el mismo comienzo con la adictiva canción “A searcher for love” (que suena a Frankie Avalon) como rotundamente intemporal.

Ludwig no aprovechó su gran oportunidad para ser famoso. En 1944, “The fighting seabees”, con John Wayne y Susan Hayward cosechó un gran éxito de taquilla, aunque no sea una de sus mejores películas para mi gusto. Su carrera no se relanzó y casi mejor así, porque a partir de ahí están buena parte de las que más me entusiasman (“Wake of the Red Witch”, “Sangaree”, “The blazing forest”, “Jivaro”, que gustaba mucho a Mourlet, poco sospechoso de tener mal gusto y también fan de Dwan y Walsh, los directores más emparentables a primera vista con el estilo de Ludwig, “Caribbean”…) aunque también la muy discutible “Big Jim McLain”, anticomunista o algo parecido, ya no vale la pena dirimirlo, y que estaría bien contraponer a “My son John” de McCarey, del mismo año 1952, para ver las, digamos, diferencias de enfoque.

Como las mejores que hizo (también varias de los 30 y entre ellas la primera que pude ver, la delirante “Adventure in Manhatan”), “The Gun Hawk” necesita al menos dos visionados para detectar qué tiene de extraordinaria.

La verdad es que la historia que cuenta “The Gun Hawk” es realmente buena y profusa, nada anecdótica, pero la depuración - el conocimiento del oficio en suma - es tal, que parece que no haya un solo recurso melodramático usado "apropiadamente".

Salvando las distancias, “The Gun Hawk” es lo que “Red line 7000” de Hawks a su respectivo género, una revitalización que parece pura rutina y una obra romántica - sobre todo sobre la amistad - tan poco al uso (la última media hora es un increíble tour de force lleno de sentimiento, un "derroche" digno de Matarazzo y que evitaría cualquier director para no caer en el ridículo) que casi ni lo parece. La inectulabilidad de los acontecimientos y la mirada del director, atenta y penetrante a la vez que comprensiva y valiente, conducen el ritmo de la película por caminos inimaginables y apenas dejan espacio para la reflexión. Es una continua sorpresa.

Rory Calhoun, que en mi memoria siempre será el gaucho de aquella inolvidable obra maestra de Tourneur, demuestra unos poco alabados recursos expresivos, nunca interpretó tan bien con el gesto corporal, y soporta el peso trágico del pasado y el presente del film, que parece, como todo gran western, que ya empezó a andar un rato antes de que comience la proyección.

En una época de recapitulaciones, últimos fulgores - algunos cegadores -, grandes espectáculos y obras que buscaban caminos, incluso si colaterales, poco transitados (“Two rode together”, “The man who shot Liberty Valance”, “Cheyenne autumn”, “The comancheros”, “How the west was won”, “A distant trumpet”, "The last sunset", "Comanche station", “Rio Conchos”, "Lonely are the brave", "The misfits", "Spencer´s mountain", "Cimarron"...) y también de recién llegados que parecen en retirada desde el debut o dispuestos a negar las formas tradicionales a cualquier precio (“The deadly companions”, “Ride the high country”, "Ride in the whirlwind", "Per un pugno di dollari", "La resa dei conti"...), "The Gun Hawk" resulta una rareza que recupera la ingenuidad fundacional del western mudo y es vitalista por pulso sin resultar desenfadado ni pop. No se enclaustra en espacios cerrados por limitación sino por elección y cuando debe ser secretamente épica y desaforadamente lírica, lo es, sin ambages.

Nada muere en el vasto territorio del western que cubre "The Gun Hawk", todo está condenado a repetirse o, peor aún, a no resolverse a satisfacción de nadie: es un film inconcluso. Surge el nombre de Nicholas Ray al mirar dando un par de pasos atrás para ver mejor y viene a la memoria aquel intento de musical quizá fallido pero hermoso, "The true story of Jesse James". Está ese mismo peligro y falta esa red que sostiene los proyectos bien diseñados. Ludwig no se distinguía precisamente por la ingeniería (de ahí el relativo fracaso de "The fighting seabees"; es una broma), era un cineasta intuitivo, listo, al que no se le notaba la tramoya por irrefrenable empuje antes que por planificación, pero cuando daba en el clavo era concreto y tenía una economía narrativa encomiable.

Prefería, me parece, ser confuso y raro antes que dormirse en los laureles y eso no reparte buenos dividendos cuando se trata de tener una carrera "en condiciones".

Jesús Cortés
1 de diciembre de 2009

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