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Vittorio De Seta 1

DE LA REPETICIÓN
AL RITMO _

Vittorio De Seta

MIÉRCOLES 30 SEP / 20:00h
FILMOTECA DE CANTABRIA

Isole di fuoco (1954)

El fuego del volcán y el trabajo de los hombres parecen formar parte de una misma materia. En Isole di fuoco, Vittorio De Seta observa las islas Eolias como un territorio en constante actividad: pescadores, animales, viento, agua y roca participan de un mismo ciclo. La fuerza del paisaje nunca funciona como simple fondo; determina los ritmos de quienes lo habitan y convierte cada tarea cotidiana en un enfrentamiento silencioso con la naturaleza.

Lu tempu di li pisci spata (1954)

Todo depende de saber esperar. Los pescadores del estrecho de Mesina pasan largas horas atentos al mar, a los movimientos mínimos que anuncian la llegada del pez espada. De Seta encuentra en esa espera una tensión extraordinaria: el trabajo aparece ligado a la observación, al conocimiento acumulado y a una naturaleza que nunca termina de someterse a quien intenta vivir de ella. El documental convierte así una práctica pesquera en una coreografía de cuerpos, embarcaciones y corrientes.

Parabola d'oro (1955)

El oro aparece aquí bajo una forma muy distinta de la riqueza: es el grano que se obtiene del trabajo de la tierra. Parabola d'oro sigue el ciclo agrícola y, con él, una comunidad cuya vida parece todavía organizada alrededor de los ritmos de la cosecha. De Seta no idealiza ese mundo rural; hace visible su dureza, pero también la precisión de los gestos y la dimensión colectiva del trabajo. La tierra no es paisaje: es sustento, tiempo y destino.

Sulfatera (1955)

El paisaje de Sulfatera parece casi infernal. El azufre, el humo, el calor y la oscuridad de las minas crean un mundo en el que el cuerpo humano queda sometido a unas condiciones extremas. De Seta filma el trabajo sin embellecerlo, pero tampoco necesita convertirlo en denuncia explícita: basta con mostrar el esfuerzo físico, la materia y el agotamiento para que aparezca toda la dureza de una forma de vida. La mina termina pareciendo una prolongación brutal de la tierra siciliana.

Contadini del mare (1956)

Aquí la agricultura deja de tener tierra firme. Los hombres viven del mar y, como los campesinos que cultivan un campo, conocen sus ciclos, sus peligros y sus posibilidades. Contadini del mare borra deliberadamente la diferencia entre paisaje y trabajo: remar, recoger, esperar o regresar forman parte de una misma relación con el entorno. De Seta encuentra en esa comunidad una economía elemental en la que la naturaleza no se posee, sino que se aprende a leer.

Pasqua in Sicilia (1956)

Durante la Pascua, el espacio cotidiano se transforma. Las calles, las procesiones, los rostros y los rituales concentran una energía colectiva que permite a De Seta pasar del mundo del trabajo al de la tradición y la celebración. Pero su mirada sigue siendo material: observa los cuerpos, los sonidos, las multitudes y los pequeños gestos que hacen posible la ceremonia. La religión aparece menos como una idea abstracta que como una experiencia compartida, profundamente arraigada en la vida de la comunidad.

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