Jacques Rivette: Scènes de la vie parallèle

Duelle (1976) 

LUNES 29 NOV / 21:30h
CINE LOS ANGELES - SANTANDER

Director: Jacques Rivette
Guión: Jacques Rivette, Eduardo de Gregorio, Marilú Parolini
Fotografía: William Lubtchansky (Color, 35mm, 1:1,85)
Dirección artística: Eric Simon
Montaje: Nicole Lubtchansky, Chris Tullio-Altan
Música: Jean Wiener
Reparto: Juliet Berto, Bulle Ogier, Jean Babilée, Nicole García, Claire Nadeau, Hermine Karagheuz, Elisabeth Wiener, Jean Wiener
Productora: Sunchild Productions, Les Productions Jacques Roitfeld, Institut National de l'Audiovisuel (Francia)
Duración: 121 min.
Formato de proyección: DCP (copia restaurada)

*Presentación: Santos Díaz

El cine de Jacques Rivette en los años 70

“Pasaron diez años entre Out 1 y Merry-Go-Round, en los que yo ya no tenía ganas de hacer películas que estuvieran conectadas, directa o indirectamente, con la realidad sociológica de la Francia de aquella época, los años 70. Creo que no era el único. Después de 1968, había por una parte personas que se sumieron en los movimientos de izquierdas o de extrema derecha, y por otra parte personas que tuvieron una reacción de desinterés ‒como yo, que no tenía ganas de hablar de esto en mis películas. Céline et Julie vont en bateau, Duelle, Noroît, Merry-Go-Round, son películas que coquetean ante todo con la ficción, que quieren separarse del realismo. La idea era liberar a la ficción respecto al contexto realista, social, de la época.” (Jacques Rivette)

A comienzos de los años 70, Jacques Rivette se lanza a la realización de películas-río: Out 1: noli me tangere, obra total de doce horas y cuarenta minutos, y su versión “corta” de cuatro horas y media, Out 1: Spectre; luego Céline et Julie vont en bateau, de tres horas y cuarto. En 1975, el cineasta decide rodar una tetralogía titulada Les Filles du feu (Las hijas del fuego), título tomado de Gérard de Nerval y que finalmente abandonó por el más balzaquiano de Scènes de la vie parallèle (Escenas de la vida paralela), en particular de L’Histoire des Treize (La historia de los trece): “Tenían los pies en todos los salones, la cabeza en todos los cojines, los brazos en todos los baúles” (cita de Balzac). Para filmar estas historias influidas por la mitología y centradas en personajes femeninos fuertes, opta por un nuevo método: las cuatro películas debían rodarse en continuidad y encadenarse unas a otras; el montaje solo empezaría tras la finalización de todas. Por razones prácticas, el orden de rodaje se modificó: 2, 3, 1, 4. Rivette se ocupa por tanto de los opus 2 y 3, Duelle y Noroît, entre marzo y mayo de 1975. Durante el tercer rodaje, una historia de amor entre un mortal y un fantasma, interpretados respectivamente por Albert Finney y Leslie Caron, el cineasta interrumpió la filmación, no por razones físicas o psicológicas, como se ha dicho aquí y allá, sino por motivos que siguen inexplicados. Abandonó así su proyecto de tetralogía ‒la última película debía ser una comedia musical con Anna Karina en el papel principal. 

Duelle

“Para mí el contrato que supone pagar por una butaca en el cine implica, como contraprestación, el acceso a otro mundo ‒pero esta es tal vez una concepción del cine que procede de un sueño infantil.” (Jacques Rivette)

Viva y Leni, hijas del sol y de la luna, ansían poseer una piedra mágica que les haría permanecer en la tierra y perder su inmortalidad. Por ella, ambas se enfrentan en París, implicando a varios seres humanos en su combate: Lucie, recepcionista en un hotel, su hermano Pierre, acróbata, y Elsa/Jeanne, que vende las entradas en una sala de baile.

Duelle, subtitulada Une quarantaine (Una cuarentena), era originalmente el segundo episodio de la tetralogía Scènes de la vie parallèle, y será finalmente el único filmado junto con Noroît. El realizador Jacques Rivette vuelve a encontrarse aquí con su equipo habitual: el productor Stéphane Tchal Gadjieff, las actrices Bulle Ogier, Juliette Berto y Hermine Karagheuz, y la montadora Nicole Lubtchansky, acompañada de su marido, el gran operador William Lubtchansky, que se convertirá a partir de entonces en colaborador fiel de Rivette. Siguiendo un método contrario al de Out 1, su gran obra de casi trece horas de duración basada en “la improvisación salvaje”, las 27 secuencias que componen Duelle han sido bosquejadas previamente, y los diálogos escritos al menos unas horas (o minutos) antes del rodaje para que los actores tuvieran tiempo de memorizar sus frases ‒solo las partes musicales serán totalmente improvisadas, e interpretadas en vivo por los músicos presentes en la pantalla. Con una estética que recupera los códigos del film noir (con Jacques Tourneur y Howard Hawks a la cabeza) y una intriga hecha de pistas falsas y enigmas no resueltos, Duelle es una película absolutamente atípica, en la que lo real se mezcla con lo imaginario, y lo fantástico toma siempre forma humana. Además, Rivette proporciona a sus actrices unos personajes formidables de mujeres misteriosas, filmadas entre la luz y la sombra, anticipando la obra de un futuro gran cineasta, el americano David Lynch.

“Segundo largometraje de las cuatro partes que habrían de componer las Scènes de la Vie Parallèle de Jacques Rivette, Duelle fue de hecho el primero en ser completado. Como todas las películas del proyecto de serie, abarca el periodo del “Carnaval” entre la última luna nueva de invierno y la primera luna llena de primavera: el único momento en que las diosas pueden aparecerse en la Tierra y trabar relación con los mortales. Estas diosas se dividen entre espectros lunares y hadas solares; en Duelle encontramos a un espectro (Juliet Berto) y a un hada (Bulle Ogier) en pugna por la posesión de un diamante que puede hacerlas permanecer en la Tierra pasada su cuota de cuarenta días. Duelle tiene por título una palabra inexistente (forma femenina de un nombre masculino), y un mito imaginario como punto de partida; y se define deliberadamente a través de contradicciones y enfrentamientos, manteniendo un desequilibrio perpetuo entre elementos que a un tiempo cortejan y rechazan a las reconfortantes simetrías de la narración “clásica”. Puede interpretarse como otra crítica de Rivette sobre el proceso mismo de ir al cine –-una situación en la que unos mortales (espectadores) asumen las vidas de diosas (estrellas) y viceversa, por medio de un diamante “trascendental” que cumple todos los deseos.”

Jonathan Rosenbaum.
Nota de programa para el London Film Festival (1976)

Traducción del texto: Javier Oliva