Cineinfinito: «Série noire»

Cuestiones de estilo(s)

Los historiadores del cine, dependiendo de su origen estadounidense, europeo o asiático, dan distintas definiciones del cine negro.

Algunos lo consideran el brusco revelador de la otra cara de los espejismos del sueño americano y otros piensan que esta forma de cine amalgama las complejidades del alma humana en todas las circunstancias y en todos los países del mundo. Unos rechazan las producciones que no tratan de una época contemporánea del rodaje y otros incluyen obras que se desarrollan en el pasado o incluso en el futuro. Muchos escriben que sólo forman parte de este grupo las películas en blanco y negro y otros no dudan en incluir las obras filmadas en color. Unos lo limitan a las producciones rodadas en interiores urbanos, mientras que otros lo amplían a obras situadas en el medio rural. Finalmente, unos consideran que esta cate-goda singular dejó de existir desde finales de los años cincuenta y otros más consideran que la industria cinematográfica nunca ha dejado de producirlas, para el cine o para la televisión.

Estas contradicciones de catalogación se deben a que la denominación film noir («cine negro») —que no debemos confundir con las Black Movies producidas desde 1911 y destinadas al público afroamericano— es un término inventado por los franceses que sirve de referencia a los estudiantes anglosajones (desde finales de los años sesenta) para identificar un ciclo de películas rodadas en Hollywood entre 1944 y 1959. Descansan asimismo en el hecho de que el cine negro no es un «género» específico, como lo son el western o la comedia musical. Tampoco es un movimiento artístico, como lo fueron el neorrealismo italiano, la Nouvelle Vague francesa, el Cinema Nuovo o el Free Cinema británico. De hecho, no desarrolla ninguna plataforma teórica.

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Aunque autores incuestionables (Samuel Fuller, Fritz Lang, Orson Welles) han rodado obras maestras en la materia, directores mucho menos dotados que estos maestros han firmado también algunos logros. Es como si esta forma de cine dotara de talento a los que se acercan a ella, talento que pierden al pasar a la comedia o al western.

Todos los grandes estudios americanos han producido películas de este tipo, explotando los conceptos formales y temáticos que constituyen su fuerza, sin lograr magnificarlos a pesar de la presencia de estrellas y enormes presupuestos. En cambio, las joyas de la serie B fueron rodadas por pequeñas compañías independientes que obligaban a los directores a obtener un producto original en condiciones económicamente miserables. En cuanto a la estética fotográfica de estas películas, es demasiado variada como para que pueda servir de signo de identidad. Artistas como John Alton, George Barnes, George E. Diskant, Ernest Laszlo o Nicholas Musuraca fusionaron admirablemente su estilo con esta corriente, pero también algunos directores de fotografía con mucho menos talento esculpieron a veces imágenes fascinantes y sublimes.

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En el cine negro, las sombras y luces persiguen a unos seres que se debaten en un no man’s land funerario. Encontramos un ceremonial de iniciación durante el cual el espectador cruza el espejo de la ficción y ve cómo sus propios demonios salen a su encuentro. La realidad y el sueño se entremezclan en una esquizofrenia atávica reveladora de la naturaleza humana.

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Una película «negra» nunca se reconoce por una temática precisa, unos personajes recurrentes, el cuerpo ideológico del discurso o unos juegos iconográficos. Su identidad reside en la elección de una actitud de artista, es decir, en la forma de contemplar y de mostrar la materia que se va a filmar, abriendo a un tiempo el imaginario del espectador a climas oníricos, al realismo social o a consideraciones ideológicas.

El cine negro es una nebulosa.

Para delimitarla, debemos evocar un inconsciente colectivo que favorece, en un periodo dado, la sublimación de algunos temas gracias a la ambigüedad que genera la pérdida de identidad.

El resultado son unas imágenes diversas pero magnificadas por una poética de la angustia en las que lo gestual, el encuadre, la fotografía y el ritmo del montaje van más allá de una perspectiva particular de la violencia física y moral para producir una sensación singular de malestar.

Noël SimsoloEl cine negro. Alianza Editorial.
Traducción: Alicia Martorell Linares


Proyecciones «Série noire»:

→ Cineinfinito #273: «Série noire» Guilty Bystander (1950)
→ Cineinfinito #274: «Série noire» The Guilty (1947)
→ Cineinfinito #275: «Série noire» High Tide (1947)
→ Cineinfinito #276: «Série noire» The Girl on the Bridge (1951)
→ Cineinfinito #277: «Série noire» Bait (1954)
→ Cineinfinito #278: «Série noire» The Window (1949)
→ Cineinfinito #279: «Série noire» Street of Chance (1942)
→ Cineinfinito #280: «Série noire» Black Angel (1946)
→ Cineinfinito #281: «Série noire» I Wouldn’t Be in Your Shoes (1948)
→ Cineinfinito #282: «Série noire» Nightfall (1956)